Los recientes episodios refuerzan la españolidad de Ceuta y Melilla

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Ceuta y Melilla, un complejo mosaico. / RR SS.

Además tienen su peso tanto la historia como el sentimiento generalizado, más agudo incluso que en la península.

Los recientes episodios refuerzan la españolidad de Ceuta y Melilla

Una de las ocasiones en que visité Melilla, para dar un curso a funcionarios, una de las alumnas, musulmana bereber, que creía en la Virgen, me llevó a conocer la sinagoga donde tenía un amigo. Esta anécdota personal refleja la interculturalidad y la convivencia entre las comunidades de origen árabe, la bereber (donde hay musulmanes y cristianos), la judía y la musulmana. Aparte de esta experiencia, desde niño, Melilla y la historia que la rodea ha formado parte de mi curiosidad e interés. Mi abuelo paterno fue en su tiempo uno de los supervivientes del Desastre de Annual, y también tiene su historia. En mi infancia jugué con mis primos con el capote que mi abuelo se trajo de aquella campaña. Aunque era de Infantería figura entre los supervivientes por una curiosidad casualidad. Como por criar ganado era experto en curar heridas y rozaduras del ganado, como sabes los campesinos gallegos, fue agregado con los maestros herradores del Regimiento de Caballería Alcántara que estaban en la retaguardia de la retirada, heroicamente contenida por sus jinetes y tuvo la suerte de hallarse entre los pocos supervivientes.

He contado esta historia mil veces en la propia Melilla, donde he sido profesor invitado en los cursos para funcionarios del Instituto Nacional de la Administración Pública, y en el propio Tercio Juan de I, primero de la Legión, donde he estado en repetidas ocasiones por coincidir allí con amigos míos gallegos, como uno de sus recientes coroneles.

Osario común del cementerio de Melilla con los restos de los soldados españoles. / RR SS. 

Este mismo año de 2021 se conmemora el primer centenario de aquella terrible derrota militar que costó la vida a 9.000 soldados españoles, en gran medida torturados y asesinados que se rindieron tras ser abandonados por sus oficiales y que dio lugar a vergonzosas situaciones descritas en el Expediente Picasso, que no llego a substanciarse debido al golpe de Estado de Primo de Rivera, quien era partidario de abandonar aquellos territorios donde tantos españoles perdieron la vida, y que incluso llegó a considerar ofrecer a Inglaterra cambiar Ceuta por Gibraltar. La amnistía otorgada por el Rey Alfonso XIII sumergió para siempre aquella vergüenza en el pretendido olvido, pero fue una de las causas de la subsiguiente caída de la Monarquía.

Las tesis abandonistas

Carlos Rontomé, profesor de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED subraya que “El dictador defendió las tesis abandonistas, una corriente de pensamiento que cuajó entre amplios sectores de la sociedad española debido a la sangría económica y humana que suponía la campaña en África”

Por otro lado, no he conocido a españoles más firmes en la convicción de serlo que los habitantes de las ciudades de Melilla y Ceuta, número de población semejante, en torno a las 80.000 personas en ambos casos. Son dos ciudades bien distintas por su origen, pero coincidentes en su españolidad, por lo que las dudas sobre ella o las frivolidades sobre su futuro causan idéntica indignación. La historia de Ceuta está reflejada en uno de los murales de la Estación de San Bento, de Oporto, relativo a la conquista de la plaza por D. Juan I de Portugal el 21 de agosto de 1415. Su escudo, con una pequeña diferencia es igual al de Portugal. En 1580 pasó a manos de España, cuando Felipe II se proclamó Rey de Portugal. Además, había en la ciudad una comunidad importante de españoles por su interés militar y económico en el norte de África. Los ceutíes, al contrario que el conjunto de los portugueses, prefirieron seguir siendo españoles en 1640. Y el 30 de abril de 1656 se les concedió ser naturales de Castilla y obtuvieron también el título de ciudad “Fidelísima” por no haber reconocido al duque de Braganza.

