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¿Tiene eficacia la campaña electoral o es sólo un factor de refuerzo?

Las campañas electorales actúan como factor de refuerzo para los que están decantados hacia una opción concreta y la propaganda actúa para consolidar posiciones más que como desencadenante de opiniones nuevas en las democracias estables.

¿Tiene eficacia la campaña electoral o es sólo un factor de refuerzo?
El mitin, acto central de las campañas
El mitin, acto central de las campañas

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Fernando Ramos

Fernando Ramos

El autor, FERNANDO RAMOS, es columnista de MUNDIARIO. Es doctor en Derecho y en Ciencias de la Información. Es profesor titular de la Universidad de Vigo y periodista. Autor de 25 libros sobre temas de Derecho de la Comunicación, Protocolo y Comunicación institucional, es profesor invitado en diversas universidades de Europa y América. Está en posesión de diversos premios como periodista. El Ministerio de Defensa le otorgó la Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco como historiador militar. @mundiario

¿Sirve para algo la campaña electoral? Las elecciones las deciden con frecuencia los indecisos. Está demostrado que las campañas son en sí mismas un espectáculo que sirven más como factor de refuerzo que para crear opiniones nuevas

Hace cuarente años, J.T.Klapper, en un clásico estudio sobre el particular, nos enseñó que las campañas de propaganda electoral sirven únicamente como factor de refuerzo para los que están más o menos decantados hacia una opción concreta y que, por lo tanto, la propaganda actúa, en este sentido, más como factor de refuerzo que como desencadenante de opiniones nuevas. Y, lo que es evidente, no pocas veces, deciden precisamente los indecisos. También advirtió del riesgo de utilizar como reclamos la figura de los llamados "líderes de opinión"(artistas, deportistas, intelectuales) en apoyo de una u otra opción. Cuando los ciudadanos se sienten manipulados, el efecto puede ser el contrario.

En el tiempo transcurrido, y aunque la conclusión de esta investigación se sitúa en la sociedad norteamericana, se han realizado cientos de estudios sobre el comportamiento electoral en las sociedades democráticas asentadas y se han publicado docenas de libros sin que nadie haya sido capaz de desmentir la conclusión aquí citada.

Se estimula la participación

¿Por qué entonces el marketing electoral persevera en el mismo ritual cada nueva convocatoria y se repiten los mecanismos de lo que algunos llaman, de manera bastante cursi, por cierto, "la gran fiesta de la democracia?"? Pues, sencillamente, porque es preciso preparar el ambiente y crear una catarsis progresiva que estimule la participación electoral y, después, permita el contraste de los programas e incluso la confrontación de los candidatos en la prensa y en la televisión, que es lo que realmente importa.

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Todas las campañan tiene el mismo ritual

En estos casos, los aparatos logísticos de los partidos elaboran todo un arsenal de recursos electorales. Además de los programas (que, como confesaba el profesor Tierno Galván, no siempre se redactan para ser cumplidos, sino para ser "vendidos"), el panel de los equipos de apoyo a los candidatos se dota de manuales, libros del agente electoral, prontuarios y fichas precocinadas para afrontar el ceremonial de la contienda.

Tuve en mis manos, al inicio de la democracia, el prontuario que redactara el mismísimo Alfonso Guerra, y lo más curioso es que gran parte de su artillería no se dirigía contra el centro y la derecha, sino contra el Partido Comunista, ya que se entendía que era el enemigo a batir en cuanto a que podía restar votos al PSOE.

Los discursos de los mitines, que tan espontáneamente parecen dirigirnos los candidatos, han sido escritos semanas atrás (generalmente por especialistas en publicidad electoral), a partir de un esquema de ideas básicas que aporta el partido y que los redactores enriquecen y desarrollan con anécdotas, chascarrillos y recursos de efecto que habrán de provocar la esperada y calculada reacción del público. Cabe recordar que, con frecuencia, el esquema del discurso se repite, adaptándolo al marco donde ha de ser vendido. En este sentido, recuerdan a la técnica de los payasos de circo para que sus chistes encajen en cada espacio. Los hermanos Tonetti me contaron que ellos se hacían con los periódicos de las ciudades de sus giras, de este modo conocían sus problemas y adaptaban el esquema de sus chistes a la realidad de cada ciudad.

La aportación del candidato

La aportación del candidato varía. La improvisación, mínima, salvo las necesidades que dicte la actualidad. Si acaso, se municiona con media docena de ideas guía que constituyen el "leit motiv" de sus discursos. Y esto no es buena ni malo. Es así. Recordamos en ese sentido que, en la anterior campaña electoral, Pedro Sánchez se inventó una chica, cuyo nombre cambiaba sobre la marcha, y en cada ciudad repetía su historia, aludiendo que se la contara su madre y versaba sobre la fragilidad del empleo temporal. Es muy divertido ver en las videotecas el montaje de esta ocurrencia, donde el candidato del PSOE repite la misma historia cambiando el nombre del personaje y el lugar donde se lo contaron.

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El objetivo es llenar a favor propio las urnas

En suma, el mitin electoral sigue aparentando ser una llamada a nuevos votantes en lugar de lo que realmente es, tanto aquí, como en los Estados Unidos: una gran reunión de convencidos. Pero los americanos, en este sentido, son más sinceros. Sus mítines son grandes fiestas con globos de colores y majorettes a las que acuden los ciudadanos que, de antemano, apoyan a este o aquel partido. ¿Acaso aquí diferente? ¿Acaso los votantes de Sánchez acuden a escuchar a Casado o los de Iglesias a Rivera?

Traca final

O sea, que la campaña electoral no es otra cosa que la traca final, con fuegos de lucería, de la confrontación diaria de partidos y candidatos que se acelera tan pronto de aproximan los periodos electorales. Somos animales de costumbres hasta para esto. Los cambios de criterio de los electores (y parece lo razonable que sea así) no se producen como consecuencia de repentinas conversiones o milagrosos efectos de la propaganda electoral. Responden a análisis y decisiones más profundas, gestadas durante más largos periodos de tiempo. La propaganda electoral, en todo caso refuerza, pero no convence a quienes no lo están.

Y ahora está el efecto de las redes sociales y sus recursos, sustituto más que eficaz de la campaña electoral al uso, con la ventaja de que los electores pueden opinar, replicar o contradecir (a veces con innecesarios insultos) a los que expresan ideas contrarias a las suyas. Los mitines son eso, un espectáculo necesario. @mundiario