Unos carecen de sentido del Estado y otros están dispuestos a destruirlo

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Pedo Sánchez y Pablo Casado. / Mundiario.
Es una paradoja que el presidente Sánchez acuse a otros políticos de no tener sentido del Estado, cuando él mismo lo pone en almoneda. 
Unos carecen de sentido del Estado y otros están dispuestos a destruirlo

En las grandes bóvedas celestes, donde se conservan las grandes frases que han pronunciado a lo largo de la historia los más notables personajes de la Humanidad (eso creían los griegos y algunos científicos les dan la razón, por entender que las ondas sonoras de las palabras podrían expandirse indefinidamente en el espacio), digo que en esas grandes bóvedas residen, sin duda, asertos tan notorios como aquellos que desde la tribuna del Congreso de los Diputados hizo en su día el doctor Pedro Sánchez. Cito: “Si para ser presidente de Gobierno tuviera que elegir entre mis principios y el apoyo de los independentistas, elijo mis principios” (fin de la cita). No menos fue el estrambote de la doctora y ex vicepresidenta Carmen Calvo, quien dijo, cito: “Pactar con Bildu es la línea roja que nunca traspasaremos. Y los socialistas somos de fiar” (fin de la cita). No en vano, lo que para los comunes observadores son conductas anómalas, para Sánchez y los suyos son una cualidad. Uno de los grandes panegiristas del presidente lo dejo escrito mejor que nadie. Cito: “Pedro Sánchez no se siente concernido por sus palabras, sino por sus objetivos” (fin de la cita).

Con estos antecedentes, que el doctor Pedro Sánchez acuse a otros de carecer de “sentido del Estado” es una pintoresca paradoja de quien ha demostrado sobradamente que, para mantenerse en el poder, él mismo no duda en colocarlo en almoneda e ir haciendo cesiones a su costa, justamente, a sus consocios diversos, cuyo objetivo es precisamente dinamitar ese Estado del que quieren salirse. Aristóteles decía que “el Estado es la comunidad perfecta o soberana, que el hombre encuentra en él lo suficiente y necesario para vivir bien y donde alcanza, por lo tanto, la finalidad natural para lo que fue creado”.

Pero en una cosa tiene razón Pedro Sánchez, cierto que el dirigente del PP Casado no demuestra poseer el exigible sentido del Estado, si bien es carencia que ambos comparten. De tenerlo, con independencia de sus programas de Gobierno, uno y otro habrían convenido, como ocurre en otros países de Europa, que hay cuestiones esenciales en las que deben pactar, ponerse de acuerdo, dialogar y ceder para que el propio Estado exista. De ahí que hace tiempo que debería haberse fraguado ese pacto de Estado que, al menos, asegurara el funcionamiento de sus instituciones esenciales. La escasa categoría personal, cuando no pura ignorancia de la propia historia del país es una de los más graves lastres de nuestro tiempo, en el que, con carácter general, salvo rarísimas excepciones, soporta la sociedad española sin remedio a la vista se mire para donde se mire.

La responsabilidad de la derecha

Sin eludir la propia responsabilidad y cortedad de miras de la derecha, no es menos cierto que tampoco ha puesto las cosas fáciles al PSOE para animarlo, como la descarnada evidencia de que éste prefiriera pactar cuestiones esenciales para la pervivencia del Estado, como hace Sánchez, con los partidos que, como afirma el propio dirigente de Bildu, Arnaldo Otegui, tienen como propósito para alcanzar sus objetivos, cito: “La destrucción de España”, tal y como la conocemos, con Estado, cosa que dijo en un acto público de modo rotundo. La frivolidad o la inconsciencia de Sánchez se evidencia en la forma que afronta alguna de las cuestiones que ahora agitan el panorama nacional, siempre plegado a lo que le exigen o le imponen sus socios variados sean Bildu, el PNV, Esquerra Republicana u otros. El caso es ir dando pequeñas o grandes dentelladas a ese Estado, de suerte que, para apoyar que Sánchez pueda seguir viajando en falcon, se abran sus costuras, un día otorgando a los mossos competencias propias de la Guardia Civil en el resguardo de la fachada marítima del país, en aquella parte del Levante español, o rompiendo la unidad de los archivos nacionales, amenazando con hacer lo mismo con los museos, o la caja de las prestaciones de la Seguridad Social o lo que sea. Los consocios de Sánchez le imponen medidas que exigen una aguda reflexión por sus efectos como dejar de creer en la propia profesionalidad de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o permitir que, sin aviso precio cualquiera con cualquier motivo pueda hacerse dueño de la calle. La muestra es variada y se extiende por todos los campos posibles e imaginables o lo que los consocios de Sánchez le requieren para sostenerlo.

Mal que bien, pese a los errores de la transición, especialmente en la construcción del Estado de las Autonomías, fuimos llegando hasta aquí. Pero la frivolidad o simplemente la necesidad inmediata de seguir en la Moncloa hacen que el propio pacto constitucional se cuestione o se ponga en riesgo de saltar por los aires ese Estado mismo para ser sustituido por todavía no sabemos el qué. Claro que en eso de afirmar al tiempo una cosa y la contraria Sánchez y sus edecanes son notables maestros. Véase las propias declaraciones Félix Bolaños, ministro de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, sobre la reintepretación de la Ley de Amnistía de 1977, en el sentido de que todo va a seguir como estaba, que por cierto nos lleva a aquello de dijo Giuseppe Tomasi di Lampedusa en “El gatopardo”algo tiene que cambiar para que todo siga igual. Y si eso es así, para qué hacer brindis al sol. Claro que siempre se puede buscar otros rendimientos, al crear confusión, como aconsejaba el mismo Maquiavelo. Pero viene bien aparecer como prudentes salvadores de una situación que ellos mismos han creado. ¿O no? @mundiario

Unos carecen de sentido del Estado y otros están dispuestos a destruirlo
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