Un silencio incómodo: las mujeres del PP y el caso de acoso en Móstoles

Isabel Díaz Ayuso y Ana Millán. / @anamillanpp.
El PP cierra filas y calla. Las dirigentes populares evitan el caso de Móstoles y convierten el acoso en un problema incómodo.

El caso de la denuncia por acoso contra el alcalde de Móstoles, Manuel Bautista, ha dejado al descubierto algo más profundo que una disputa interna de partido: la estrategia del silencio. Mientras la concejala denunciante acababa abandonando la política tras no encontrar amparo, buena parte de las mujeres con responsabilidades en el Partido Popular han optado por no pronunciarse públicamente o por alinearse con el argumentario oficial, que desacredita la denuncia y la presenta como una maniobra política.

La frase atribuida a Ana Millán —“todas hemos aguantado muchas cosas en política”— resume con crudeza una cultura que normaliza el aguante femenino como peaje inevitable del poder. No se trata solo de una respuesta individual, sino de un mensaje estructural: resistir, callar y seguir adelante, incluso cuando el coste personal es alto.

La reacción pública del PP no ha estado centrada en la denuncia concreta, sino en desplazar el foco hacia el PSOE y el caso Salazar. Dirigentes populares han utilizado las redes sociales para denunciar el “feminismo socialista” o el supuesto encubrimiento de acosadores en la izquierda, sin apenas dedicar una palabra al caso que afecta directamente a su partido y a una mujer de sus propias filas.

Ese contraste —ruido hacia fuera, silencio hacia dentro— es el que ha generado mayor incomodidad.

El cierre de filas como reflejo de una incomodidad mayor

Las pocas voces femeninas del PP que se han pronunciado lo han hecho para desacreditar la denuncia o para ponerla bajo sospecha. La coincidencia con procesos electorales, la “normalidad” del acusado o la falta de pruebas se repiten como argumentos. El subtexto es claro: creer a la denunciante resulta más arriesgado que proteger al partido.

Y es que, el PP arrastra desde hace años una relación ambigua con el feminismo. La presión de Vox, que ha hecho de la batalla contra la “ideología de género” una bandera, ha empujado a los populares a una posición defensiva. En ese contexto, las denuncias de acoso no se abordan como un problema estructural, sino como una amenaza política.

Código ético frente a práctica real

El contraste entre el Código Ético del PP —que prohíbe expresamente el acoso y garantiza canales internos de denuncia— y el desenlace del caso es difícil de ignorar. La concejala de Móstoles no encontró protección ni respaldo y terminó dejando la política. El mensaje implícito para otras mujeres es desalentador: denunciar puede salir caro.

El mutismo de muchas dirigentes populares no es neutral. En política, no hablar también comunica. Y en este caso, el silencio sugiere que el coste de alzar la voz sigue siendo más alto que el de mirar hacia otro lado. @mundiario