Supermán Wert pretende enderezar solito nuestra tambaleante torre del informe PISA

Torre de Pisa. / risasinmas.com
Torre de Pisa. / risasinmas.com

Esos Wert, esos Rubalcaba, esos docentes, esos obispos, esos parlamentarios, esos padres, esas derechas, esas izquierdas. Tres décadas jodiéndonos con la pelota de la educación.

Supermán Wert pretende enderezar solito nuestra tambaleante torre del informe PISA

¡Esos locos mayores…! Esos Wert, esos Rubalcaba, esos docentes, esos obispos, esos parlamentarios, esos padres, esas derechas, esas izquierdas, que llevan más de tres décadas jodiéndonos con la pelota de la educación e intentado domesticar a nuestros hijos…

Las “locas bajitas”, sangre de mi sangre, hace años que no llegan a casa antes de que den las diez. Me dijeron adiós hace tiempo, como aquellos locos bajitos que hizo girar Serrat en nuestras conciencias a 33 revoluciones por minuto, y me queda el consuelo de que no cargaron en sus maletas con mis dioses, mis bienes y mis males, mis rencores personales e intransferibles y un ecléctico proyecto de futuro a mi imagen y semejanza.

Mis locas bajitas salieron indemnes de las Leyes de Educación de diseño de Alfredo Pérez Rubalcaba y habrían salido ilesas de esta otra pretenciosa Ley de Educación de autor de José Ignacio Wert. Quizá porque en casa nunca nos pareció que fuesen de goma ni que les bastasen nuestros cuentos para dormir. Tal vez porque, además de las vacunas para inmunizarlas de las epidemias del cuerpo, desarrollaron vacunas que las inmunizaron contra las amenazas del alma: la viruela de la intolerancia, el sarampión del fanatismo, la polio que ha ido dejando a tantos españoles en estado parapléjico, míralos, condenados a moverse en alguno de los dos modelos exclusivos  de sillas de ruedas que se fabrican en las factorías sociológicas de las dos  Españas. Ni se protegen con ajos de los crucifijos, ni desenfundan crucifijos para ahuyentar a los fantasmas laicistas que acojonan al personal de la Conferencia Episcopal.

¡La enseñanza libre de prejuicios, nos haría libres!

Confieso que a veces han aprobado en junio y otras les han dejado el marrón para septiembre. Que hubo días que estuvieron muy cerca de desertar de las aulas. Que han mojado páginas de libros de texto experimentales, obsolescentes y contradictorios, con lágrimas amargas de impotencia entre susurros shakesperianos: ¿estudiar o no estudiar? Y que han probado el sabor agridulce  de los distintos menús del día preconcebidos que se iban “cocinando” en los fogones de la enseñanza pública y de la enseñanza privada. Y, sin embargo, son libres. Se han unido en matrimonio a la libertad, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, dispuestas a serle fiel hasta que la muerte les separe. Son libres, incluso para gritarle a “esos locos mayores”, esos Wert, esos Rubalcaba, esos docentes, esos obispos, esas editoriales, esas derechas, esas izquierdas: ¡tíos, dejad ya de joder con la pelota de la educación! Si es que esa gente, el personal que planifica, el que se opone, el que enseña, el que comercia, el que manipula, el que vive del sistema educativo español por los siglos de las siglas, son como niños, que os lo tengo dicho.

