¿Qué va a quedar como herencia de Angela Merkel en Alemania, la Unión Europea y el mundo?

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Angela Merkel, canciller alemana. / RR SS
En plena precampaña electoral en Alemania, comienzan las despedidas de la canciller, el pasado fin de semana en el Consejo Europeo por parte de sus 26 colegas. 
¿Qué va a quedar como herencia de Angela Merkel en Alemania, la Unión Europea y el mundo?

Las elecciones generales en Alemania el 26 de septiembre no serán el punto final de Angela Merkel como canciller. Seguirá ejerciendo en funciones hasta que sea confirmado un nuevo gobierno, probablemente de coalición, por votación en el Parlamento. Pero no cabe duda de que ese día se habrá terminado una etapa política de especial relevancia para la República Federal de Alemania, gracias a los dotes de liderazgo mostrados por la canciller. No solo en su país, también en Europa y a nivel internacional. 

¡Quién lo iba a decir en 2005, cuando Angela Merkel ganó las elecciones generales contra Gerhard Schröder, que llegaría a mantenerse al frente del gobierno durante 16 años! Era considerada por muchos un peso ligero que pronto sería sustituida por algún “macho alfa”, proveniente de su partido o de la oposición. ¡Qué error, que grave error! La “chiquilla” de Helmut Kohl, su mentor, no solo eliminó a todo competidor interno que se quiso poner en su camino, también barrió en las elecciones siguientes a todo candidato socialdemócrata, ya fuese Frank-Walter Steinmeyer, Peer Steinbrück o Martin Schulz.

Casi nunca jugando la carta del riesgo, casi siempre buscando el diálogo, los compromisos, el denominador común posible en ese momento concreto. Pendiente de las demandas de consenso en una sociedad que detesta cambios y que en manos de Mutti o mamma, como llaman cariñosamente a Angela Merkel, se siente segura. Apostando en sus decisiones relevantes por la racionalidad y el sentido común: no por nada muchos caricaturistas la han retratado como faro, ancla o timonel.

Solo tres veces fue infiel a estos principios, dejándose llevar por impulsos emocionales: 

La primera vez, cuando en 2011, después de la catástrofe de Fukushima en Japón, su gabinete decide poner fin a la energía nuclear en Alemania en 2022. La lluvia de críticas que tiene que soportar es enorme, por parte de la clase empresarial que pinta un panorama negro para la competitividad de la industria alemana, como consecuencia del posible aumento del precio de la electricidad, y de miembros de su partido, que le acusan de actuar precipitadamente. Entre ellos, Wolfgang Schäuble: en su nuevo libro “Experiencias límites”, el exministro de Finanzas y hoy presidente del Parlamento sigue reprochándole la medida. No logra que Merkel, química de formación, cambie de opinión. 

La segunda vez, cuando abre las fronteras alemanas a las masas de refugiados congregado en la estación de tren de Budapest. Con las palabras “Lo lograremos” trata de convencer a sus conciudadanos en septiembre 2015 de que el reto de la asimilación es factible. Pero para muchos alemanes, el inmenso esfuerzo de integrar a un millón de refugiados resulta demasiado arriesgado y caro, de lo que se aprovecha el partido ultraderechista AfD para establecerse como la segunda fuerza política en las elecciones parlamentarias de 2017. Para el partido cristianodemócrata es a su vez una prueba de fuego, por la tentación de girar el timón a la derecha con el fin de reenganchar a los electores perdidos. No obstante, la canciller se muestra firme en su oposición a esta estrategia. Hasta que derrotas en diversas elecciones regionales le llevan a tirar la toalla y anunciar que no desea seguir como presidenta de su partido ni presentarse nuevamente como candidata a canciller.

Y la tercera vez, cuando en 2020 se adhiere sorprendentemente a la propuesta del presidente francés Emmanuel Macron para poner en marcha el Plan de Recuperación y Resiliencia para la Unión Europea llamado Next Generation EU. No solo para recuperar el crecimiento económico después de la pandemia, también para llevar a cabo las reformas medioambientales y digitales necesarias para que Europa siga siendo competitiva a nivel mundial. Hasta ese momento, Merkel se había opuesto rotundamente a cualquier mecanismo de deuda europea compartida.  Por suerte para el futuro de Europa, en el período preelectoral alemán actual ningún partido político, con excepción de la AfD, duda que la decisión de Merkel fue acertada y que los “eurobonos” – o como quiera llamarse este instrumento en el futuro – están para quedarse.

Ninguno de los tres sucesores potenciales tiene el prestigio que la canciller se ha ganado

De momento, ninguno de los candidatos a canciller tiene intención de cambiar las líneas maestras de la política europea trazadas por Merkel. Armin Laschet, que lidera las encuestas, ha sido eurodiputado y conoce los laberintos y las trampas de las instituciones europeas – lo que no impide que siga apostando firmemente por Europa. También lo hacen la candidata de los Verdes Annalena Baerbock, que se ha hundido en los últimos sondeos por errores personales, así como el candidato de los socialdemócratas Olaf Scholz, que no levanta cabeza y compite con la AfD por el tercer puesto en la carrera electoral. 

Sin embargo, Europa notará la falta de Merkel, porque ninguno de los tres sucesores potenciales tiene el prestigio que la canciller se ha ganado con el paso del tiempo entre sus colegas europeos. Ya en 2006, el prestigioso semanario The economist titulaba “Angela Merkel cautiva al mundo”, por saber escuchar, por su línea clara de actuación y argumentación, por estar dispuesta a pelear a favor de sus posiciones cuando lo considera necesario (como aprendieron Trump, Putin y Xin Jinping), por su humildad, su humor y su carisma. Quizás no sea rememorada por ningún discurso impactante, pero sí, por su comunicación al grano y sin rodeos para explicar sus principios. También en la crisis económica mundial de 2008, en la que no ocultó a los países que más la sufrieron por sus déficits públicos exagerados que solo podían contar con la solidaridad alemana si hacían las reformas estructurales que demandaba el momento para aumentar su competitividad. Aunque Grecia, España y otros tuvieron dificultades de entender esta posición, la autoridad de la canciller nunca se puso en duda. 

Será recordada como una excelente gestora, demostrándolo una vez más durante la pandemia. Como una política con un gran instinto para entender los deseos y miedos de los alemanes, pero también para comprender que grandes temas del futuro como la globalización, la migración, el medio ambiente y la revolución tecnológica necesitan de una acción concertada a nivel mundial. Como una europeísta convencida que sabe que el proceso de integración tardará su tiempo, por conocer la historia y saber que mucha pedagogía y mano izquierda serán necesarias para lograr que los 27 estados miembros de la Unión Europea tiren del mismo carro y en la dirección correcta. Como una mujer que, sin ser feminista, ha impulsado la igualdad de género. 

En definitiva, como un líder que ha hecho de su normalidad personal e integridad profesional valores que quedarán marcados en la memoria de las generaciones actuales y venideras como la herencia más valiosa que deja Angela Merkel. ¡Ni más, ni menos! @mundiario

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