En cuanto a Melilla, la ciudad tuvo su relevancia a partir de la conquista de Granada, de suerte que los Reyes Católicos aprovecharon el disgusto de la plaza con el dominio bereber. En 1494, la ciudad se rebeló contra el sultán de Fez y pidió ayuda a los Reyes Católicos. La incipiente ciudad fue destruida, pero pudo ser conquista en nombre del duque de Medina Sidonia, Juan Alonso Pérez de Guzmán, por Pedro de Estopiñán y Virués. Los españoles reconstruyeron y fortificaron la nueva ciudad, contra la que se estrellaron los intentos de los musulmanes de recuperarla. Inicialmente formando parte de la provincia de Málaga, hasta que el 13 de marzo de 1995 se aprobaron los Estatutos de Autonomía de Ceuta y Melilla, por lo que pasaron a ser independientes.

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Propaganda marroquí exigiendo la devolución de lo que nunca fue suyo. / RR SS. 

 

Cuando el Rey Juan Carlos visitó Ceuta y Melilla, en ambas ciudades hubo sendas manifestaciones de españolidad de sus poblaciones, al tiempo que del otro lado hubo concentraciones en sentido contrario, con el respaldo del Gobierno alauita, considerando la estancia en aquellas plazas una manifestación de colonialismo. Aparte de su historia y del sentimiento generalizado, más agudo incluso que en la península, los recientes sucesos con Marruecos han reforzado la españolidad de Ceuta y Melilla.

Cuando Fraga metió la pata

En parte alguna se podría encontrar –y yo lo he buscado sin éxito, hasta ahora—el famoso “Libro Blanco” sobre la democracia, donde Manuel Fraga dice (sic): “Creemos que a España no le queda más opción, a la larga, que negociar con Marruecos respecto a Ceuta y Melilla…”. Nadie había llegado tan lejos. Fraga reculó, pero los melillenses no lo olvidaron. Estos días se han exhumado éste y otros cadáveres del pasado. Es curioso que el manto del olvido cubrió durante años las cosas que se dijeron en su día sobre el futuro de las llamadas plazas españolas de soberanía, hasta que hace cuatro años, el diario “Faro de Ceuta” trajo a colación un asunto en el que la prensa de la época no se metió a fondo.

El testimonio más abrumador sobre el lapsus –si fue un lapsus- de Fraga lo proporcionó uno de quien fuera su delfín, pese a que luego emprendiera otro curioso camino hasta acaba de asesor del venezolano Chávez. En ese sentido, Jorge Verstrynge, ex secretario general de Alianza Popular (AP), recuerda en su libro "Memorias de un maldito" que en el primer programa electoral de Reforma Democrática (partido político antecesor de AP), con Manuel Fraga Iribarne a la cabeza, se incluía "la cesión progresiva de la soberanía de Ceuta y Melilla a Marruecos". La idea saliera del Gabinete de Orientación y Documentación (GODSA), creado para diseñar las líneas políticas del nuevo partido, y del que formaron parte, además de falangistas, militares en activo, entre los que se encontraban Javier Calderón Fernández, que en 1996 fue nombrado director del CESID por José María Aznar.

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En la estación de San Bento, en Oporto, los azulejos portugueses recuerdan la toma de Ceuta. / RR SS.

El GODSA elaboró a mediados de los setenta un documento titulado "Libro Blanco para la Reforma Democrática", que fue coordinado por Verstrynge, quien cuenta: "El borrador del Libro Blanco fue entregado a Fraga en agosto de 1976 para que lo leyese durante sus vacaciones en Perbes: En septiembre dio el visto bueno, incluyendo el apartado que aseguraba que tarde o temprano habría que devolver Ceuta y Melilla a Marruecos. Se imprimieron unos 5.000 ejemplares del mismo, y se enviaron a políticos, periodistas y otros grupos de presión. Cuando el documento llegó a Ceuta y Melilla, se originó un rechazo al grito de «Fraga, Fraga, Melilla no te traga». Fraga me llamó entonces y me encargó que hiciese lo antes posible un folleto para aplacar los ánimos. El folleto, «Una Política Exterior para España», se hizo en una sola noche, y en el mismo se reivindicaba la españolidad de Ceuta y Melilla", concluye el relato.

