La teatralidad del espionaje en Cataluña

Pere Aragonès. / RR SS.
Pere Aragonès. / RR SS.

Indignación en las filas independentistas catalanas por el espionaje de Pegasus del Estado español. Cuando ellos mismos espiaban a los suyos, a anti-independentistas y a niños, entonces no. 

La teatralidad del espionaje en Cataluña

Menuda ofensa. Se ha armado un revuelo artificial por el caso  del espionaje a políticos de Cataluña (Pegasus) implicados en el procés de independencia, amenazando con romper la mesa de diálogo con el Gobierno de la nación hasta que no se limpien responsabilidades.

Tanta ofensa repentina no se corresponde con las primeras noticias aparecidas hace unos años en el 2019 sobre el mismo espionaje a móviles de autoridades autonómicas con el sistema Pegasus sin tanta teatralidad como ahora. Ya entonces se supo que el programa de rastreo en los móviles de origen israleí estaba disponible solo a los gobiernos.

Las lágrimas de cocodrilo de hoy  entre la clase dirigente catalana tienen lugar cuando en breve plazo expira el plazo para cumplimiento de la sentencia sobre la cuota del 25% de enseñanza del castellano en las aulas catalanas, preparando un decreto para esquivar una vez más el fallo judicial. Las autoridades de la GenCat aprovechan además ahora con descaro el casus belli del espionaje Pegasus para encubrir, en un ejercicio de indignación supina, una práctica extendida por ellos mismos y nunca reconocida, contra opositores al independentismo.

Con independencia de la depuración de responsabilidades de las nuevas escuchas de los móviles, hay que contextualizar que por aquellos años el Estado español afrontaba el incumplimiento en Cataluña de la Constitución, la violación de sentencias del TC y del TSJC  (el propio ex presidente fugado Puigdemont, presumía de hacerse fotos con todos los fallos incumplidos en su despacho),  un golpe de Estado en ciernes que culminó con la proclamación de una República que luego resultó ser -ante el juez que llevó el caso-  “una simple broma”. 

Recordemos que hasta cierta  consellera implicada en el golpe de estado, en las escuchas y fugada actualmente de la justicia de España, llamaba estos días a la “confrontación civil para consumar la independencia”. El principal autor material del golpe de estado, Puigdemont, parece ser también que había intentado comprar material de espionaje en Israel por valor de casi 30 millones de euros enviando una delegación en 2016 a Tel Aviv para reforzar sus escuchas a sueldo contra cualquier opositor a la causa y enemigo interno.

Ante un panorama así, no se puede objetar que en cualquier estado de derecho estaría justificado el empleo de medios diversos para defenderse de tan graves delitos por los que fueron juzgados, condenados y encarcelados algunos golpistas mientras otros se escapaban del país en el maletero del coche.

Por si fuera poco, el estado de derecho español fue tan “represor” contra los principales autores golpistas en Cataluña, que cuando llegó al poder el actual gobierno socio-comunista decretó el retorno de los condenados encarcelados  a la Comunidad Autónoma para estar cerca de la familia. Poco después se les indultó, sin mediar arrepentimiento y contradiciendo informes de la Abogacía del Estado. 

En el último capítulo del “malvado Estado”, se les condonó el pago de las millonarias fianzas y el embargos de bienes -algo inaudito entre proscritos por la ley-, y hasta se les recompensó con el pago de subvenciones públicas a sus empresas y entidades “indepes” para que dejaran de llorar.

EL CNI-CATALAN ESPIÓ 3.500 MAILS DE FUNCIONARIOS “PELIGROSOS”

La misma mitología del programa israelíta Pegasus que auscultaba móviles de dirigentes independentistas catalanes contra el orden constitucional, no olvida otros casos sonados de espionaje por parte de las mismas autoridades catalanas en propio territorio. Es el caso de la Consellería de Educación que estuvo consintiendo que se espiara a los niños en el recreo en escuelas catalanas para saber si hablaban en castellano. 

Para camuflar ese espionaje escolar se le denominó “estudio sociolingüístico puntual”. Tan puntual que a día de hoy siguen arrinconando a los pobres críos que desean expresarse libremente en una lengua que no sea el catalán para terminar de adoctrinarlos e imponer por la fuerza su política de inmersión.  

La indignación actual de la Generalidad catalana por el espionaje de unas 60 personalidades secesionistas ahora dadas a conocer, tampoco cuadra  cuando en su día nos enteramos que allegados de la cúpula secesionista mantuvieron negociaciones con Putin para financiar el procés y hasta exigieron el envío de por lo menos 10.000 soldados rusos que defendieran la independencia unilateral de Cataluña durante la perpetración del golpe de Estado. Todo ello poniendo en riesgo la seguridad nacional. 

Posiblemente no sea espionaje, pero podría serlo cuando está al orden día otras prácticas propias de los agentes secretos como las numerosas denuncias anónimas dirigidas a las autoridades catalanas contra los comercios que rotulan en castellano y las suculentas multas que recaudan en incumplimiento de los derechos más elementales de la Constitución que vela por las garantías del uso del español en todo el territorio nacional.