Ni Wert, ni Rubalcaba, ni ministrillos autonómicos tienen derecho a transmitir sus frustraciones y complejos a nuestros hijos

Porque hay cosas, Director, sobre todo esas que tienen que ver con la educación, que no se dicen, que no se hacen, que no se tocan, ¡coño! ¿Quiénes son estos señores, Wert, Rubalcaba, sus réplicas autonómicas en miniatura, para decidir cada cuatro, cada ocho años, cómo deben ser los hijos y los nietos de los demás, (millones de españoles), cuando sean mayores? ¡Qué eduquen a sus proles, a sus Juventudes Socialistas y sus Nuevas Generaciones, a sus hijos y sus nietos, pobrecitos míos, y contagien sus vidas con sus miserables frustraciones, sus traumas laicistas, sus éxtasis confesionales, su friqui y enfermiza guerra civil entre lo público y lo privado! Pero al resto del personal, que lo dejen en paz, hombre. Al menos hasta que en el dichoso Informe Pisa se empiece a vislumbrar que sus respectivos modelos educativos “progresan adecuadamente”

  Mientras tanto, que ningún Wert de paso, con carné del PP, del PSOE o de la madre ideológica que lo parió, tenga la osadía de decidir lo que estudian, cómo estudian y para qué estudian los jóvenes cachorros de españoles. Yo no quiero un país en el que los sumisos “aprietabotones” del Congreso impongan sus criterios en Educación, en vez de construir, pacto a pacto y voto a voto, una Educación en la que prendan semillas de seres humanos libres y con criterio propio. Yo no quiero docentes/indecentes que pongan los intermitentes de las aulas a la derecha o a la izquierda, según el color del cristal ideológico con el que contemplan la vida. Yo no quiero catalán por decreto, ni castellano de florero, ni viceversa. Ni otra guerra de treinta años, y lo que te rondaré morena, entre reformistas y contrareformistas. Ni confesionales y hugonotes dando el coñazo en las aulas, mientras exploran si Madrid, si La Moncloa, bien vale la abolición del Concordato o una misa. Yo no quiero una educación controlada por “grandes hermanos” progresistas o conservadores; ni jóvenes generaciones condenadas a ser personajes en serie de Orwell; ni patéticos 14 de abril o 18 de julio, ¡oh, nuestros duelos a garrotazos vitalicios!, extrapolados  a los campos del conocimiento reconvertidos en campos de batalla.

Es la hora de abrir las jaulas de la educación, para que vuelen libres los dulces pájaros de juventud

Lo que yo quiero, muchachas y muchachos de ojos tristes, es que os dejen, que os dejemos volar muy alto, muy libres y por vuestra cuenta y riesgo. Que dejéis de ser en vuestras casas fotocopias cutres de “Mi idolatrado hijo Sisi” de Delibes, y cobayas de obsoletos laboratorios progresistas o conservadores en vuestras aulas. Que nunca más, ningún Wert, ningún Rubalcaba, os convierta por exceso, por defecto, por un titular de periódico o por un miserable puñado de votos, en materia prima para fábricas de NINIS, en cerebros humanos para la exportación en masa o en granos anónimos de sucesivas cosechas del siglo de parados.

Esta no es la hora de Wert, ni de Rubalcaba, ni de Rouco, ni de padres, docentes, dirigentes y demás personal de eso que llaman la Comunidad Educativa, obsesionada con esculpir el futuro de nuestros locos bajitos, miradla, con el lodo instalado en sus ADEENES procedente de aquellos polvos de una Guerra Civil aderezada con cuarenta años de franquismo. Esta es la hora de las generaciones que quieren romper el cordón umbilical que les sigue uniendo al pasado oxidado, las cadenas que les mantienen prisioneros en el presente absurdo y las jaulas ideológico-legislativas que impiden que nuestros dulces pájaros de juventud puedan soñar con volar en el futuro sobre su legítima tierra prometida.

Génova, Ferraz, obispos, aprietabotones a sueldo, tocahuevos independentistas, francotiradores mediáticos, profes comecocos, alumnos hipnotizados por flautistas de Hamelín, gurús intelectuales, meapilas azules, rojos desteñidos, ¿me oís, tíos?, ¡dejad ya de joder con la pelota sobre el tejado de zinc caliente de la Educación española, ay, que lleva décadas padeciendo goteras!

Supermán Wert pretende enderezar solito nuestra tambaleante torre del informe PISA
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