El episodio de Juan Carlos y el senador norteamericano

Pero los datos están ahí: Cuando en 2014, el Gobierno de los Estados Unidos desclasificó determinados documentos diplomáticos secretos, salió a relucir un famoso telegrama que el senador norteamericano Ed Muskie hizo llegar al presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter, que le encomendara una gira por Europa, donde daba cuenta de que tras reunirse hora y media con el rey Juan Carlos I, en presencia del entonces embajador Terence Todman, para tratar diversos asuntos de interés para Estados Unidos (muy interesado en el Magreb y bien relacionado con Marruecos), el monarca español se mostró partidario al abandono de las ciudades de Ceuta y Melilla, mediante dos soluciones diferentes.

El contenido de ese telegrama, sobre el que investigó la propia Agencia Europa Press, fue referenciad por el historiador Charles Powell en su libro “Rey de la democracia”, donde se desmenuza el papel de Juan Carlos I en la recuperación de la democracia en España. El famoso cable diplomático atribuye a Juan Carlos expresar su postura favorable a reconocer que es preciso resolver el contencioso con el reino alauita sobre las dos ciudades españolas.

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La visita a Ceuta y Melilla del rey Juan Carlos I. / RR SS. 

¿Realmente, en aquella reunión secreta, celebrada el 30 de abril 1979, Juan Carlos I pensó que la solución era ---tras la experiencia todavía reciente de la “Marcha Verde” y su todavía poca experiencia en el trono--- como dice el telegrama, ceder Melilla a Marruecos y convertir Ceuta en una ciudad internacional, como lo fuera Tánger? La conversión sería de manera transitoria, mediante una especie de condominio o protectorado internacional, donde, sin duda, Francia reclamaría especial protagonismo.

Pese a que, en su momento, algunos políticos locales pidieron a la Casa Real que aclarase si lo que publica el libro sobre Ceuta y Melilla fuera cierto, pero la Zarzuela no entró en el asunto. Pero en todo caso, llovieron las críticas sobre el rey ahora honorífico como en su día llovieron sobre el libro de Fraga.

El papel del Ejército

¿Y el papel y la reacción del Ejército que, según la versión norteamericana pensaba controlar Juan Carlos, consciente de un inicial rechazo? La verdad es que conociendo la historia y el presente de estas dos ciudades y la gente que vive allí cuesta trabajo pensar que algún día dejen de ser españolas, entre otras cosas, por los propios servicios que prestan a las personas que viven del otro lado de la frontera. Especialmente los servicios sanitarios. Un marroquí conocido, de esos que salen mucho en Tele5 por ser pareja de la hija adoptiva de una tonadillera conocida, hijo de musulmanes, contaba no hace mucho como la cosa más natural del mundo: “Cuando mi madre se puso de parto, se fue a Ceuta (desde Marruecos donde vivía) y allí nací yo”.  Hoy en día Ceuta tiene algo más de 84.000 habitantes, algunos más que hace 42 años, y lo mismo ocurre en Melilla, que anota una población ligeramente superior, en ambos casos, mucha de procedencia marroquí, bereber en concreto en Melilla. En una de mis estancias en esta ciudad le pregunté a varios de mis alumnos bereberes de qué lado se pondrían si sus primos del Rif atacaban la ciudad y hube de disculparme porque se sintieron ofendidos. ¿A quién se le ocurre que vamos a querer dejar de ser españoles para ser marroquíes? @mundiario

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