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Torra desespera a ERC y el partido empieza a explorar sus propias vías

La agrupación camina por su propia cuenta aunque sin dar ningún paso definitivo y podría estar esperando el 10-N para soltarse de Junts per Catalunya.
Torra desespera a ERC y el partido empieza a explorar sus propias vías
Presidente del Parlament de Cataluña, Roger Torrent. / @parlamentcat (Twitter)
Presidente del Parlament de Cataluña, Roger Torrent. / @parlamentcat (Twitter)

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Héctor Antonio Morales

Héctor Antonio Morales

El autor, HÉCTOR ANTONIO MORALES, es colaborador de MUNDIARIO. Se formó en la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. @mundiario

La sentencia condenatoria del Tribunal Supremo contra los líderes del procés ha dejado al independentismo en paños menores. Sin un claro mensaje político, sin líderes capaces de frenar el fuego cruzado y con las tensiones precipitadas a cada intervención o comparecencia, los independentistas corren por todos lados sin un destino claro mientras la situación termina de rebalsar a Cataluña.

La grieta entre los dos grandes partidos separatistas, Junts per Catalunya y Esquerra Republicana, es ya alarmante. Las protestas que han empañado a la autonomía en estos últimos días ha dejado en evidencia que los primeros no moverán un dedo sin que su líder huido en Bélgica Carles Puigdemont lo ordene; los segundos, en cambio, han reaccionado de forma tibia ante el caos pues están más pendientes de que se convoquen nuevas elecciones y, en ellas, esperar a que los resultados les permitan soltarse de sus socios de toda la vida. Ya el miércoles de la semana pasada la bomba estuvo a punto de estallar, cuando ERC amenazó con retitarse del Govern si éste despedía a Miquel Buch, conseller de Interior, por las cargas de los Mossos. Si bien todo quedó en un amenaza, la posición de los republicanos ha sido desnudada, y de hecho el partido habría pedido explicaciones al conseller por las cargas de la policía autonómica, las cuales ha considerado como desproporcionadas, pero tampoco quieren que su cabeza ruede.

“Estamos como en octubre de 2017. Es como si estos dos años no hubieran existido. Como si acabáramos de proclamar la república catalana y puesto en marcha las movilizaciones en las calles: lo que ha sucedido esta semana pasada es lo que podría haber pasado hace dos años si la independencia no hubiera sido fake”, cita El País a un exdirigente de la antigua Convergència. “Si la gente tiene que optar entre el original, la CUP, y la copia, JxCat, elegirá el original”, prosigue. A estas alturas, lo más cercano al discurso de Puigdemont lo pronuncia precisamente la CUP por negarse a condenar las manifestaciones con desenlaces violentos y su deliberado apoyo a los Comités de Defensa de la República (CDR) y al Tsunami Democràtic.

Por si la lenta transformación hacia una copia de Annonymous no fuera suficiente, a la seguidilla de manifestaciones sin un líder visible se le unen las penas de prisión para los líderes políticos independentistas y la radicalización más joven del independentismo, explica El País, que en casi un estornudo pasó de ver la proclamación de independencia como algo real a volver a verlo como algo inalcanzable. Otra vez.

La paz se da por finalizada en la comunidad. Si el 20 de septiembre de 2017 Jordi Sànchez y Jordi Cuixart lograron enviar pacíficamente a los manifestantes que se congregaron frente al Departamento de Economía en aquella fecha, ahora quienes intentan evitar la violencia son reprendidos. Para prueba de ello nada menos que Gabriel Rufián, líder de ERC en el Congreso nacional, quien fue recibido con gritos de "traidor" en Cataluña la semana pasada.

El PSC observa toda la situación con escepticismo mientras Ada Colau se frota las manos. Colau, quien no estuvo en el cónclave de Torra con los alcaldes de Lleida Tarragona y Girona el sábado pasado pese a haber sido invocada, estuvo en una reunión con Roger Torrent, jefe del Parlament e integrante de ERC, y con asociaciones de vecinos, entidades del Tercer Sector, Círculo de Economía, CC OO y UGT, así como las patronales de Fomento del Trabajo y Pimec a fin de "buscar una solución al conflicto". Aquello ha dejado muy debilitada la imagen de Torrent y de Junts per Catalunya. En el independentismo hay quienes intentan encontrar una salida a la presión social, pero sin éxito. Este mismo domingo, Oriol Junqueras, jefe de los republicanos, explicó a El Periódico que los suyos deben "buscar alianzas más allá del independentismo sin renunciar a las actuales" y agrega que "trabar mayorías más amplias no significa necesariamente gobernar juntos".

A la espera de las elecciones

Los republicanos si bien avanzan, lo hacen lentamente y sin salirse de la línea. Algo que en el partido de Ada Colau se agradece de corazón, en tanto el PSC cree que la única salida son las elecciones del 10 de noviembre. "Nada se arreglará hasta las elecciones generales del 10 de noviembre", cita El País a sus fuentes en el socialismo catalán, que cree que si ERC estuviera por la labor, ya hubiera conseguido adelantar los comicios en la autonomía. Como sea, en Cataluña todos, no solo los soberanistas, esperan que el Gobierno central meta las manos.

Para rematar todo, Torra mismo deberá presentarse ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña el 18 de noviembre por desobediencia y eso podría desembocar en una sentencia de inhabilitación. Antes de eso, el 29 de octubre, Carles Puigdemont recibirá la notificación de si es extraditado o no de Bélgica. @mundiario