Todos los totalitarismos se creen dueños del espacio publico

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El espacio público es de todos. / RR SS

Entienden que son los propietarios del espacio público, donde los demás, si existen, no tienen derecho a manifestarse ni a estar presentes.

Todos los totalitarismos se creen dueños del espacio publico

Todos los totalitarismos, sea el fascismo o el comunismo soviético y sus hijuelas, tienen el mismo objetivo, la conquista del Estado, y no del poder, como se supone que pretenden los partidos democráticos en pugna con otras ideologías, y por lo tanto entienden que son los dueños del espacio público, donde los demás si existen no tienen derecho a manifestarse.

Lo hemos visto en el País Vasco, donde la izquierda radical entiende que es una provocación que cualquier otro partido intente celebrar un mitin o manifestar su presencia en el mismo lugar donde se celebran homenajes públicos a los pistoleros de ETA cuando salen de la cárcel. Ciertamente, más que una provocación, intentar manifestarse en el feudo de Bildu-ETA o de Podemos o de los antisistema o de cualquier formación de izquierda radical, más que una provocación diría yo que es una imprudencia.

Pero esa es la cuestión. La calle es de todos, y mal va la cosa si aceptamos que no lo sea, de modo que el libre derecho de manifestación y la libertad de expresión que tanto se invoca está limitada o restringida en cualquier lugar del territorio nacional por las razones que sea. En este caso, desde una cierta perspectiva se puede aplicar el criterio de “costo y rendimiento”; es decir, si vale la pena correr ciertos riesgos.

El deber de protección del Estado

Pero ahí entra en escena otro factor, el Estado, que tiene el deber de proteger y garantizar por igual la libre concurrencia en el espacio público de todos los partidos albergados dentro del propio Estado de Derecho, léase, la Constitución. Sentado lo cual, es el Ministerio del Interior quien tiene asignada la misión de que cualquier ciudadano o partido legalmente reconocido pueda llevar a cabo actos de concurrencia o propaganda, debidamente comunicados y, si es necesario, autorizados, en cualquier lugar del mapa de España e islas de los archipiélagos y plazas de soberanía, que es como se decía antes.

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Agresión a un policía.

Algunas imágenes que anotan la falta de respeto a las fuerzas del orden, que, en nombre del Estado, llegado el caso, tienen la plena capacidad de ejercer la violencia para evitar la violencia, evidencian que hay un sector del vecindario de la política que es el primer factor de desestabilización y no tiene otras, ni otros límites, que los que ellos mismos trazan e imponen, como administradores del espacio público, del que parece haberse retirado aquél. Y eso es lo que no se puede permitir.

En nuestros días, como ya fue en el pasado, el fascismo se manifiesta bajo diversas etiquetas. Pero el fascismo, sea de una u otra moda siempre es el mismo, simplemente fascismo. @mundiario

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