¿Tiene sentido que Rajoy utilice con Rivera el tono prepotente que usa con Sánchez?

Albert Rivera y Mariano Rajoy.
Albert Rivera y Mariano Rajoy.

A los políticos habría que decirles que antes de pensar en su porvenir lo hagan en el de tantas personas como se acercaron a las urnas el 20-D en busca de una etapa nueva, de soluciones más humanas.

¿Tiene sentido que Rajoy utilice con Rivera el tono prepotente que usa con Sánchez?

Cuando se apagaron las luces del hemiciclo a Pedro Sánchez le quedó un sabor agridulce. El del deber cumplido pero también el de no haber conseguido la abstención de Podemos, sus rivales más feroces e implacables, debido a que estos intentan obtener con su derrota el mayor número posible de votos en el hipotético caso de que tengamos que ir a nuevas elecciones. Un electorado que estoy convencida estará ahora más desconcertado y dubitativo que antes del 20-D. Convencidos como estaban de que la formación de un gobierno de izquierdas no era una quimera y si una posibilidad cierta. No ha podido ser. El ego de Pablo Iglesias, su resentimiento hacía el socialismo, sus insultos inaceptables hacia la labor de Felipe González, viniendo de un líder joven que basa su éxito en lo nuevo contra lo viejo, van a hacer muy difícil cualquier tipo de acercamiento futuro entre ambas formaciones.

Hacer predicciones sobre lo que nos deparará la política después de lo que visto y escuchado a lo largo de estas semanas dentro y fuera del Parlamento, es arriesgado. No solo porque Podemos le niegue el salvoconducto a Sánchez, también porque el PP está enrocado en su tesis de que siendo el más votado es a ellos a quienes toca gobernar, de no ser así están dispuesto a impedir que cualquier otro pueda sustituirle en la Moncloa.

Nadie le niega a Rajoy su derecho a formar gobierno, pero la realidad es que no ha querido ni siquiera intentarlo, ni con el PSOE ni con Ciudadanos. ¿La razón? Pura estrategia, convencidos como están de que si hay nuevas elecciones se harán con el voto de Rivera. Una suposición que después del debate de investidura no está tan clara, ya que las urnas las carga el diablo. Y la gente siente debilidad por quién habiéndolo intentado no lo ha conseguido.

Rajoy debería saber que en una democracia parlamentaria gobierna el que tiene mayor capacidad de diálogo. Algo por lo que no se distingue el PP, entre otras razones porque no lo ha necesitado hasta ahora. De ahí el tono faltón y prepotente de Mariano Rajoy cuando se dirigía a Sánchez, que no es nuevo, pero que sorprendentemente también utilizó con Albert Rivera, su única tabla de salvación. A Rivera le culpa de haber perdido más de tres millones y medio de votos, sin darse cuenta de que muchos de los que dejaron de seguirle es porque no le perdonan el grado de corrupción al que han llegado durante sus años de gobierno, y por su insensibilidad hacía aquellos que han sufrido unos recortes que les tienen al borde de la asfixia , si no en la desesperanza total.

Dice Albert Rivera, líder de Ciudadanos y el único que podría abrirle las puertas de la Moncloa al actual presidente del Gobierno en funciones que: "Rajoy me negó la palabra, con lo que ha roto todos los puentes". Así las cosas a los políticos habría que decirles que antes de pensar en su porvenir lo hagan en el de tantas personas como se acercaron a las urnas el 20-D en busca de una etapa nueva, de soluciones más humanas a los graves problemas que nos aquejan, evitando las líneas rojas y luchando porque el mayor número posible de ciudadanos salgan con dignidad de la crisis. Y si para conseguirlo tienen que renunciar a postulados ideológicos que lo hagan, porque como bien ha dicho Manuela Carmena "lo peor que nos puede pasar a los españoles es una repetición de las elecciones".

¿Tiene sentido que Rajoy utilice con Rivera el tono prepotente que usa con Sánchez?
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