En contra de la normativa vigente, la Generalidad de Cataluña, tan ofendida ahora con las acciones de vigilancia llevadas por el sistema Pegasus, tampoco cesó en crear su propio servicio de espionaje Cesicat, más conocido como el CNI catalán, como base para crear un estado independiente. La finalidad: ser el embrión de un futuro contraespionaje catalán para imponer  su aspirada República en contra de la ley.

La prensa catalana ya se hizo eco en su día sobre las supuestas actividades ilícitas del Cesicat dirigidas a recabar información clandestina  sobre activistas sociales, políticos anti-indepes, partidos constitucionalistas, españolistas de a pié y hasta sindicatos policiales y  Mossos rebeldes a favor del estado de derecho. La propia Audiencia Nacional llegó a apuntar que el CNI catalán (creado por Artur Mas en el 2014 bajo el eufemismo de  “organismo encargado de garantizar la seguridad de los servicios informáticos de la administración en Cataluña”), planificó un asalto al Parlament en Barcelona cuando se conociera la sentencia del Tribunal Supremo sobre los líderes de la intentona secesionista de 2017. 

También es conocido que el Cesicat y el Govern han amparado las acciones de violencia callejera durante muchos años por parte de los CDRs vividos en los peores años de Cataluña. Como recogió la prensa catalana de entonces, el CNI catalán vigiló informes de los juzgados catalanes para influir en los futuros juicios contra el movimiento secesionista. Otro de los cometidos nunca reconocidos del Cesicat pasaba por limpiar de “fascistas” (y españolistas) a los integrantes de las futuras fuerzas armadas catalanas (Forces de Defensa de Catalunya).

En el 2019 saltó a la luz en pleno proceso de ruptura con España, el presunto espionaje de los Mossos de Escuadra catalanes (el cuerpo de policía autonómica) contra miembros de la Policía Nacional estacionados en Cataluña, desvelando por dónde se movían por las calles de Barcelona a través de sus medios de comunicación nacionalistas y hasta aireando los números de las placas  que portaban para que los CDRs (kale borroka catalana) arremetieran contra ellos y sus familias.

En su propia “guerra sucia” que ahora acusan al Estado,  el CesiCat (cuyo principal mandato no es otro que impedir el hackeo de datos informáticos de su Administración), actúa de facto como un servicio clandestino que en lugar de combatir el terrorismo, el yihadismo  y grupos desestabilizadores del estado de derecho nacional, se esforzaba por tratar de afianzar la secesión y hacer peligrar otras operaciones por parte de las fuerzas de Seguridad del Estado en Cataluña.

Como parte de la misma teatralidad, en el 2016 se dio conocer que el Govern catalán pinchó más de 3.500  correos electrónicos de funcionarios catalanes considerados “potencialmente  peligrosos” 

(defensores de la Constitución española). En aquel sonado caso, el espionaje hacia su propio cuerpo de la administración catalana se realizó de forma ilegal, es decir sin orden judicial ni policial. Cuando saltó la noticia, el entonces el ejecutivo catalán lo achacó a piratas informáticos del Este europeo y nunca a sus servicios de inteligencia catalanes. 

GUERRA SUCIA PARA ENCUBRIR EL PATRIMONIO OSCURO DE LOS PUJOL

Si a estas alturas hay quienes piensan que el Estado español no tiene metido al enemigo en sus propias filas y parece legítimo defenderse con todas sus armas, junto al riesgo de que uno de los socios del gobierno central con acceso a expedientes de la Seguridad Nacional (CNI) los empleen contra España, los compartan con regímenes autocráticos extranjeros y/o los filtren a sediciosos nacionalistas, es que no quiere ver la realidad. 

 A diferencia de otras democracias plenas, la cadena de escándalos con el servicio de espionaje en suelo catalán se salda con el hecho de la inmunidad de facto del ex presidente de la Generalidad catalana Jordi Pujol y todo su séquito familiar, que aún en el año 2022 siguen esperando juicio desde el 2014 por distintos delitos, entre ellos por “organización criminal”, presunto enriquecimiento ilegal,  malversación de fondos públicos, fraude fiscal y ocultación de un patrimonio calculado por algunas fuentes, en unos 3.000 millones de euros en paraísos fiscales. 

Nunca antes en una democracia moderna en Europa un político como Pujol sigue moviéndose con total impunidad sin rendir cuentas él y toda su familia a la justicia, tal vez por causa de todos los secretos de Estado que debe conocer que no interesan airear o que los servicios secretos se guardan para mejor momento. La  famosa teatralidad catalana  es consentida por si fuera poco por los distintos gobiernos españoles , que a través de sus politizados órganos del Estado parecen frenar a conciencia la marcha  judicial contra el tan honorable ex president catalán, y esperar tal vez a que pase a mejor vida cuando fallezca por edad. La dependencia del voto secesionista en el Gobierno de cohabitación en La Moncloa, refuerza esta hipótesis. @mundiario

 

 

La teatralidad del espionaje en Cataluña
Comentarios