Sobran las ocurrencias cuando se recibe un mandato que exige una gobernanza para la mayoría

Palacio Municipal de María Pita, en A Coruña.
Palacio Municipal de María Pita, en A Coruña.

Ocurrencias como la promoción del veganismo o del decrecionismo sólo afectarán negativamente a la percepción que los ciudadanos tienen de estos instrumentos de la nueva política, comenzando por parte de los que les han votado.

Sobran las ocurrencias cuando se recibe un mandato que exige una gobernanza para la mayoría

Las candidaturas municipales de unidad ciudadana deben centrarse en la tarea de gobernar para las mayorías, aplicando la regla del mínimo común denominador. Ocurrencias como la promoción del veganismo o del decrecionismo sólo afectarán negativamente a la percepción que los ciudadanos tienen de estos instrumentos de la nueva política, comenzando por parte de los que les han votado.

Uno de los fenómenos políticos más interesantes de los últimos tiempos son las candidaturas de unidad ciudadana o confluencias, que integran partidos, agentes sociales y personas del común de muy variada pluralidad. La ciudadanía tiende a premiar la unidad, reconoce la superación de las diferencias y apuesta fuerte por esta clase,  de respuestas políticas. Lo vimos en las elecciones locales en Madrid, Barcelona o A Coruña, entre otras varias ciudades.

 Pero la praxis de esta clase de instrumentos políticos habría de tener en cuenta siempre que la ciudadanía le otorgó su confianza para una acción política urgente y de mínimo común denominador. Ésto es, para construir una gobernanza transparente y ética, para poner la economía al servicio de las personas y para extirpar la corrupción, entre otros objetivos de amplia convergencia.

Las candidaturas municipales de unidad ciudadana deben centrarse en la tarea de gobernar para las mayorías, aplicando la regla del mínimo común denominador

Por tanto, estarán de más  ocurrencias como la promoción del veganismo (opción personal respetable, pero que no pertenece al ámbito del mandato recibido por la ciudadanía), la consideración de la lactancia materna como la única manera admisible  para criar niños o la imposición de la doctrina decrecionista, que no es un elemento teórico de general aceptación entre las bases ciudadanas de estos nuevos instrumentos politicos.

De otro modo se corre el riesgo de entrar en el ámbito propio de la burricie, a la cual pertenecen propuestas como la de la CUP de Manresa, pretendiendo sustituir tampones y compresas por copas vaginales o la bolivariana recomendando a la mujer venezolana el uso de toallas sanitarias supuestamente revolucionarias.

 La gente vota este tipo de alternativas políticas para que resuelvan los problemas de la gobernanza del común  desde parámetros de servicio ciudadano, renovación y participación democrática. No vota, pues, para que sus representantes así elegidos influyan en el ámbito propio de las decisiones personales de cada una ni para crear nuevos problemas donde no los había. Por ello, hay que atender a lo verdaderamente importante, priorizar una buena gestión transformadora y recordar la búsqueda constante del mínimo común denominador que permita integrar y seducir más sociedad.

Por encima de todo, lo que no se puede perder es el oremus.

Sobran las ocurrencias cuando se recibe un mandato que exige una gobernanza para la mayoría
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