El recrudecimiento del conflicto en Malí empuja a los refugiados a Canarias

Ejército de Malí. / Captura de pantalla.
Las consecuencias de la guerra en el Sahel han agravado la crisis humanitaria en la región, con 13.7 millones de refugiados y desplazados internos en África occidental y central en julio.

El conflicto en Malí, que ha intensificado su violencia en los últimos dos años con la llegada de la junta militar golpista al poder, junto con la reciente política migratoria de Túnez tras los acuerdos alcanzados con la Unión Europea en 2023, están desviando a miles de migrantes hacia la ruta canaria. Según datos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), las llegadas de migrantes a Italia han disminuido en un 66 % debido a las estrictas medidas impuestas por Túnez, lo que ha empujado a un creciente número de malienses a optar por Canarias como su destino de escape.

Malí, por primera vez en su historia reciente, se ha convertido en el principal país de origen de la emigración irregular africana hacia España. Este cambio en el perfil migratorio es significativo, ya que a diferencia de los migrantes marroquíes y senegaleses, que suelen ser principalmente migrantes económicos, los malienses huyen de un conflicto bélico.

El presidente Pedro Sánchez inició una gira por África Occidental, con paradas en Mauritania, Gambia y Senegal, centrada en abordar la creciente crisis de la emigración irregular. Esta visita se produce en un momento en que el conflicto en Malí, originado en 2012 por la insurgencia de rebeldes tuaregs y grupos yihadistas, se ha extendido a prácticamente todo el país. La ofensiva del Ejército maliense, apoyado por mercenarios rusos del grupo Wagner, ha resultado en masacres de civiles y un aumento de refugiados, que huyen no solo de la violencia, sino también de las devastadoras consecuencias económicas y del aislamiento regional e internacional.

Las consecuencias de la guerra en Malí han agravado la crisis humanitaria en la región, con 13.7 millones de refugiados y desplazados internos en África occidental y central en julio de 2024, un aumento del 25 % respecto al año anterior. Sin embargo, a pesar de este incremento, la ayuda internacional ha disminuido drásticamente. En 2024, solo se ha financiado menos del 20 % de los 2.000 millones de euros necesarios para atender las necesidades de refugiados en países como Burkina Faso, Malí y Níger. Esta falta de recursos está forzando a muchos refugiados a considerar la emigración a Europa como su única opción viable.

La ruta migratoria hacia Europa se ha visto alterada por las duras políticas implementadas en Túnez, un país que anteriormente se había convertido en un punto de salida crucial tras los abusos documentados contra migrantes en Libia. Los acuerdos firmados entre Italia, la Unión Europea y Túnez, que incluyen inversiones por más de 1.000 millones de euros, han endurecido las condiciones para los migrantes en el norte de África. Según organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch, los migrantes en Túnez enfrentan persecuciones, torturas y expulsiones forzosas, lo que ha llevado a muchos a buscar nuevas rutas, como la canaria.

Mauritania, país vecino de Malí y un paso clave en la ruta hacia Canarias, se ha visto desbordado por la afluencia de refugiados malienses. A pesar de los acuerdos de libre circulación y la acogida obligada por razones de solidaridad, las capacidades del país están al límite. El campo de refugiados de Mbera, que oficialmente alberga a 110.000 personas, ha sobrepasado su capacidad, y muchos refugiados se han trasladado a las ciudades, donde consideran la posibilidad de continuar su viaje hacia Canarias.

La ruta canaria ha emergido, así, como una opción cada vez más utilizada por los malienses, quienes ven en ella una posible vía de escape frente a la desesperada situación en su país y las duras condiciones en otros puntos de tránsito en el norte de África. @mundiario