¿Tempestad sobre Washington?

Capitolio de Washington, capital de EE UU. / viajarwashington.com
Capitolio de Washington, capital de EE UU. / viajarwashington.com
El presidente demócrata Joe Biden tendrá que tener vocación pactista en su relación con el Senado, que controla el presupuesto.
¿Tempestad sobre Washington?

En 1962 –tiempos de JFK en la Casa Blanca–, Otto Preminger rodó una obra maestra del género político, Tempestad sobre Washington, basa­da en una novela de Allen Drury que ahondaba en los entresijos de la política parlamentaria norteameri­cana, y que mereció el premio Pulitzer. Hayes, el guio­nista, ya había hecho para Preminger la adaptación de la extraordinaria Anatomía de un asesinato (1959).

Acostumbrado a no admitir órdenes sobre su modo de dirigir y a desafiar la censura y el código Hays impe­rante en Hollywood, Otto Preminger no dudó en afrontar en Tempestad sobre Washington  dos temas poco usuales en aquel entonces: la corrupción política de EE UU y la homosexualidad.

El argumento de Tempes­tad sobre Washington trata la controversia generada cuando el presidente de los Estados Unidos elige a Robert Le­ffingwell (Henry Fonda) como candidato a se­cre­ta­rio de Estado. Sus ideas pacifistas despiertan suspica­cias entre algunos miembros del Senado que temen la injerencia de doctrinas comunistas. Para evitarlo, se constituye una comisión que investiga su pasado.

Realmente, Tempes­tad sobre Washington es un clásico que trasciende las ba­rreras de tiempo y espacio. En él podemos reconocer las deficiencias de los regímenes parlamentarios ac­tuales de muchos países de Occidente.

¿Una presidencia demócrata y un Senado republicano?

Siempre que hay elecciones presidenciales en los EE UU la mayoría de la gente centra su atención en quien alcanzará la presidencia. Y este año con mayor motivo por la singularidad que imprimió el candidato republicano a su gestión y a su campaña, por sus excéntricas manifestaciones. Era lógico por lo tanto que la atención mundial se centrase en el resultado presidencial, al imponerse la idea de que el presidente Trump tenía maneras de gobernar que dañan el buen sistema democrático de los EE UU, de ahí tantas simpatías por el candidato demócrata Joe Biden, por fortuna el nuevo presidente de los EEUU.

Pero esa situación resta atención a otras dos batallas electorales se han dado en paralelo: las que definen quién controlará las cámaras del Congreso: el Senado y la Cámara de Representantes, cuyos miembros que representan un distrito congresual al que sirven por un bienio. ​Como ocurre cada dos años, en los comicios de este 3 de noviembre también estuvieron en disputa los 435 escaños de la Cámara de Representantes y un tercio de los 100 escaños del Senado. Y como quede conformado el poder legislativo dependerá en gran medida el margen de maniobra que tendrá para gobernar  el demócrata Joe Biden. Eso es así porque cuando los padres fundadores crearon el Congreso, la Presidencia y los tribunales de Justicia buscaron que ninguna de estas tres ramas de gobierno tuviera supremacía sobre las demás, sino que fueran separadas pero iguales.

El 'gobierno' del Senado

Entre las múltiples competencias del Senado está la aprobación de los Presupuestos. Las negociaciones entre los senadores son amplias y variadas, dependiendo de los intereses en juego, pero a diferencia de otros países se negocia dentro de la Constitución, que se modifica a través de enmiendas, ya que el texto constitucional no es objeto de cambio. El Senado es clave en la adopción de políticas sociales y económicas que requieren un proceso legislativo y ahí se encuentran, por ejemplo, ámbitos tan críticos como la sanidad, la inmigración o la energía, en los que republicanos y demócratas chocan de frente. Ahora gana protagonismo la gestión de la pandemia. Precisamente los Presupuestos de 2021 serán claves para combatir la pandemiael crecimiento del PIB para avalar el presupuesto.

La tendencia es que el Senado podría ser de mayoría republicana, por lo que se vislumbra una presidencia de Joe Biden sujeta al Senado, lo que moderaría algunos cambios  inspirados en los radicales demócratas. Para que Joe Biden pueda desarrollar su visión de Estado, es necesario que el Senado apruebe sus propuestas sin obligarle a gobernar por decreto. Así, pues, la presidencia de Joe Biden podría ser de negociaciones intensas,  profundizando, si cabe, en la división interna de los EE UU y dificultando la gobernabilidad. @mundiario

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