Rajoy saludó correctamente al emperador de Japón, según los cánones diplomáticos

El presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy.
El presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy.

Ninguna nación se inclina ante otra. La igualdad de los Estados sigue siendo uno de los elementos estructurales de la sociedad internacional, consagrado por la Carta de las Naciones Unidas.

Rajoy saludó correctamente al emperador de Japón, según los cánones diplomáticos

Además las críticas consuetudinarias a su gestión, sobre el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, viene cayendo estos días una serie de admoniciones infundadas, reprochándole que no se inclinara en diversa composición de grados, según el opinante, ante el embajador del Japón. Y todos ellos, a la luz del Derecho Diplomático que, como parte del Derecho Internacional, regula las relaciones entre los estados, no tienen razón alguna.

En uno de los más clásicos tratados de Derecho Diplomático, el de Vidal Saura, que sigue siendo bibliografía referente en nuestros días, se explica claramente que cuando el representante de una nación (jefe de Estado o de Gobierno) realiza una visita institucional a otro Estado, representa a la nación misma. Está claro.

Por lo tanto, Rajoy no visitó el emperador a título personal (donde en todo caso cabría plegarse voluntariamente a determinados ritos al gusto nipón, pero nada más). Rajoy representa al Reino de España. Y ahora viene lo más importante, la Carta de las Naciones Unidas y el principio que se estableció a partir del Congreso de Viena y los sucesivos congresos que sentaron los fundamentos de la sociedad internacional, se basann en la igualdad de las naciones, sean grandes o pequeñas, poderosas o humildes, en cuanto a dignidad y reconocimiento.

Vidal Saura, ya citado, recordando a Pradier Fodèré, subraya que en ningún acto, gesto o uso de la diplomacia internacional se puede admitir gesto o rito alguno que signifique que una nación es más que otra o la otra inferior. El protocolo es un lenguaje simbólico, los lenguajes no verbales denota justamente el trato entre iguales o la sumisión. España fue una de las naciones que más se opuso al saludo naval en alta mar, entre banderas de dos naciones, de suerte que la de menor rango tuviera que arriar primero la suya. Hacer una reverencia como la que algunos reclaman a Rajoy sería lo mismo.

Rajoy representaba a España, nación tan histórica y soberana como el Japón. Por lo tanto, fuera de los usos normales de la cortesía occidental, el saludo correcto y educado, ninguna norma le obligaba a someterse a los usos orientales y menos de pleitesía ante quien puede ser un Dios viviente para los japoneses, pero que para nosotros es un jefe de Estado como otro cualquiera.

Pero hay algo más que decir, aparte de que un Estado, por poderoso que sea no tiene derecho de exigir a otro, demostraciones positivas de mayor honor preferencia. Dice Pradier Fodèré que aunque cada estado tiene derecho a conceder a su Jefe las distinciones y honores que considere convenientes, nada obliga a los demás estados a reconocérselos. Está claro, para los japoneses, su emperador puede ser la encarnación del sol naciente, pero no para uno de Pontevedra.

Dicho de otro modo, el presidente del Gobierno de España saludó correctamente al emperador del Japón.  La igualdad de los Estados –dice Puente Ejido- sigue siendo uno de los elementos estructurales de la sociedad internacional, consagrado por la Carta de las Naciones Unidas. Es el principio de la Igualdad Soberana. En el saludo entre el Reino de España y el Estado Japonés no caben reverencias, sino cortesía y la educación que rige el mundo civilizado.

Rajoy saludó correctamente al emperador de Japón, según los cánones diplomáticos
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