La segunda vuelta del debate electoral clarifica las posiciones de los partidos

Debate electoral en Atresmedia. / Mundiario
Debate electoral en Atresmedia. / Mundiario

El acuerdo entre el PSOE y Ciudadanos parece imposible, al menos mientras los actuales dirigentes estén al frente de sus partidos. Sánchez ha continuado en su papel presidencial, pasando por alto varias oportunidades que tuvo para ofrecer un perfil más próximo.

La segunda vuelta del debate electoral clarifica las posiciones de los partidos

El segundo debate televisivo entre los candidatos a presidir el Gobierno demuestra la necesidad de más debates, en especial entre los dos contendientes reales, Sánchez y Casado. Aunque el formato más ágil del debate de ayer, con preguntas de los moderadores bien orientadas, ha dado lugar a un debate más vivo, ningún tema se desarrolló mínimamente, más allá de frases rotundas o de difícil comprensión. Sólo ha habido una aportación relevante: el acuerdo entre el PSOE y Ciudadanos parece imposible, al menos mientras los actuales dirigentes estén al frente de sus partidos.

Sánchez ha continuado en su papel presidencial, pasando por alto varias oportunidades que tuvo para ofrecer un perfil más próximo o de desgranar políticas más pegadas a los problemas reales. La lectura en varias ocasiones de propuestas tecnocráticas contribuyó a esa actitud distante. A su favor, la inercia le favorece y ya se encarga Podemos de prestarle toda la ayuda como buen gregario. Excesivamente contenido incluso para defender los logros evidentes de las políticas socialdemócratas en España.

Casado cambió de registro. Persiguió la confrontación con Rivera especialmente, menos con Sánchez, demostrando donde se juega los votos. Hizo una clara defensa del legado conservador de Aznar y Rajoy buscando despertar la fidelidad de sus votantes de ayer y mostró soltura en temas que durante la campaña él mismo y otros candidatos de su grupo se habían encargado de emborronar: aborto, eutanasia, igualdad de género, malos tratos, etc. Más un distanciamiento medido con Vox. Si el resultado electoral resulta ser muy negativo, no se dejará sustituir fácilmente.

Iglesias mejoró sensiblemente sobre la víspera. Claro en sus propuestas, ordenado en sus intervenciones, sereno en las críticas. Mostró la solvencia de un dirigente, tantas veces empañada por la construcción de un personaje. No dejó de marcarle el camino de la izquierda a Sánchez ni de afearle el posible acuerdo con Ciudadanos. Probablemente habrá frenado algo la deserción de los suyos.

A Rivera le puede el nerviosismo. Ayer alcanzó el histrionismo actuando deliberadamente como provocador: el libro de la tesis, más fotografías, el rollo de imputados… demasiado teatro que no se acompañó de propuestas claras. El ejemplo de la actuación en Andalucía, que no presiden, demuestra la carencia de contenido real que suele exhibir. No basta llamarse liberal, hay que explicar en qué consiste.

La doble sesión de debate, en días continuados, funde las intervenciones. Seguimos ante cuatro candidatos con escasa empatía aunque muy entrenados en el debate, expertos conocedores de cifras y políticas, alejados de la política internacional o europea, ausente por completo del debate. De nuevo carencia de un discurso global sobre el futuro del país, donde al menos Iglesias dibujó un escenario de convivencia frente a los problemas del secesionismo y de pluralidad frente al monolitismo de PP y Ciudadanos.

Gracias a los debates los electores tenemos hoy más elementos de juicio que hace unos días. Sabemos algo más sobre los posibles pactos de gobierno, sobre las rivalidades entre los miembros de cada una de las coaliciones posibles. Asimismo tenemos ideas generales de lo que viene en materia fiscal, social o educativa según quien presida el Gobierno. Frente a la aburrida y muy cara propaganda que recibimos en los buzones, hemos escuchado confrontación de ideas. También hemos visto el rostro más feo de la política: acusaciones desmesuradas, manipulación de hechos aislados como fotos, votaciones o conversaciones, insultos y menosprecios. Es el peaje inevitable en la escenificación del conflicto político como vemos cualquier día en los Parlamentos. Globalmente, como demuestran las cifras de audiencia de los debates, la democracia ha brillado y ha cumplido una función pedagógica para los ciudadanos. Más de lo que ocurre cualquier otro día. @mundiario

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