La responsabilidad de Zapatero en el proceso soberanista de Cataluña

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Zapatero quiso hacer un favor a su amigo Maragall

Para salir de la actual situación, aplicando en articulo 92 de la Constitución, cabe convocar un referéndum consultivo en el que todos los españoles decidamos si queremos que Cataluña siga formando parte de España.

La responsabilidad de Zapatero en el proceso soberanista de Cataluña

Estamos asistiendo a una pintoresca reivindicación del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, sin el menor pudor por parte de sus promotores, “como el hombre que acabó con ETA” con lo que se pretende contrarrestar la mala imagen de sus errores y embustes a lo largo de su mandato. Sobre todo, del más grave de todos que fue dar alas al independentismo catalán, a partir de su famosa frase: “Aceptaré el Estatuto que salga del Parlamento de Cataluña” o “El concepto de nación (España) es discutible y discutido”.

Conviene recordar ahora que hace cinco años, en dos profundos análisis sobre las torpezas de Zapatero, el catedrático de Derecho Constitucional Jaime de Esteban predijo lo que iba a ocurrir y ahora ocurre con precisa certeza, y adjudicó a la inconsciencia de Zapatero lo que ahora padecemos.

En dos memorables análisis, titulados con carácter general “Hacia la independencia catalana”, publicados en “El Mundo” en mayo de 2013, el profesor de Esteban vaticinaba el porvenir. El primer trabajo, titulado precisamente Hacia la independencia catalana (I) precisaba “Un decisivo peldaño se consumó en 2006, gracias al apoyo irresponsable de Zapatero a un nuevo Estatut”.

Acusaba de Esteban de pasividad a los sucesivos gobiernos de Madrid ante la escalada progresiva del independentismo, que nunca ocultó sus objetivos. Y al hacer memoria de lo ocurrido desde el inicio del proceso constituyente, entendiendo que de todas las soluciones posibles para la integración del independentismo vasco y catalán se elogió la peor, en perjuicio del resto de los españoles.

Y en este sentido apuntaba:

“Esto es, se decidió adoptar un modelo inspirado en la Constitución de 1931 para organizar territorialmente el Estado. Este modelo fue reivindicado por los partidos nacionalistas que, gracias al Decreto-Ley de 1977 sobre el régimen electoral, habían conseguido entrar en las Cortes con una representación que sobredimensionaba su importancia a nivel nacional.

A partir de entonces la presencia de los partidos nacionalistas, junto al carácter abierto de las competencias que podían adquirir comunidades autónomas denominadas nacionalidades, contribuyó a que se fuese engrosando el volumen competencial tanto en el País Vasco como en Cataluña, en detrimento de las del Estado. Se disponía así de un método para ir fomentando las tendencias centrífugas de las nacionalidades, merced a que los diferentes Gobiernos, salvo alguna excepción, necesitaron el apoyo de los partidos nacionalistas para gobernar. Éstos se convirtieron en partidos-bisagras, indispensables para la estabilidad de Gobierno central, lo que les confería poder suplementario."

Pero el elemento esencial que relanza el movimiento independentista, como advertía de Esteban fue la propia irresponsabilidad de Zapatero. Y este respecto, escribía hace cinco años:

“Un decisivo peldaño se había consumado en 2006, gracias al apoyo irresponsable de Zapatero, con la elaboración de un nuevo Estatut que nadie había exigido, salvo los nacionalistas catalanes y Pasqual Maragall. El texto aprobado por el Parlament era más bien una Constitución que una norma estatutaria. En las Cortes, hubo un intento de adelgazar la ambiciosa gama de competencias que se había atribuido la Generalitat. Algo se eliminó en los debates, pero seguía siendo una norma inconstitucional. De ahí que el Partido Popular no tuviese más remedio que recurrirla ante el Constitucional.

Durante cuatro años sus magistrados estuvieron decidiendo qué hacían. Como las posiciones estaban enfrentadas, ya que unos querían dar luz verde a esa aberración jurídica y otros opinaban que había que echarla abajo, se llegó a una solución pastelera. Algunos artículos se declararon inconstitucionales, mientras que otros requerirían una interpretación acorde con la sentencia. Eso no contentó ni a los que opinaban que el Estatut seguía siendo inconstitucional, ni a los nacionalistas catalanes, que no admitieron que se hubiese tocado su texto sagrado. Desde ese momento ya no satisfacía los deseos de la clase dirigente catalana, por lo que había que dar un paso más”.

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Los humoristas lo vieron así.

 

Y lo dieron, el proceso soberanista tal y como lo padecemos

Decía de Esteban que el camino emprendido por los nacionalistas catalanes, desde los mismos inicios de nuestra actual democracia, evidencia sobre todo una cosa: su deslealtad constitucional. Y en ese sentido, recordaba que la Constitución fue aprobada en Cataluña por el 88% de los que votaron en el referéndum de 6 de diciembre de 1978, con un 67% de participación. Sin embargo, este apoyo masivo de los ciudadanos no fue correspondido por la nueva clase política catalana que comenzaba a gobernar, porque pronto empezaron a incumplir algunos preceptos constitucionales.

El profesor de Esteban recordaba en su artículo que a través del Estatut de 2006, amparado por el irresponsable Zapatero, se atribuía a la Generalitat un número ingente de competencias exclusivas, que aparecían blindadas. A través de sus 223 artículos se pretendía de forma minuciosa ir desgajando detalladamente cualquier competencia en subcompetencias para evitar que el Estado pudiera legislar sobre ellas, a pesar de que en la Constitución aparecían como competencias exclusivas del Estado.

¿Y cómo salimos de la actual situación? Pues ya en 2013, el prestigioso constitucionalista nos daba solución: Que el Gobierno, según el artículo 92 de la Constitución, convocase un referéndum consultivo en toda España, con la pregunta: “¿Está usted de acuerdo con que Cataluña siga perteneciendo a España?”, después de una campaña en libertad en la que cada partido expusiera sus razones, habría que decidir, a la vista de los resultados globales y de los propios de Cataluña en particular, qué es lo que cabría hacer.

Quizá al final no quede otro remedio. @mundiario

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