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MUNDIARIO

La receta reactiva europea que reparte Borrell provocará una grave indigestión

El Foro La Toja terminó la semana pasada con fuertes críticas en distintos medios por la falta de presencia femenina pero con escasos análisis sobre lo allí expuesto.
La receta reactiva europea que reparte Borrell provocará una grave indigestión
Josep Borrel, alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, en el Foro La Toja. / TW @JosepBorellF
Josep Borrel, alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, en el Foro La Toja. / TW @JosepBorellF

Judith Muñoz

Periodista.

“En ningún otro lugar del mundo se tiene la suerte de vivir como nosotros”. “Somos aquel lugar del mundo donde la libertad política, el progreso económico y la cohesión social se conjugan mejor”. Estas frases tan esperanzadoras las pronunció Josep Borrell, alto representante de la Unión Europea para Asunto Exteriores y Política de Seguridad, durante el Foro La Toja 2020 celebrado los pasados 1, 2 y 3 de octubre. Se refería a Europa en su conjunto y España en particular.

En este medio y otros se han vertido ríos de tinta virtual sobre la infrarrepresentación de las mujeres en este Foro prestando poca atención a algunas de las clásicas y preocupantes mentiras vertidas en el mismo.

Borrell, como encargado de dirigir y ejecutar la política exterior de la Unión Europea cuyo fin es el de dar visibilidad internacional a esta, se entiende que quiera venderla como algo que no es, a día de hoy. Pero ‘entender’ no significa que mentir esté bien, ni que con esta mentira se pretenda no mover un dedo por la mejora de la situación europea y española en concreto.

“Para ocupar un lugar distinguido en el mundo se hace todo lo posible para aparentar que ya se está ocupando”, manifestó el filósofo francés François de La Rochefoucauld ya en el siglo VI, pero bien sabemos que lo que se aparenta no siempre es.

Sabemos, y así lo confirman diferentes estudios estadísticos, que la libertad política en Europa está amenazada. Por ejemplo, casi dos tercios de los húngaros temen criticar al Gobierno públicamente, según la encuesta realizada por YouGov y publicada por Open Society Foundation. En otros países, como España, a quien critica al Gobierno se le tacha de agitador o simplemente de publicar fake news. Es más, tenemos un ejemplo muy reciente: la Guardia Civil recibió ordenes del Ejecutivo para "minimizar el clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno", es decir, rastrear en redes sociales las críticas y bloquearlas.

Otra vieja y triste manera de cercenar este tipo libertad llega, nuevamente, por parte de los Gobiernos a la hora de regar de millones a los medios de comunicación afines, perjudicando así las estructuras de medios con otra línea de pensamiento.

Pero sin irnos muy lejos, en el día a día de cada uno de ustedes, lectores, se habrán topado con la cuestión de no dar su opinión si está difería en exceso de la narrativa oficial por miedo a ser tachados de racistas, fachas, etc. etc.

El progreso económico del que presumía Borrell quizá no tenga nada que ver con el 17% de paro juvenil registrado en toda Europa y el 44% en España. Datos espeluznantes si tenemos en cuenta que esa juventud es la que pagará las pensiones de los que hoy trabajan. Difícilmente será así. De hecho, muchos de estos jóvenes tardarán más tiempo del deseado en encontrar un trabajo y veremos en qué condiciones.

Tampoco tendrá que ver con un PIB que se hunde al 17,8%, más que en ningún otro estado miembro de la UE, y unos niveles de pobreza alarmantes con un 26% de la población en riesgo de exclusión (eso, antes de la pandemia). Díganme si esto es progreso económico.

Y hablar de cohesión social es simplemente una broma de mal gusto. La división cobra fuerza en Europa y también en España, lo vemos a diario. Hace un año los chalecos amarillos protagonizaron fuertes protestas en Francia, no por la subida del precio del carburante, sino por cuestiones como el poder adquisitivo y el nivel de vida, es decir, la distancia entre ricos y pobres. Una reivindicación que ha tenido sus ecos en las últimas semanas también en España, concretamente en la Comunidad de Madrid.

Pero en el conjunto de Europa la cohesión social no existe, como ejemplo más evidente tenemos el Brexit.

Tampoco acertó cuando dijo que era momento de ser “reactivos”. ¿En serio? Es decir, Borrell propone que esperemos a que sucedan las cosas para reaccionar, que nos mantengamos pasivos e indiferentes, en vez de pedir ser proactivo y por tanto plantearnos los problemas, preguntarnos qué queremos hacer para solucionarlos y actuar en consecuencia. Si la receta de la reactividad es la que se prepara en Europa, sufriremos una importante indigestión.

Josep Borrell afirmó que Europa debe mantenerse unida ante los retos geopolíticos del S. XXI, encabezados por el enfrentamiento China- EE UU y aquí dio en el clavo porque la desunión rompe la fuerza pero ni Europa, ni España en concreto, van por ese camino. Negarlo, que el alto representante de la Unión Europea para Asunto Exteriores niegue esta realidad, hace pensar que la falta de reconocimiento de un problema hará imposible solucionarlo. @opinionadas en @mundiario