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MUNDIARIO

¿Queda algo del movimiento del 15-M?

Podríamos titularlo “Lo que el viento se llevó”, ante el comportamiento de sus herederos.

¿Queda algo del movimiento del 15-M?
Acampada del 15-M en la plaza del Sol de Madrid. / Movimiento 15M
Acampada del 15-M en la plaza del Sol de Madrid. / Movimiento 15M

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Alfonso García

Alfonso García

El autor, ALFONSO GARCÍA, es columnista en MUNDIARIO y también escribe en El Correo Gallego. Es notario jubilado desde 2012 y autor de diez monografías sobre temas diversos. En 2017 publicó "Entre el odio y la venganza. El Comité Internacional de Cruz Roja en la guerra civil española” y en 2019 “Algunos abuelos de la democracia”. @mundiario

¡Qué lejos queda el movimiento 15-M!. Quienes participaron en él –de toda condición social, cultural, económica y edad- fueron calificados despectivamente por los partidos instalados en el sistema, como perroflautas, al tiempo que les animaron a encauzar sus protestas legalizando el movimiento.

Nunca aceptaron que el movimiento había surgido por la incapacidad de uno y otro para resolver los problemas que España tenía ante sí. Se organizaron y en sólo nueve años llegaron al Gobierno.

Revisando cosas escritas por mí en esa época, he recordado algunas de las consignas más divulgadas en la Puerta del Sol y contrastado las ilusiones que el viento se llevó.

¡Bajen del Audi!, ¡Que pare el derroche, que bajen de su coche! Y hoy cada miembro de la pareja dispone de su Audi, chófer, corte de asesores y cuidadores del hogar de la sierra madrileña.

¡Derecho a techo a justo precio!, ¡No tenemos casa nos quedamos en la plaza! Y cambió el popular barrio de Vallecas, en el que vivía tan a gustito, por una urbanización de clase media alta en la sierra madrileña.

¡Políticos al paro con 426 euros!, ¡Ni pensionados ni sueldazos! Y hoy entran en el hogar de la sierra madrileña dos salarios de ministros, con los aditamentos parlamentario y de partido.

¡Justicia eficaz e independiente!, pregonaban. Y consienten que se nombre Fiscal General del Estado a la anterior Ministra de Justicia, no militante socialista pero sí encendida activista en sus mítines.

¡No nos callarán, pueblo manso, pueblo esclavo!, e  inventaron y  practicaron los acosos ante los hogares de sus adversarios –recordemos el practicado a Soraya Sáenz de Santamaría, que calificaron de jarabe democrático. Hoy, la señora ministra compañera del vicepresidente del Gobierno, protesta airadamente por idénticas actos ante su hogar de la sierra madrileña.

Denunciaron a los políticos polifacéticos que acumulaban cargos ejecutivos, representativos y de partido. Y hoy han caído en el mismo mal: valen para todo y son ubicuos.

Acusaron de corrupción a sus adversarios y a sus socios de gobierno y hoy son aliados de gobierno de quienes utilizan la mentira -una forma de corrupción- con descaro, sin rubor y con habitualidad, y han sido condenados por los ERES.

Pretenden desvirtuar la naturaleza del Cuerpo de la Guardia Civil, al tiempo que protegen su hogar en la sierra madrileña contra quienes les critican, con los capotes de la Guardia Civil.

Calificaron de casta a los políticos profesionales, aforados, escondidos en listas electorales cerradas, alejados de los problemas que realmente preocupaban a los españoles, con varios sueldos..., y hoy han eliminado de su diccionario la palabra, tal vez porque les da vergüenza verse reflejados en lo que censuraron.

Reprobaron la actividad política de la esposa de Aznar, por considerarla protegida por el partido de su marido, y hoy la pareja comparte el hogar de la sierra madrileña, la dirección del partido y responsabilidades en el Gobierno.

Consideraron imperfecta la democracia española –“marco electoral más justo y equitativo”, “lo llaman democracia y no lo es”, decían entonces- y nos proponen como modelos los de  Venezuela, Cuba e Irán y utilizan las asambleas virtuales como modelo de democracia interna para justificar algunas de sus decisiones.

¡No queremos caras, queremos ideas!, pero apartaron a los impulsores más populares del 11-M -¿quién los recuerda?- y treparon al escenario unidos por la cintura.

Todo esto me recuerda unas palabras de su abuelo paterno, que él no menciona nunca: “Ahora se me nubla la vista cuando veo a tantos jóvenes y no jóvenes arrogantes y en posesión de la verdad -su verdad- de ambiciones personales.”

La arrogancia, “su verdad” y la ambición personal, retratan al hombre del ceño permanentemente  fruncido, pero el abuelo aún no sabía cómo sería su nieto. @mundiario