¿Hacia qué lado mira la Justicia en el “caso Cospedal”?

María Dolores de Cospedal y Luis Bárcenas. / RR SS
María Dolores de Cospedal y Luis Bárcenas. / RR SS
Un cúmulo de actuaciones irregulares, de interferencia en la actuación de la Justicia, y de falseamiento y eliminación de datos, que cualquier estudiante de Derecho habría sabido clasificar como delitos con su tipología correspondiente.
¿Hacia qué lado mira la Justicia en el “caso Cospedal”?

“Me deja usted un panorama desolador”. Son las palabras con las que el juez García-Castellón pone colofón a la declaración que hace ante él el policía Manuel Morocho, después de que le manifiesta claramente fuertes presiones, e intentos de soborno, para cambiar su informe policial sobre los “papeles de Bárcenas”, especialmente en lo que se refiere a 18 nombres, incluido el del entonces presidente de Gobierno, Mariano Rajoy. Unos tejemanejes que se confirman en las grabaciones de las conversaciones de Villarejo con María Dolores de Cospedal, publicadas por el periódico El País.

Esas grabaciones figuran en las cintas incautadas por orden judicial al excomisario Villarejo, dentro de la “Operación Tandem”. Y en ellas el excomisario Villarejo y la entonces secretaria general del Partido Popular, departen, en diferentes ocasiones, como auténticos cómplices de toda una iniciativa encaminada a que los informes policiales quitaran hierro a los papeles de Bárcenas, y a que sacaran de esos informes los nombres concretos de quienes habían recibido sobresueldos en negro, incluido el entonces presidente de Gobierno Mariano Rajoy.

Se utilizan expresiones que darían para un “thriller” de mafiosos: “Al cabrón hay que eliminarlo…”, dice Villarejo. A lo que responde Cospedal: “No, no, yo lo tengo más claro que el agua”. Y después de estas frases tan rotundas, y de otras en las que Villarejo lo que hace es rendir cuentas ante su “jefa” (pues se supone que le paga) sobre maniobras para alterar los informes policiales, María Dolores de Cospedal -que primero aparecía como imputada- queda “desimputada”, es decir exonerada, de sospecha judicial, en el caso que trata estos asuntos.

En las grabaciones desveladas ayer por El País, pero que habían sido incautadas por orden judicial hace años (por tanto, al, o a los jueces instructores tendrían que haberles saltado todas las alarmas), Cospedal insiste en pedirle a Villarejo que haga desaparecer los llamados papeles de Bárcenas, que en lenguaje coloquial ambos cómplices denominan “libretita”. Y llega a decirle a Villarejo que el entonces ministro del Interior, Fernández Díaz, se había comprometido a que ella leyera los informes policiales antes de enviárselos al juez.

Todo un cúmulo de actuaciones irregulares, de interferencia en la actuación de la Justicia, y hasta de obstaculización e incluso de falseamiento y eliminación de datos, que cualquier estudiante de Derecho habría sabido clasificar como delitos con su tipología correspondiente. Algo que sí hizo la fiscalía anticorrupción, y que los jueces no supieron ni escuchar, ni leer, ni identificar.

De ahí parte nuestra pregunta sobre hacia qué lado mira la Justicia. Y podría surgir la pregunta de si la Justicia es igual para todos, o la otra de qué hay que hacer (si pagar al Villarejo de turno, por ejemplo) para que ni siquiera te procesen por un presunto delito. Y tras comprobar que Cospedal mintió a la Justicia en sus declaraciones ¿por qué el juez García-Castellón, que confiesa lo del “panorama desolador”, y más tarde la Sala de lo penal de la Audiencia Nacional, dejan a Cospedal fuera del caso, y por qué no se ha indagado más a fondo sobre el contenido de estas grabaciones y sobre los 18 nombres famosos?

La fiscalía anticorrupción también concuerda con nuestro asombro, y mantiene que “la investigación se quedó a medias”. Como ciudadanos, si una investigación con estos más que sospechosos mimbres se queda a medias, tenemos que pensar que alguien (y el tema va claramente de jueces), voluntaria o involuntariamente, no hizo bien su trabajo. Y no hacer bien un trabajo bien remunerado, en un caso de tanta trascendencia, genera mucha inquietud y muchas sospechas. Y tal vez deberían dirigirse las oportunas preguntas al juez instructor García-Castellón y al presidente de la sección tercera de la Sala de lo penal de la Audiencia Nacional, Alfonso Guevara, bien conocido por su refriega con otros jueces, y hasta con sus conductores oficiales, o por inmiscuirse en casos en los que no tenía competencia… Y quizá, además de preguntas, habría que articular indagaciones. Y -ya puestos- ¿por qué no una investigación?

De no hacerse nada al respecto, y no teniendo en cuenta las más que sospechosas evidencias que aparecen en las grabaciones citadas, la Justicia española nos dejará a los ciudadanos ante un panorama aún más desolador que el que confiesa haber descubierto (infructuosamente, según la falta de resultados consecuentes) el juez instructor del caso Kitchen. Y en este plano, el panorama desolador no es sólo sobre los hechos del caso, sino sobre la propia Justicia y su credibilidad.

Y si dejamos que pasen estas cosas sin siquiera exigir responsabilidades, resultará -como me decía amargamente un magistrado- que la venda que tradicionalmente tapaba los ojos de la Justicia, como símbolo se supone de imparcialidad, ha pasado a cegar los ojos de la propia sociedad, tal vez por hartura, o por falta de respeto y confianza hacia las acciones y sobre la neutralidad de nuestros jueces. Una ceguera que puede poner en un serio peligro a nuestro Estado de Derecho. @mundiario

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