El Tramabús es un ejemplo más del esperpento político al que asistimos cada día

El Tramabús de Podemos.
El Tramabús de Podemos.

El autobús que se paseó por Madrid denunciando la corrupción en España demuestra la carencia de acción política en algunos sectores de Podemos.

El Tramabús es un ejemplo más del esperpento político al que asistimos cada día

No voy a irritarme esta vez. Pero duele ver que un autobús, parodiando el recurso del de Hazte Oír, se pasee por Madrid dando voces contra imputados y corruptos.

Ya dije hace tiempo que los líderes de Podemos olvidaron la calle. La calle no son las manifestaciones, las protestas o las sentadas. La calle es algo más singular y menos evocador, algo parecido a que cierren las empresas y los comercios, y que los alumnos sigan en aulas prefabricadas, o que los hospitales se saturen con listas de espera donde la gente se juega la vida.

Sé de muy buena tinta que hay concejales de Podemos y de plataformas ciudadanas que están luchando en muchos municipios por mejorar las cosas, pero el Tramabús tira por tierra todo eso. Las próximas elecciones me darán la razón.

La política es imagen desde la Antigua Roma y no hay peor cosa que demostrar a tus votantes que uno se puede permitir el lujo de perder el tiempo en esta clase de puestas en escena.

Solo pienso en las horas de reunión que se habrán invertido para promover la idea y llevarla a cabo.

Yo no tengo tiempo para ser de esa izquierda del Tramabús y los del Tramabús no son más de izquierda que yo, entre otras cosas, porque yo tengo cuarenta alumnos en algunas clases y me congelaron el sueldo hace varios años. Sé también lo que es impartir mis lecciones en un aula con paredes forradas de aluminio, sin calefacción y sin aire acondicionado, un año, y otro, y otro. Algunos de mis compañeros docentes dejaron la enseñanza, hartos de esperar en bolsas de interinidad y de que no se convocaran oposiciones.

Yo no tengo tiempo para tramabuses ni para reivindicaciones de Aragón o de Galicia independientes. Tengo dos hijos pequeños a los que les espera un futuro de mierda, por culpa de los corruptos y porque había gente que confiaba en que se podían cambiar las cosas. Pero ahora nos encontramos con el Tramabús.

Yo no tengo tiempo para perderlo en esas grandes medidas de acción social. Si frivolizamos con la corrupción, la corrupción se convierte en esperpento y los esperpentos son caducos y efímeros, a no ser que te llames Valle-Inclán.

El Tramabús hace de la corrupción un atractivo paisajístico. Me da miedo y siento pena. El rol de algunos líderes de Podemos se encuentra en una clase de limbo político donde el lujo de perder el tiempo es consentido, como lo han perdido los partidos de la casta a lo largo de estos años.

Alguien debe reaccionar desde dentro, alguien, además de Errejón. En la bohemia también hay luces...

El Tramabús es un ejemplo más del esperpento político al que asistimos cada día
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