¿Riqueza o desigualdad?: Oxfam tiene claro que las desigualdades matan

Las desigualdades matan / Oxfam Intermon
Las desigualdades matan. / Oxfam Intermon
Durante la pandemia ha surgido un nuevo milmillonario cada 26 horas (casi uno al día), y mientras los 10 hombres más ricos han duplicado sus “riquezas”, 160 millones de personas han caído en la pobreza.
¿Riqueza o desigualdad?: Oxfam tiene claro que las desigualdades matan

Al leer el documento que acaba de publicar Oxfam Intermon sobre la desigualdad (“Las desigualdades matan”), se me cae la cara de vergüenza de las muchas veces que he mencionado y defendido el Estado del Bienestar. Y creo que la socialdemocracia europea, que tras la segunda guerra mundial influyó sobremanera para que ese Estado del Bienestar se implantara en Europa, debería reflexionar sobre su fracaso al haberse quedado regando y podando su jardín europeo, sin atreverse a dar el enorme y esforzado paso necesario para expandirlo por el resto del mundo.

Me impresionan, sobre los muchos hechos incontestablemente sorprendentes que plantea, algunos datos significativos:

Durante la pandemia ha surgido un nuevo milmillonario cada 26 horas (casi uno al día), y mientras los 10 hombres más ricos han duplicado sus “riquezas”, 160 millones de personas han caído en la pobreza. Y, citando a M. Lawson y D. Jacobs llegan a decir textualmente lo siguiente:

“Si se aplicara un tributo del ¡99%! a los ingresos extraordinarios que han tenido durante la pandemia los 10 hombres más ricos del mundo, con ese impuesto se podría haber vacunado a toda la población mundial, se habrían financiado los servicios de salud y protección universales, se habría financiado la lucha contra la violencia de género de 80 países, se habría financiado el déficit de las deficiencias climáticas. Y después de todo ello, estos 10 hombres podrían tener además entre todos 8.000 millones de dólares más que antes de la pandemia”.

Semejantes descomunales ganancias sólo es posible que surjan de la especulación financiera. Y no está nada claro que signifiquen producción de bienes. Es decir: riqueza en el sentido social o comunitario de la palabra.

El enunciado de esa utopía puede llevarnos a reflexionar sobre muchas cosas. La primera es sobre la utilidad del actual capitalismo financiero especulativo (porque esa ingente cantidad de dinero no se obtiene fabricando bienes industriales o tecnológicos). Ese capitalismo financiero especulativo que nos llevó a la gran crisis financiera del 2008. La segunda es si esa enorme cantidad de dinero crea bienes reales, útiles para la humanidad: es decir, si realmente es riqueza. La tercera es preguntarse quién crea realmente riqueza. Riqueza tangible, como conjunto de bienes.

La respuesta, en cierto modo, nos la da también el mencionado informe titulado “Las desigualdades matan”, cuando cita la frase de Bézos: “Gracias a todos los empleados y clientes de Amazon, porque sois vosotros quienes habeis pagado por todo esto”. “Todo esto” -es decir: todo un entramado de ganancias- procede del trabajo de los pobres (los trabajadores de Amazon, muchas veces tratados como falsos autónomos), de la elusión de impuestos (las llamadas “grandes tecnológicas” si facturaran desde España, que muchas no lo hacen, pagarían como mucho unos 30 millones de euros de impuesto de sociedades…); y de alimentar de manera desmedida la ideología consumista, disfrazada de “facilidades”.

La gran ironía, aunque ya venía servida de antes, se agudiza a partir de la crisis financiera de 2008. La crisis la genera el capitalismo financiero, no sin la anuencia -y a veces el apoyo entusiasta- de los poderes públicos de los Estados. Las instituciones que teóricamente velan por la salud financiera (pero que no advirtieron aquello de los activos tóxicos) imponen medidas de austeridad imperativas: de forma que quienes generan la riqueza: trabajadores, empresarios industriales…, ven recortados sus salarios, alargada su vida laboral, cercenados sus créditos. Es decir, pagan los vidrios que no rompieron precisamente ellos.

Últimamente van apareciendo críticas a nuestro sistema bancario. Tras haber seguido una dudosa política de concentración y fusiones, han incrementado su poder monopolístico. Y se han dado cuenta de que el capitalismo “de verdad” es el fieramente especulativo: no es el del ahorrador privado, que les entrega su dinero -y sus comisiones- para que se lo guarde, entre otras cosas porque los Estados (léase claramente España) prohíbe que cualquier pago superior a los 1.000 euros se haga fuera del circuito de los bancos. El “verdadero” capitalismo es el financiero especulativo. Y les estrechan el camino a los ahorradores privados, y a las empresas concretas, y empiezan a hacer pinitos en el mundo especulativo financiero (que ya veremos dónde terminan).

Si el dinero fuera suyo, podrían -como dice el refrán- “hacer de su capa un sayo”. Pero el dinero es de esos pequeños ahorradores a quienes les hurtan servicios, cerrando oficinas, restringiéndoles los horarios de atención, y estrechándoles los créditos para el funcionamiento empresarial. Porque lo que da réditos -dicen- es el de las “grandes” finanzas y fondos de inversión y de pensiones, que -por cierto- también nacieron, y se nutren, del dinero concreto de los pequeños ahorradores y empresarios, que construyen día a día la economía real.

Habrá muchos que se escandalicen con el título del informe de Oxfam Intermon de 2022: “Las desigualdades matan”. Pero invito a todos a que lo lean y reflexionen. Si no quieren pensar desde las perspectivas que modestamente les planteo, háganlo como Dios les dé a entender. O quizá mejor el Papa, que en muchos de estos temas -muy marxista él, según los ortodoxos del “orden establecido”- habla más claro que el agua. Pero léanlo, y reflexionen. Y después, tal vez todos podríamos obrar en consecuencia. @mundiario

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