Trump deja un campo minado a Biden en la política exterior de EE UU

El presidente electo de EE UU, Joe Biden (izq.) junto a quien será su secretario de Estado, Anthony Blinken, cuando ambos formaban parte del Gobierno de Barack Obama. / ABC News
El presidente electo de EE UU, Joe Biden (izq.) junto a quien será su secretario de Estado, Anthony Blinken, cuando ambos formaban parte del Gobierno de Barack Obama. / ABC News
Las sanciones de Trump sobre Irán, Cuba y China ponen al Estados Unidos de Joe Biden cerca de una escalada de tensiones nucleares, diplomáticas y geopolíticas a nivel mundial.
Trump deja un campo minado a Biden en la política exterior de EE UU

La presión norteamericana no cesa desde el 2017. Como era de esperarse viniendo de una figura política, o mejor dicho, antipolítica, tan resaltante y poco convencional como el presidente saliente de Estados Unidos, Donald Trump, la posición de la mayor potencia mundial con respecto a los principales conflictos a gran escala del planeta está hoy más debilitada que nunca debido a la política exterior hostil que el mandatario republicano adoptó en sus cuatro años de gobierno hacia las zonas bélicas del Medio Oriente y los regímenes totalitarios de Occidente. El presidente electo, Joe Biden, tendrá el reto de evitar que la gravedad de las sanciones actuales de Washington sobre esos países amenacen la seguridad nacional de Estados Unidos, lo que a largo plazo, es una amenaza para todo su hemisferio. 

Trump no quiere irse de la Casa Blanca sin dejar un mensaje contundente que, probablemente, sea la única premisa positiva de su oscuro legado: los regímenes autoritarios del mundo no pueden ser aceptados. El problema es que su Administración se encargó de presionarlos sin tratar de contener su expansión en sus regiones de influencia. Por ejemplo; Cuba sigue ayudado al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela a mantenerse en el poder, Irán sigue adelante con sus planes de construir una bomba nuclear, Yemen se estanca cada vez más como una sangrienta zona de guerra y China no deja de controlar a su antojo a las pequeñas naciones que considera sus ‘satélites’ en el Asia meridional.

En tan solo una semana y media, el secretario de Estado saliente de EE UU, Mike Pompeo, anunció cuatro medidas que se la pondrán verdaderamente difícil a su sucesor, Anthony Blinken, para que este pueda hacer de la diplomacia y no de la fuerza internacional la principal arma estratégica de la Administración Biden. Esos últimos shocks antidiplomáticos de Trump fueron la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo; la declaración de los rebeldes Huthis de Yemen como organización terrorista, el levantamiento de restricciones a los contactos diplomáticos con Taiwán y la arriesgada denuncia -según Pompeo, pues no hay pruebas al respecto- de que Irán sirve como base de operaciones de Al Qaeda, el grupo terrorista de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York.

Pero, ¿cómo esas medidas de Trump crean una bomba de tiempo diplomática y geopolítica que, en lugar de rebajar las tensiones que sacuden al mundo actualmente, atizan el fuego de una serie de conflictos que amenazan la ya dañada estabilidad de las poblaciones de esos países?


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Cuba

En un claro intento por crear las condiciones para que dañar aun más la reputación del Gobierno cubano, la inclusión de la isla en la lista de países patrocinadores del terrorismo echa leña al fuego del radicalismo de los sectores políticos de ultraderecha representados en el exilio cubano en Florida, especialmente en Miami (EE UU), así como también genera desconfianza en los inversores extranjeros, sobre todo de la industria turística y hotelera, para colocar sus capitales en el amplio mercado cubano, lo cual perjudica aun más la asfixiante situación económica de un régimen que busca dólares a como dé lugar para financiar su permanencia en el poder, cubrir las reformas monetarias internas y evitar que la población caiga en un estado de pobreza más agudo que amenace con un estallido social sin precedentes en la historia de cuba desde la revolución comunista de Fidel Castro. Además, esa decisión impone un obstáculo enorme al intento de acercamiento con La Habana que Biden podría diseñar siguiendo la diplomática del expresidente Barack Obama.

Taiwán

El restablecimiento de relaciones diplomáticas con Taiwán es una estrategia de Washington para provocar a China reconociendo la soberanía de esa isla asiática, que Pekín controla como un territorio anexado o asociado a la jurisdicción de su régimen comunista, encabezado por el presidente Xi Jinping. Donald Trump se encargó de transmitirle al gigante asiático que Estados Unidos mantendrá relaciones diplomáticas y comerciales con sus rivales en la región para expandir la influencia económica, militar y geopolítica norteamericana en el continente sin importar la expansión de Pekín y su alianza con el peligroso régimen totalitario de Kim Jong-Un en Corea del Norte, que cada vez se posiciona más como una potencial amenaza nuclear para el mundo con sus misiles y su bomba atómica. 

Irán

Señalar a Teherán como el brazo militar de uno de los grupos terroristas más peligrosos de la historia, Al Qaeda, podría motivar al régimen iraní a no aceptar una negociación de restablecimiento del Acuerdo Nuclear firmado en 2015, del que Trump sacó a EE UU en 2018, hasta que Biden revierta algunas sanciones económicas-comerciales y se retracte en la posición diplomática de Washington sobre esa denuncia de cooperación con el terrorismo internacional, pues por ese y otros motivos, Irán también forma parte de la lista negra de la Casa Blanca de países que apoyan actividades terroristas. 

Yemen

Declarar a los rebeldes Hutíes de Yemen como una organización terrorista da alas a Arabia Saudita para intensificar sus ataques contra ese país e incrementar su presión militar, económica y política sobre el Gobierno yemení para neutralizar su radio de acción a fin de que los Hutíes pierdan terreno. En medio de ese conflicto, si la medida se mantiene por parte de Washington y Biden no la revierte, Riad tendrá pista libre para seguir atacando y continuaría el período de descomposición social con las muertes de civiles que sufren los ataques militares sauditas y la contraofensiva paramilitar del grupo terrorista hutí. 

La posición de Estados Unidos sigue siendo altamente volátil gracias al cóctel explosivo que Trump creó y que ahora Biden deberá intentar desactivar antes de que se genere una espiral de tensiones en esas distintas zonas del mundo. Washington tendrá que evitar la expansión del totalitarismo y de un estado de guerra o de escalada de tensiones militares por parte de sus rivales en la escena mundial. @mundiario

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