Señor Espinar: ¿sabe usted distinguir el rábano de sus hojas?

Ramón Espinar. / RR SS
Ramón Espinar. / RR SS

Habrá cumplido la legalidad, pero de ética, incluso de la ética que usted proclama, se han olvidado usted y sus correligionarios, estos por defenderle lo  indefendible.

Señor Espinar: ¿sabe usted distinguir el rábano de sus hojas?

Unas veces intencionadamente, en otras  por miopía, confundimos el rábano con las hojas; dicho de otro modo: nos quedamos en la apariencia y no profundizamos en los hechos. En política esto sucede con frecuencia, sobre todo cuando se trata de meter el dedo en algún tema escabroso de actualidad.

El ciudadano Espinar ha explicado ampliamente cómo se complicó la vida con la vivienda de promoción pública que compró y vendió con beneficio: fechas, motivos, permisos, destino de la ganancia y su fiscalidad, origen de los recursos con los que hizo la compra, ... El asunto tiene apariencia de legalidad, si dejamos a un lado que su progenitor era consejero de la entidad crediticia que financió a la cooperativa promotora de la polémica vivienda y que ésta fue adjudicada a dedo, como los nombramientos que critican.

Hizo lo que cualquier español hubiera hecho, dicen hipócritamente sus correligionarios. Pero ellos  no son  “cualquier español”. Él  es un español podemita, de  auto proclamada ejemplaridad, limpio, del pueblo, que afirma vivir bajo los principios que pregona, que defiende lo nuevo frente a lo viejo, que denuncia a la casta –cada vez usan menos este vocablo, como si hubiese desaparecido del diccionario.

Debió ser congruente y fiel a sus palabras –recuerde, ciudadano Espinar, el refrán español  “quien más habla más yerra”-, porque  ya ha  había actuado de forma contraria a lo que estaba  predicando.

Las hemerotecas levantan escozores incómodos: ¿qué sintió usted cuando oyó en televisión sus palabras de hace meses en la asamblea de Madrid, pontificando sobre el destino de las viviendas públicas e increpando, tal vez con razón, a sus adversarios políticos?,... porque cuando usted daba esas clases de ética ya se había embolsado el legítimo beneficio producido en la venta.

¿Sintió vergüenza?..., yo creo que si la hubiera sentido o tenido,  habría dimitido y se habría escondido, que es lo que ustedes piden a los demás ante comportamientos similares. Hizo lo contrario: defenderse como animal herido,  denunciando conspiraciones mediáticas y capitalistas, cuando, tal vez, debería mirar  a los ojos a sus propios colegas para descubrir quién le ha echado la basura encima para apartarle de la lucha hacia  el poder dentro del partido.

La coherencia, sigue siendo una norma ética fundamental para muchos españoles; usted habrá  cumplido las leyes, pero ha violado sus principios -respetables aunque no se compartan-, los ha pisoteado y se ha enfangado en su propia miseria.

¿A quién engañan?..., pues no lo entiendo.

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