Las respuestas ofrecidas por las urnas gallegas el 25 de septiembre

Alberto Núñez Feijóo.
Alberto Núñez Feijóo. / EP

La derrota de Feijoo requería la máxima movilización del electorado potencial de En Marea, PSdG y BNG. Tal circunstancia no ha sucedido: la abstención ha castigado, fundamentalmente, a la oposición.

Las respuestas ofrecidas por las urnas gallegas el 25 de septiembre

Las elecciones al Parlamento gallego del pasado 25 de Septiembre debían resolver cuatro incógnitas: ¿reeditaría el PP de Núñez Feijoo la mayoría absoluta que disfrutaba desde 2009?; ¿tendría lugar el “sorpasso” de “En Marea” –la nueva formación política creada a finales del mes de Julio- al Partido Socialista?; ¿aguantaría el BNG el presumible impacto de su tendencia descendente de los últimos años?; ¿entraría Ciudadanos, por primera vez, en la Cámara legislativa?

Obviamente, la importancia de las interrogantes no era equivalente. La resolución de la primera condicionaría decisivamente el mapa político resultante y determinaría, sobre todo, el carácter del nuevo gobierno de la Xunta. En este sentido, la respuesta ofrecida por las urnas no deja lugar a dudas: el PP repite su cómoda mayoría absoluta obtenida en el 2012 con un pequeño incremento en el porcentaje de votos recibidos. Feijoo consiguió algo que parecía imposible en las circunstancias políticas actuales: mantener, después de 8 años, una hegemonía parlamentaria que no existe en las restantes Comunidades Autónomas. La relevancia de este éxito es indiscutible y coloca al presidente de la Xunta en la rampa de lanzamiento para cualquier operación de sustitución o relevo en la política estatal.

El triunfo de Feijoo se ha construido sobre tres factores básicos: la fortaleza notable del PPdG (una potente estructura organizativa, una eficaz red clientelar tejida desde los numerosos centros de poder que acumula este partido en las últimas décadas, un blindaje mediático sin fisuras); la conversión de la campaña electoral en un plebiscito sobre la propia figura del presidente (los carteles remarcaban la imagen del candidato y casi ocultaban la sigla del partido) y las graves carencias de las que hizo gala la oposición durante los últimos años.

En estas condiciones, la derrota de Feijoo requería, como condición necesaria, la máxima movilización del electorado potencial de las fuerzas de la oposición. Tal circunstancia no ha sucedido: la abstención –en niveles semejantes a la de hace cuatro años pero más alta que la registrada en otras citas autonómicas anteriores- ha castigado, fundamentalmente, a “En Marea”, PSdG y BNG. En ello posiblemente hayan influido diversos motivos: las graves luchas intestinas padecidas en el universo socialista, las asintonías vividas en la Marea (téngase presente que Podemos decidió, entre sonoras polémicas y en el último minuto, su integración en el nuevo partido instrumental), el poco conocimiento de Luis Villares como candidato a la presidencia de la Xunta por la nueva formación y el desgaste experimentado por la marca BNG en las anteriores citas electorales.

¿Cómo influyó el contexto político estatal en esta cita gallega? Seguramente de forma contradictoria. Por una parte, el cansancio por la repetición pasada, y tal vez futura, de las elecciones  generales alimentaba la inhibición ante las urnas. Al mismo tiempo, la posibilidad de castigar a Rajoy, a través de Feijoo, constituía un incentivo adicional para apoyar a las fuerzas de la oposición. Las prevenciones adoptadas por los diseñadores de la campaña del PP para vincular lo menos posible la figura del presidente de la Xunta con la del actual inquilino de la Moncloa (sólo coincidieron en dos actos durante quince días) revela la existencia de un temor que finalmente no tuvo el impacto que cabía esperar.

Por lo demás, el BNG sólo perdió un deputado de los 7 que había obtenido hace cuatro años, conjurando las expectativas que dibujaban previamente diversos estudios demoscópicos. Aunque pervive su dinámica descendente que le sitúa en niveles de representación parecidos a los que tenía en 1989, ha evitado el shock que supondría su eventual desaparición del escenario parlamentario.

Ciudadanos ha perdido tirón electoral en relación a lo sucedido en Diciembre de 2015 y Junio del presente año. Ha fracasado en su intento de alcanzar algún escaño que pudiera condicionar la política del PP. Más allá de los errores y deficiencias detectados en su campaña, hay un elemento de fondo que conviene tener en cuenta a la hora de buscar explicaciones a este intento fallido: el partido de Albert Rivera ha construido una parte importante de su identidad en base a la confrontación con el hegemónico nacionalismo catalán y en Galiza la situación es radicalmente diferente. El nacionalismo político es importante pero no ha sido mayoritario en los 35 años de existencia de las instituciones del autogobierno gallego.

En el nuevo ciclo político que se abre en la política gallega, el PP deberá afrontar la sucesión del mitificado Feijoo y la oposición –encabezada por Luis Villares- tendrá que gestionar un objetivo complicado: cooperar lo necesario para ofrecer una alternativa gubernamental creíble manteniendo la identidad de los espacios electorales respectivos.

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