¿Corrige Sánchez a Kelsen y formula una teoría del Estado sin Derecho?

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Pedro Sánchez y Quim Torra.

En todos los documentos del acuerdo de Sánchez con ERC  y ahora con Torra, no se cita, como marco obligado, la Constitución. Se alude a  “garantías jurídicas” abstractas, mientras se afirma que la "La Ley no es suficiente".

¿Corrige Sánchez a Kelsen y formula una teoría del Estado sin Derecho?

Cuentan los biógrafos de Juan March que éste solía decir: ¿La Ley? Si hubiera cumplido la Ley nunca habría llegado a millonario. Este sujeto, cuyo nombre adornó el de un banco y una fundación fue calificado por Cambó como “El último pirata del Mediterráneo”. Se hizo rico gracias al contrabando, desafiando a un débil estado, y su capacidad de corromper era tal que hasta se fugó de la prisión con el director del centro donde estaba recluido. Al escuchar al presidente del Gobierno, doctor Pedro Sánchez, que la “Ley no es suficiente” y culpar al propio Estado de contribuir al conflicto, por aplicarla del conflicto de Cataluña, como si el mismo no se debiera a quienes se alzaron contra la Constitución e incurrieron en supuestos tipificados en el Código Penal, me acordaba de aquella cita. Y lo más abyecto de todo esto es que el mismo personaje que nos da el mensaje de que la Ley se aplique o no según dependa acaba de prometer cumplir y hacer cumplir la Constitución; ergo, la Ley.

Pero ya nada sorprende en nuestros días, cuando leemos que hay jueces y magistrados que renuncian a la función esencial de su función que es aplicarla a aquellos que la vulneran. Según nuestro nuevo sistema de valores, la Ley es una herramienta de carácter aleatorio, no imperativa, de suerte que se aplicará a o no según el caso y la conveniencia de la política. Es natural que el presidente del Gobierno diga lo que dice. Hay jueces y magistrados que entienden que la política puede ser un territorio exento de aplicar la ley como principio primero del Estado.

En realidad, el doctor Sánchez ha formulado una nueva “teoría del Estado” y corrige a Kelsen, a Platón y Aristóteles. El primero nos enseñó que la Ley es el fundamento del Estado, como parecía lógico; los segundos defendieron “el gobierno de las leyes frente al gobierno de los hombres”. Cierto que las leyes se pueden cambiar, pero deben cumplirse; es decir, que el Estado no puede depender en cada caso del voluntarismo del que quiera respetar la ley o no. Y ¿qué es el Estado? La respuesta de Kelsen es notable: “el Estado es una ficción; no existe; lo que existe es el Derecho”.  Dicho de otro modo, Kelsen llega a la conclusión de que el Estado y el Derecho son totalmente iguales, ya que el Estado sin el Derecho no podría ser estado viceversa, se dice que son completamente iguales ya que se habla de un ordenamiento de los poderes que legislan un territorio que son inapelables y que se aplican tajantemente según la voluntad del legislador que actúa en nombre de la sociedad. Pero el doctor Sánchez entiende que la Ley, el Derecho no es la substancia sobre la que descansa el Estado, sino que la Ley o el Derecho, deben ceder ante la conveniencia de cada momento, según él la interpreta.

No se cita la Constitución

En todos los documentos que el Gobierno ha evacuado sobre sus acuerdos primero con ERC y ahora con Torra, no se cita para nada, como antes se hacía, a la Constitución. Eso sí, se alude a no sé qué “garantías jurídicas” abstractas y desconocidas que no sabemos lo que son por boca de Sánchez, pero sí de Rufián. Aparte de que no cabe garantía jurídica alguna que no se acomode a la Constitución, ya sabemos que se refiere, según Rufián, al margo internacional de las Naciones Unidas en cuanto a garantes del derecho a la autodeterminación, aunque no sea aplicable a Cataluña, según la Constitución.

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Tras la reunión con Torra, aparecen caricaturas así en las redes.

La ley no es suficiente, claro está. De momento sabemos que Sánchez no ha puesto límites al contenido de la reunión bilateral (es decir, entre iguales), entre el Gobierno del Reino de España y el de la Comunidad Autónoma de Cataluña que no pone otra cosa delante de Sánchez que tres cosas: Referéndum de autodeterminación, ergo, independencia; amnistía y “fin de la represión”, o sea que no se aplique la Ley en aquel territorio a quienes la vulneren. Y Sánchez los complace, primero porque el conflicto ya no es de convivencia, sino político, y porque hay que corregir la “judicialización”, o sea, la aplicación de la Ley a quienes la vulneren. Es decir, plena impunidad.

