La Unión Europea, como Trump, opta por el cierre de fronteras

Inmigrantes. / Pixabay
Inmigrantes. / Pixabay
España ha delegado en los dirigentes de la Unión Europea sin que se haya producido debate político alguno. Como siempre, los temas domésticos dominan la política española.
La Unión Europea, como Trump, opta por el cierre de fronteras

Para que no hubiese dudas, esta semana la Presidenta de la Comisión de la Unión Europea, junto con sus homólogos del Parlamento y del Consejo, se ha desplazado a Grecia para reforzar la actitud de cierre de fronteras no solo a emigrantes sino a peticionarios de asilo.

Con inusual claridad han dicho al Gobierno griego que son “el escudo de Europa”. Lo que se traduce en escenas dantescas en la frontera y en los mares, con guardacostas frenando a las embarcaciones de fortuna con las que aquellos intentan pisar tierra europea, con el refuerzo de paramilitares de extrema derecha en Lesbos, con la expulsión de periodistas, y con gran violencia en la verja que separa Grecia de Turquía. Gases lacrimógenos, cañones de agua, y, dicen los periodistas, balas. Tanto quejarse de Donald Trump y el muro con México para descubrir que somos parte del juego, como demuestran las tres principales autoridades de la Unión, que a todos representan. Lo cual quiere decir, como ha ratificado la reciente sentencia judicial, que las expulsiones en caliente, es decir, instantáneas, continuarán, en Grecia y en España. Que las fronteras se han cerrado porque el desacuerdo entre los países europeos es absoluto.

Durante una década se han pagado seis mil millones de euros a Turquía para contener en sus fronteras a cuatro millones de refugiados. Ahora Turquía, con varios frentes abiertos, eleva el precio de su colaboración. De momento lanzando a decenas de miles de personas contra la frontera, asegurándose de que esas imágenes, convenientemente filtradas, llegan a los televisores de toda Europa mientras nuestros aburguesados ciudadanos comen plácidamente. Lo que no puede ganar frente a Rusia en Siria, lo intenta a través de la mediación europea.

Cabe preguntarse por la actuación de Europa durante la década en la que Erdogan controlaba la situación a cambio de ejercer de cancerbero. Anualmente la Unión Europea dedica unos 9.000 millones de euros a la acción exterior, de las que alrededor de un 10% van dirigidas a proyectos humanitarios. Desconocemos las evaluaciones correspondientes, pero es evidente que no están logrando su objetivo. La crisis migratoria no solamente está siendo inabarcable sino que ha modificado la respuesta de los ciudadanos en muchos países.

Las soluciones simplistas no existen. Permitir la llegada masiva e indiscriminada de millones de personas no es posible, no existe capacidad de acogida social ni laboral. Lo saben bien en Alemania, donde la generosa acogida de hace un lustro ha provocado un vuelco electoral en favor de posiciones radicales. Una política selectiva por cupos o mediante otros filtros, no goza del consenso suficiente. Ante el temor y la diferencia de criterios se opta por la solución más fácil, la policía de fronteras, sabiendo que es sólo una forma de aplazar el problema.

Parece que conviviremos con el problema mucho tiempo y que la solución pasa por políticas más intensas con los países de origen. Y necesariamente por un mayor grado de consenso político. Mientras la emigración sea argumento electoral, es obvio que no habrá solución posible. En España hemos delegado en los dirigentes de la Unión sin que se haya producido debate político alguno. Como siempre, los temas domésticos dominan la política española. @mundiario

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