La sombra de la encina es alargada, excepto para Feijóo

Mariano Rajoy y Alberto Núñez Feijóo. / RR SS
Mariano Rajoy y Alberto Núñez Feijóo. / RR SS

La imagen de la Convención Nacional del PP, con los populares subidos a las cintas de gimnasio emulando ‘el ritmo de Rajoy’, refleja la situación crítica que atraviesa el partido: que andar, a veces, no significa avanzar. Feijóo se libra de momento de las sombras que se proyectan sobre el presidente del Gobierno, pero deberá evitar las suyas propias si quiere ser su sucesor.

La sombra de la encina es alargada, excepto para Feijóo

Pedro, el protagonista de ‘La sombra del ciprés es alargada’, intenta protegerse de la realidad que le rodea ante la angustia que le provoca la pérdida de elementos que tuvieron gran valor para él. La sombra del ciprés como representación de la muerte. Esta reflexión sobre la que gira el argumento de la obra magistral de Miguel Delibes podría trasladarse a Mariano Rajoy como protagonista de la Convención Nacional del PP celebrada en Sevilla, cuyo lema ‘Contigo crece España’ se recondujo sin remedio hacia ‘La sombra de la encina es alargada’, por alusión al árbol elegido por su fortaleza como símbolo de la misma convención.

Así, las sombras del máster de Cristina Cifuentes y de la puesta en libertad de Puigdemont en Alemania impidieron al PP beberse el reconstituyente de propuestas e ideas que iban a servir, como prometió Rajoy, para encarar, rearmados, las próximas elecciones municipales y autonómicas. Esta pérdida de objetivos dio paso a nuevos encuadres de comunicación con los que evitar, como Pedro, afrontar la realidad o, al menos, diluirla en un marco menos angustioso: un encuadre de arremetida contra los “inexpertos y lenguaraces” de Ciudadanos, como el presidente popular define ya a sus adversarios, y una llamada de María Dolores de Cospedal a "la unidad inquebrantable del partido" frente a aquellos “que los quieren avasallar”.

Estos podrían ser algunos titulares, no obstante, hay que remontarse a anteriores convenciones para ver que la vida orgánica del PP gira en un eterno bucle sin solución de continuidad, solo basta recordar cómo se fue posponiendo la convención del 2013 para evitar la sombra del caso Bárcenas, aún coleando, o cómo se cerró la convención del 2015 con la larga sombra del pasado que supuso Aznar sermoneando a Rajoy y acaparando los espacios mediáticos. “¿Dónde está el PP?”, arengaba, para darle después un portazo al partido con la marcha de la FAES como think tank.

El nuevo escenario para Rajoy se presenta con un gran interrogante: cómo escapar de su propia sombra, más cercana a la del ciprés que a la de encina y perseguida por unos presupuestos en el aire, la internacionalización judicial y política del problema catalán, los numerosos casos de corrupción abiertos y con los votos de Madrid en el aire. Por eso, la imagen de los populares subidos en las cintas de gimnasio instaladas en la convención bajo el cartel ‘Sigue el ritmo de Rajoy’ para levantarles la moral no deja de reflejar la situación crítica que atraviesa el partido: que andar, a veces, no significa avanzar.

Pero, ¿ha sido una convención solo con sombras? En justicia hay que decir que no para todos si hacemos caso a los titulares surgidos. Tras Cifuentes en negativo, solo Alberto Núñez Feijóo los acaparó en positivo, paseándose en una ovación oficiosa y mediática como sucesor: “El PP ve a Feijóo como el único relevo posible de Rajoy”, plasmó El Mundo, al contar cómo los populares “aplaudieron” en pie su discurso, centrado en el tema identitario que tanto gusta a los conservadores: “No vamos –sostuvo- a pedir permiso a los nacionalistas para ser gallegos ni a C's para ser españoles".

El chute de confianza que el PP no tuvo pero sí Feijóo hizo mella en su equipo gallego, siempre tan prieto en filas al tratar la sucesión, pero que ya se lanza con más claridad, y ahí está Pedro Puy afirmando que "Feijóo tiene cualidades y opciones para ser candidato a la Moncloa".

El presidente de la Xunta juega con su propio ritmo, el de multiplicar por tiempos sus apariciones en los medios con proyección en toda España, con preguntas poco centradas en la realidad gallega, menos molestas porque no controlan su gestión y donde él se mueve con un discurso genérico más cómodo, para luego replegar velas negando categóricamente que se postule pero sin cerrarse puertas, y repetir así la jugada cada cierto tiempo.

Si las sombras de sus adversarios en la competición siguen la senda del ciprés, como Cifuentes, y Feijóo sigue esquivando sus propias sombras, como la de sus pecados de juventud a bordo de barcos inapropiados, o las que le proyecten desde fuego amigo, puede acabar adoptando el ritmo de Rajoy: sentarse a esperar, que el que resiste, gana, como dijo el nobel Camilo José Cela. Y si El Mundo no anda equivocado, podría ser por aclamación de los suyos, le guste a Rajoy, o no.  @mundiario

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