Lo que ha quedado claro, y la evidencia es que no se cita para nada ni en el pacto con ERC ni en las 44 medidas ofrecidas a Torra, es que no se sitúa la solución del conflicto dentro del marco de la Constitución, insisto. Y, por lo tanto, el propio Sánchez, con su habitual lenguaje equívoco viene a reconocer que lo de la autodeterminación –que no ha descartado—es un asunto que va para largo. Pero mientras, Junqueras y Torra le dicen de eso nada: sigue siendo el objetivo principal urgente e irrenunciable.

Por este camino, que desde la presidencia del Gobierno del Estado se aboque a la destrucción de éste con la frivolidad a que nos acostumbra el mudable presidente, con tal de seguir siéndolo, vamos a tener necesidad de repetir aquel grito de Ortega y Gasset cuando clamó “El Estado no existe, reconstruidlo”. Estos días he vuelto a leer lo que, a mi entender, es el mejor enfoque sobre lo que él mismo calificó como “el problema catalán” con el que hay que acostumbrarse a convivir. Me refiero al discurso de don José Ortega y Gasset ante las Cortes Generales de la II República el 13 de mayo de 1932 en la discusión del proyecto de Estatuto para Cataluña. Pero con Zapatero y ahora con Sánchez vamos a peor.

Ortega lo dijo claro: un problema sin solución

Dijo Ortega: “Yo sostengo que el problema catalán, como todos los parejos a él, que han existido y existen en otras naciones, es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar, y al decir esto, conste que significo con ello, no sólo que los demás españoles tenemos que conllevarnos con los catalanes, sino que los catalanes también tienen que conllevarse con los demás españoles”. ¿Ha cambiado algo desde entonces? Unos se empeñan en que no, otros creemos que sí. Cataluña, como sujeto político, goza de un autogobierno del que no disponen incluso territorios de estados federales. Pero se empeñan en seguir la misma cantinela, porque el objetivo no más autogobierno, sino la independencia. Eso está claro.

¿Quiénes son esos catalanes tan diferentes del resto de los españoles que algunos reclaman como sujeto político de conjunto? ¿Acaso los que tengan dieciocho apellidos catalanes, los descendientes de los franceses importados en el periodo carolingio, los sucesores de la “Marca Hispánica?”. Hoy forma parte de ese pueblo, y se residencia en el nacionalismo radical, una nada desdeñable masa “charnega” (según el lenguaje ahora restringido del nacionalismo patriótico) de hijos y nietos de murcianos, andaluces o extremeños, como denotan sus apellidos y su afán de conversos, mientras otros miles de catalanes de estirpe vernácula quieren seguir siendo españoles como los demás. Por no decir que ya se convocan como futuros padres fundadores de la nación catalana a pakistaníes, marroquíes o biafreños.

Los catalanes que se sienten españoles, olvidados

Sánchez ha despreciado y olvida que siguen siendo más los catalanes que, deseando seguir siendo unos españoles más, tienen miedo a manifestarse como tales ante la marea de nacionalismo desatada, en todo caso, por una minoría, por mucho que sean. Aparte de las evidencias surrealistas de nuestros días, en que aparezcan andaluces o hijos de andaluces, adecuadamente jaleados por TV3 manifestando no ya rechazo, sino odio a España y a lo español. Es la vieja cantinela de los conversos de todos los tiempos.

Ortega centraba el problema catalán justamente en el deber del Estado de proteger a los catalanes que querían seguir siendo españoles, como los demás. Sánchez los acaba de ignorar, ya que, por lo visto, no existen otros que los que quieren salirse y destruir el Estado que gracias, curiosamente a los mismos a quienes se somete, lo han hecho presidente.

La crónica diaria de esta rendición del Estado ante los separatistas se enriquece cada día. Torra insiste en que en la reunión bilateral Gobierno-Generalitat haya un mediador que tutele el compromiso que asuma el Estado. ¿Con qué instrumentos para imponerlo? Y no olvidemos que esos acuerdos se someterán a referendo de los electores de Cataluña; es decir de los españoles con vecindad civil en aquella comunidad. ¿Y con qué efectos jurídicos?  Ya los decidirán en su momento. @mundiario

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