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La realidad y Donald Trump han escaldado y ridiculizado a López Obrador

El presidente mexicano ha quedado en ridículo en sus intentos por diferenciarse de Enrique Peña Nieto y su discurso populista empieza a mostrarse en evidencia.

La realidad y Donald Trump han escaldado y ridiculizado a López Obrador
Andrés Manuel López Obrador. / RRSS
Andrés Manuel López Obrador. / RRSS

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Héctor Antonio Morales

Héctor Antonio Morales

El autor, HÉCTOR ANTONIO MORALES, es colaborador de MUNDIARIO. Se formó en la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. @mundiario

Lleva Andrés Manuel López Obrador poco más de siete meses como presidente y ya se ha dado un baño de realidad que le quitó el manto de pureza que se puso para llegar a Los Pinos. El presidente de México ha comprobado que si Enrique Peña Nieto era mal presidente no es porque fuera incompetente, corrupto y pusilánime. O sea, si era todo eso, pero no era solo por eso que era mal presidente.

El actual jefe de Estado prometió al no más sentarse en su nueva silla ejecutiva que marcaría diferencias respecto a su predecesor, a quien acusaba, entre otras tantas cosas, de dejarse dominar por Estados Unidos. Copiando el discurso del imperio de Hugo Chávez, López Obrador prometió que su Administración sí le diría sus verdades a la cara a Donald Trump. Llegó entonces la crisis de inmigrantes y el pobre líder mexicano y su equipo salieron escaldados de Washington D.C. El presidente estadounidense no tuvo más que amenazarlo con una soberbia subida de aranceles y los ladridos del lobo feroz se convirtieron en maullidos de gato.

Capturó a un total de 791 inmigrantes centroamericanos que se dirigían hacia Estados Unidos porque, dios guarde, hacía molestar a Trump. Aquella medida fue titulada por los medios como mano dura, justo la que tanto le criticaba a su predecesor. Intenta como puede salvar el semblante diplomático, sí, pero es que no solo no logró plantarle cara a Trump, sino que encima éste le aventó la carga de convertirlo en un tercer país seguro (o lo que es lo mismo, que se haga cargo él de los inmigrantes), y ahora lo que se suponía que era una cruzada por recuperar la dignidad del Gobierno mexicano se ha convertido en una encrucijada en la que debe elegir si pelear con Estados Unidos y hundir la economía de su país o hacerse cargo de un montón de inmigrantes a quienes de verdad no tiene cómo sostener.

López Obrador ha quedado mal o directamente perdido en todos los conflictos diplomáticos y políticos que ha abierto (también está aquella dichosa carta que envió al Rey de España para que pidiera perdón por todo lo hecho durante la conquista). Su discurso del cambio y de la indignación por el podrido sistema mexicano, que está podrido, no lo podemos negar, hoy son solamente un recurso literario que utilizó para alcanzar su propósito. La realidad le está dando una buena paliza. @mundiario