Rajoy ha cometido el gravísimo error de permitir que la situación se le pudra en las manos

Mariano Rajoy. / RR SS
Mariano Rajoy. / RR SS

No solo no ha conseguido el objetivo que prometía –impedir la farsa del referéndum–, sino que ha puesto en el brete a las fuerzas y cuerpos de la seguridad del Estado enviadas a Cataluña sin garantías de éxito, y ha propiciado reacciones contra la imagen de España.

Rajoy ha cometido el gravísimo error de permitir que la situación se le pudra en las manos

No, el Gobierno de Rajoy no es culpable del estallido secesionista en Cataluña, resultado de una concatenación de disparatadas concesiones al nacionalismo por parte de los distintos gobiernos de la democracia. Empezó Suárez de manera tibia y quizás obligada, continuó González de forma explícita; el ahora desaparecido Aznar tragó sin pestañear la rueda de molino del pujolismo y aceptó, entre otras exigencias, la ley que expulsaba al castellano de las aulas, impidiendo incluso el recurso que había elaborado el Defensor del Pueblo, y Zapatero, para mayor inri, mordió sin necesidad y sin que nadie se lo pidiera el retorcido anzuelo del Estatut.

Pero hoy los grandes y únicos culpables de delito son cuantos han atentado contra la Constitución. El Gobierno de Rajoy ha cometido el gravísimo error de permitir que la situación se le pudra en las manos, antes por incapacidad y ahora por miedo a aplicar con diligencia y firmeza las normas que amparan la Carta Magna. Hay situaciones en las que el cumplimiento de la Ley es antes que la búsqueda de un consenso, sobre todo cuando los puentes del diálogo están dinamitados y prevalece el interés partidista.

El presidente y su gabinete sabrán el porqué de una actuación que, a vista de propios y ajenos, ha resultado equivocada

Es muy probable que Puigdemont declare la independencia en las próximas horas y es más que posible que el Gobierno aplique el art. 155 de la Constitución –ninguno de los dos tiene otra salida–, pero Rajoy sí ha podido evitar la lamentable escenografía del 1-O si en lugar de aspirinas hubiera aplicado la cirugía que determinan las leyes democráticas. El presidente y su gabinete sabrán el porqué de una actuación que, a vista de propios y ajenos, ha resultado equivocada, ya que no solo no ha conseguido el objetivo que prometía –impedir la farsa del referéndum–, sino que ha puesto en el brete a las fuerzas y cuerpos de la seguridad del Estado enviadas a Cataluña sin garantías de éxito, y ha propiciado reacciones, la mayor parte malintencionadas, contra la imagen de España y nuestro Estado de Derecho.

Pero es que, además, ha facilitado son supina torpeza que los partidos a la izquierda del PP encuentren el camino expedito, antes de lo que hubieran previsto, para volcar en La Moncloa toda la culpa del conflicto. Podemos no ha sorprendido a nadie, mucho menos a los secesionistas, cuya amistad procuran, pero la insensatez y cinismo del PSOE, encarnado en su actual secretario general, Pedro Sánchez, causa espanto incluso en un amplio sector de su militancia.

El independentismo ha cogido alas y, aunque su vuelo promete ser corto, deberá de serlo, la reparación de los daños causados requiere primero la acción de la Justicia y, después, la elección de otros gobiernos que acudan sin dilación a las raíces de un problema, que no solo se limita a Cataluña. Eso y la voz disuasoria y conciliadora de Felipe VI, como jefe de un Estado en peligro.

Rajoy ha cometido el gravísimo error de permitir que la situación se le pudra en las manos
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