SUSPIROS DE EXPAÑA: Mariano Rajoy se resigna a la “caza menor” fiscal

Mariano Rajoy. / Mundiario
El presidente Mariano Rajoy, en la CEOE.
"1.500 inspectores y 6.100 subinspectores de Hacienda disparan al blanco fácil y cobarde de la gente corriente", destaca este nuevo columnista y analista político de MUNDIARIO en su segundo artículo.
SUSPIROS DE EXPAÑA: Mariano Rajoy se resigna a la “caza menor” fiscal

Los suelos de los despachos de la Agencia Tributaria, esparcidos a lo largo y ancho de la geografía española, ofrecen humedades por todas partes. Son bolsas de lágrimas, ya secas o todavía frescas, de españolas y españoles, anónimas mujeronas y hombretones hechos y derechos, cuyo último recurso ante la impotencia, la injusticia y la ausencia de empatía del Estado es dejar resbalar por sus mejillas el sentimiento de indefensión que va pasando de su estado gaseoso/emocional a su estado líquido/lacrimógeno en un sencillo proceso bioquímico.

Y, todo eso, mientras los “hombres de negro” de Montoro, ¡tantos Montoros!, desvelan megafraudes fiscales que ya han prescrito, permiten que los Bárcenas campen por sus respetos, confunden el DNI de pobres mortales con el DNI de una Infanta, prefieren inofensivos gorriones en mano que cientos de águilas rapaces volando, fusilan al amanecer a ciudadanos acorralados entre el IRPF, el IVA, la gasolina, los humildes manás de las herencias, las adiciones a la desesperada al alcohol y al tabaco y dejan en evidencia el axioma de la infalibilidad del ojo del gran hermano de Hacienda que, por lo visto, no lo ve todo o no lo quiere ver todo, como nos habían hecho creer tras sus múltiples cruzadas de boquilla contra el fraude fiscal.

Todavía resuenan en nuestros oídos los descalificativos de De Guindos ante la esterilidad del viejo lema de “Hacienda somos todos” que dio a luz la transición: “inefectivo” y “buenrrollista” Era la guinda, y nunca mejor dicho, al solemne anuncio de una nueva e implacable campaña que acababa de anunciar la flamante Vicepresidenta de todo, Soraya Sáenz de Santamaría para ponérselos a todo el personal de corbata: “Sabemos lo que estás tramando”. Un año y unos meses después, lo que no sabemos los españoles es lo que trama Hacienda, suponiendo que Hacienda sea capaz de tramar algo diferente de su eterna política de abusar de los débiles.

No sé lo que ocurrirá en Haciendas Publicas de otros Estados de nuestro entorno, como se dice ahora. Pero la Hacienda Pública española, ¡la madre que la parió!, es un esperpento antidemocrático que convertiría las célebres elucubraciones de mi paisano Valle Inclán en inofensivas fábulas infantiles. Porque ahí, no nos engañemos, primero disparan y después preguntan. Primero asaltan la intimidad de tu cuenta corriente, en un mutuo acuerdo de complicidad entre la banca privada y la Administración Pública (¡Dios los cría y ellos se juntan!), y después vete a reclamar a la eterna ventanilla del pobre Larra, que acabó pegándose un tiro de escuchar tantas veces ¡vuelva usted mañana!. Primero te atracan a mano armada, sin el mínimo reparo a la tesis orteguiana de que el hombre, incluso el español, es él y sus circunstancias, y después te permiten internarte en una jungla burocrática en la que no se tienen noticias de que haya salido vivo ni un sólo ciudadano de la gente corriente, the ordinary people.

Los Robin Hood de los ricos

En la Hacienda española no hay funcionarios, técnicos, personajes de esos conscientes de que están a sueldo de los ciudadanos, sino talmente robots modelo “Terminator”, obsesivos androides a imagen y semejanza de la Gran Hermana Rita, la computadora con la que el Ministro Borrell inició el terrorismo fiscal de Estado que, para empezar a hablar, proclaman tu presunción de culpabilidad y rechazan cualquier indicio de presunción de inocencia. Los sucesivos ministros de la cosa, Paco Ordóñez, Boyer, Borrell, Solbes, Rato, Montoro, gente desaprensiva de esa, han copiado el modelo Robin Hood, pero a la inversa. Se han internado en el bosque fiscal de Serwood de la sociedad española, y se han puesto a atracar a los pobres para repartir después subvenciones, exenciones, amnistías, ayudas, prebendas presupuestarias a los ricos. Es nauseabundo, oye. Aquel mantra “goebeliano” de que “Hacienda somos todos”, ¿recuerdas?, como una mentira que repetida mil veces se iba convirtiendo en una verdad para un elevado número de tontos% de ejemplares y orgullosos ciudadanos españoles, ha acabado helándonos el corazón en sucesivas primaveras, veranos, otoños e inviernos de nuestro descontento.

¡Prohibida la caza mayor!

Aquí, cotizamos siempre los mismos, ordeñan siempre a las mismas vacas, llevan a los mataderos de la Agencia Tributaria a los mismos corderos y España se ha convertido en un coto fiscal donde se practica la caza menor con la miserable técnica del ojeo. Aquí, al españolito de a pie, de nómina, de alta en autónomos, se le dispara a bocajarro en plena desbandada. Nuestros 1.500 inspectores fiscales y sus correspondientes 6.200 subinspectores, da la sensación de que sólo saben disparar con escopetas de feria y no se han sacado licencia de rifles para practicar la caza mayor. O quizá les han prohibido los safaris de grandes felinos y paquidermos financieros, empresariales y ricos por familia, para evitar que se convirtiesen en especies de la fauna ibérica en peligro de extinción. O tal vez, simplemente, sean unos cobardes, unos pringaos al servicio de sucesivos gobiernos que se han erigido en chalecos antiexpedientes de los ricos y poderosos.

No me giño en la madre que parió a estos “salvapatrias” recaudadores, que llevan años matando inofensivas moscas humanas a cañonazos fiscales, porque probablemente todas esas señoras sean una santas. Pero ya les vale a los sucesivos Montoros convertidos en Primos de Zumosol de los económicamente fuertes, de los poderosos del IBEX 35, de los dioses que engordan en los paraísos fiscales, de los avaros de Moliere adaptados al siglo XXI, de los pérfidos y macromorosos banqueros, miradlos, que tienen la caradura de llamar a la “yihad”, a la guerra santa, contra los santos inocentes (con las excepciones que confirman la regla) condenados a vivir en la “micromorosidad” en estos malos tiempos para lírica de mi pueblo y mi gente. ¡Malditos bastardos…!

SUSPIROS DE EXPAÑA: Mariano Rajoy se resigna a la “caza menor” fiscal
Comentarios