¿Quiénes son los catalanes y cómo otorgarían la ciudadanía 'para decidir'?

Cataluña
Cataluña, una comunidad diversa.

Si Mas quiere buscar catalanes fuera, Galicia le puede servir varios cientos. Ya sé que este argumento es finalmente absurdo; pero ¿no es disparatado el proceso todo?

¿Quiénes son los catalanes y cómo otorgarían la ciudadanía 'para decidir'?

Una parte de los españoles (al menos por ahora oficial y jurídicamente) que viven en Cataluña quieren votar. Me parece tan bien que yo también quiero votar. Y estoy tan harto de esta historia que es hasta posible que yo votara lo que a ellos les conviniera. ¿O a lo peor no, que no les conviniera que yo vote lo que empiezo a pensar? Mi pregunta es muy sencilla al margen de las grandes disquisiciones jurídico-constitucionales. ¿Quiénes son el pueblo de Cataluña, quiénes son los catalanes, o mejor, quién es catalán?

Y permítaseme un ejemplo práctico de física recreativa: Mi mujer se apellida Puig. Sus antepasados llegaron a Galicia en el siglo XVIII, procedentes de Blanes, origen común de las familias de armadores y conserveros arribados a nuestro país. Toda su familia hasta el presente ha estado vinculada al mundo de la conserva. Sus bisabuelos todavía se casaban con miembros de otras sagas catalanas hasta que a finales del siglo XIX empezaron a matrimoniar con gentes vernáculas. En el cementerio de Pereiró, en Vigo, están los mausoleos de las familias catalanas y que conservan el viejo código, cuando algún descendiente quiere ser sepultado allí ha de autorizarlo la persona más vieja superviviente del tronco familiar.

Arturo Mas anda buscando catalanes por el mundo. En Galicia puede encontrar docenas de familias de la misma estirpe franco-caroligia que Carlomagno instaló en lo que acertadamente llamó  “La marca hispánica”. Esos serían los catalanes fetén, los de la Cataluña milenaria de la que tanto hablan, como si hubieran fundado Barcelona y antes no estuvieran allí los hispano-godos y los hispano-romanos.

Y ahora viene mi cuestión: ¿Quiénes son los catalanes, quiénes los sujetos de ese derecho que se reclama, quién lo otorga, con qué criterio y de qué modo? Para ese hipotético referéndum no podrá usarse el censo electoral; es decir, los ciudadanos de aquella comunidad con derecho de sufragio conforme la por ahora vigente Constitución; ergo se va a recurrir a los padrones municipales. Es decir, que automáticamente se van a convertir en “ciudadanos de Cataluña” todos los empadronados o con vecindad civil en aquella comunidad. Porque el derecho de sufragio está vinculado al de ciudadanía; así pues, el que pueda votar será porque se le considera sujeto de ese derecho, por tanto, ciudadano de Cataluña; luego, catalán.

¿Y qué pasa con los catalanes, incluso separatistas, que no vivan en Cataluña? ¿Cómo los va a buscar y seleccionar Mas? Y por otro lado, ¿cabe en alguna cabeza que los centenares de votantes pakistaníes, marroquíes o senegales, que son residentes legales y empadronados en Cataluña, puedan contribuir a decidir el futuro de una parte de España y de España toda como nación al margen de lo que pensemos el conjunto de los españoles? Insisto, ¿quién define y con  qué criterio se define quién es el sujeto del derecho que se invoca? ¿Es que alguna nación del mundo permitiría que su propia configuración fuera decidida por los extranjeros que acoge? Parece de locos.

Puestos a buscarle tres pies al gato, ¿quiénes son sentimentalmente más catalanes los ahora gallegos que se apellidan Puig, Tapies, Curbera, Massó o Masnou, descendientes de los franco-corolingios o los marroquíes que viven en Cataluña? Si Mas quiere buscar catalanes que voten en el extranjero o fuera de Cataluña, aquí le podemos servir varios cientos. Ya sé que este argumento es finalmente absurdo; pero ¿no es disparatado el proceso todo?

Pero, a mi entender, hay algo peor que el propio sustento del discurso de Mas y sus acólitos. Dicho de otro modo: siempre consideré peor mismo que al rey abyecto o los generales que lo proclamaron, aquellos españoles que al regreso del deseado sustituyeron las mulas y se ungieron al carro del “deseado”. El discurso de algunas personas que respeto enormemente me causa sorpresa, en la medida que aparecen posiciones que comprenden, disculpan, argumentan, justifican o toleran el discurso de la secesión, a veces con cierto fatalismo existencial.

Y peor es que hagamos predicciones pesimistas e incluso se niegue al Estado que, como hizo el Gobierno de la II República, ejerza el derecho del Reino de España a defender el orden con constitucional vigente y su propia existencia como tal. Y en ese sentido, corresponde al Estado la plena legitimidad de usar todos los medios –y si digo todos, quiero decir, todos- para la defensa de sí mismo. Y no hace falta mandar los tanques (que consumen mucho carburante y estropean las carreteras) a parte alguna. A mí me gusta mucho la foto de los Mozos de Escuadra cautivos conducidos por una pareja de la Guardia Civil.

Y lo peor es que, al rebufo de los vientos que llegan de Cataluña, algunos sujetos trazan paralelismos y vierten sobre el papel sus propias frustraciones freudianas. Y al extasiarse ante las cadenas humanas y otras manifestaciones del empuje de la sociedad catalana, según dicen ellos, miren hacia Galicia atreviéndose a decir que “somos un país derrotado” y otras estupideces semejantes. Y es lo que nos faltaba.

Yo creo que la mayoría de los españoles estamos de acuerdo en que, en su momento, por el procedimiento previsto, se plantee la reforma de la Constitución buscando fórmulas de consenso que nos permita a todos acomodarnos dentro de ella. Quizá el Estado federal sea la salida; pero desde luego, con un límite infranqueable. Y del mismo modo que, entiendo yo, que hay que reducir las autonomías, lo que ocurra en Cataluña establecerá la pauta para otros territorios que, como algunos proclaman, pretenden seguir su camino.

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