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¿Seguirá por mucho tiempo el autocumplimiento de lo que hay?

En Educación, pronto veremos si la LOMCE persiste mucho, si el déficit sigue siendo un problema, si el art. 27CE se remueve…, o si hemos de esperar.

¿Seguirá por mucho tiempo el autocumplimiento de lo que hay?
Isabel Celaá, ministra de Educación. / RR SS.
Isabel Celaá, ministra de Educación. / RR SS.

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Manuel Menor

Manuel Menor

El autor, MANUEL MENOR, es analista de educación de MUNDIARIO. @mundiario

Los que teorizan sobre la pasiva repetición cíclica de la estupidez humana suelen recurrir, muy dignos, a su comodín en situaciones como la de la nómina de ministras y ministros que acaba de jurar sus cargos. Varias son las sorpresas que ofrece y, entre las más llamativas, que la lista haya sido hecha tan pronto, cuando la impasibilidad cíclica no dejaba sospechar que pudiera haber un cambio en La Moncloa. Añádase la de que, en ese listado para gobernar, la nómina de mujeres haya superado ampliamente la anhelada “paridad”.

Las reacciones, sin embargo, no todas son sorpresivas. Algunas proyectan sofisticados modelos de la estupidez que Piergiorgio Odifreddi denosta a gusto en su muy lúcido y divertido Diccionario de la estupidez (tan bien editado por Malpaso). Es tremendo que, no atreviéndose nadie a meterse con la incompetencia de los nominados y nominadas –pues en general se les reconoce experiencia y preparación “técnica”- muchos medios sobradamente connotados de sesgo conservador y hasta reaccionario ya pongan tachas a algunos o algunas –especialmente a las dos mujeres que ocupan ahora los Ministerios de Sanidad y de Justicia- por muy variopintas razones, como que la seriedad mostrada en su trabajo y la defensa de los intereses del Estado puedan obstaculizar los intereses particulares, la sacrosanta propiedad privada y sus negocios conexos.

Comprensivos y hasta doctrinarios del reciente pasado, y teniendo en cuenta que perderían audiencia en este momento si discreparan mucho  sobre el acierto de este listado, indican por donde va a ir la oposición a este Gobierno de Pedro Sánchez. Estos medios y sus tertulianos no dudan en afirmar que es un ejecutivo “diseñado en clave electoral”, un Gobierno de celebrities, excesivamente “efectista”, y similares. Y detrás, no han cesado de oírse –como un mantra descalificador ab ovo-  las voces de quienes proclaman que es un Gobierno “falso”, no “elegido por el pueblo” y con solo 84 diputados, que se ha colado por la puerta de atrás de la democracia y que vaya usted a saber qué ha pactado hacer con España cuando ha sido aupado por todo tipo de vendepatrias.

Lo verdaderamente estúpido es no aprender de la Historia –la más reciente también lo es. Las teorías de su circularidad, como las muy providencialistas, enseñan que el ser humano es un eterno menor de edad. Cuanto hace ha de contar con la protección del panteón en que oficia una nómina de clérigos y burócratas, fieles adoradores de un presunto sentido común propagado por los fuertes. El resto de los humanos, incapaz de comprender e intentar solucionar sus limitaciones en pie de igualdad, debe dejarse llevar por la panda de selectos, únicos capaces de ejecutar tan alto designio. Ahora, perdido el paraíso, repiten –ellos sí- escenas de 2004 que duraron tanto, que algunos animan a Aznar a que gestione su “centro derecha”.

Estos últimos años de Gobierno del PP nos han mostrado muchos signos de esa estupidez instituida, a la que tampoco fueron ajenas bastantes decisiones anteriores, especialmente visibles desde 2009, cuando la estética que se publicitaba se mutó en rictus amargo, con recortes a los funcionarios, una reforma laboral tan peculiar y aquel artc. 135 CE: ¡Vaya Tercera Vía!

¿Cuánto pesará “lo que hay”?

Los acostumbrados a resistir, saludable es que tengan los pies en la tierra. Los nuevos ministros les educarán pronto con sus primeras decisiones y gestos. Estos tenderán a remendar aquellas y enseguida empezaremos a dudar entre lo prometido –simbólicamente, claro, porque el programa se irá mostrando sobre la marcha- y lo postergado. Esperemos que la nueva ministra de Educación enseñe, ante todo, a no tener que distinguir mucho entre lo necesario y lo importante. Compaginar las urgencias que tiene el sistema escolar con la portavocía del Gobierno y con que la astronáutica se haya llevado las Universidades consigo, le multiplicará la necesidad de ejercitar a fondo las competencias que haya adquirido en su trayectoria anterior. ¡Atentos!  @mundiario