¿Por qué la derecha española no defiende totalmente la idea de libertad?

Alberto Núñez Feijoo (PP) y Santiago Abascal (Vox). / RR SS.
A pesar de la apelación constante a la idea de libertad, el PP genovés, el ayusismo y Vox se alejan de esta ideología en bastantes puntos.

Tal y como señalé en el artículo de MUNDIARIO El liberalismo nunca ha sido una ideología política de izquierdas, la idea de libertad no es en absoluto igualitaria. Salvando diversas situaciones donde ambos conceptos sí congenian (libertad de reunión, asociación, matrimonio homosexual), a nivel económico -y parcialmente en el ámbito social- un contexto de plena libertad significa que los más fuertes pueden dominar a los más débiles. Pues no olvidemos que la naturaleza psicológica del ser humano es egoísta y utilitarista en mayor o menor medida. Por tanto, la suma de individualismo y poder suele conllevar dominio sobre las personas con menos recursos: “la libertad oprime”.

De esta manera, cuando un sector de la derecha -aquel influenciado filosófica y políticamente por el anglosajonismo protestante- reivindica el liberalismo, lo hace con el fundamento de potenciar la creación de riqueza a través del mercado y de la desregulación estatal, lo cual conlleva elevados niveles de desigualdad y, casi siempre, de pobreza.

Esta línea ideológica es la dominante en el panorama político azul de nuestro país, como podemos apreciar en el PP (especialmente, en el sector ayusista), en el Ciudadanos “riverista”, Vox, SALF o en el proyecto político de Espinosa de los Monteros. Todas estas organizaciones son otanistas, filoisraelíes, anticomunistas, fervorosamente capitalistas, además de partidarias de los principios políticos liberales de sufragio y de separación de poderes.

Por otro lado, esta derecha “oficial”, no es plenamente coherente en su defensa de la libertad; especialmente en aquellos puntos donde el liberalismo muestra su vertiente más progresista. Vamos a analizar esta contradicción empleando distintos indicadores:

La derecha parlamentaria española rechaza el republicanismo (o, al menos, un referéndum sobre la forma de Estado). De esta forma, no permite que a la Jefatura de Estado pueda acceder “libremente” ningún ciudadano ajeno a la dinastía de los Borbones.

La derecha oficial se opone al principio liberal de autodeterminación de las Comunidades Autónomas. De esta forma, en caso de haber mayoría cualificada en favor de la secesión de una nacionalidad o región, con los postulados de la derecha tampoco podrían “libremente” formar su propio Estado.

La derecha institucional española defiende mantener las prerrogativas económicas de la Iglesia católica, en contraposición al ideal liberal del laicismo.

Una parte de la derecha (Vox) es centralista. Como recordó el economista libertario Juan Ramón Rallo en enero de 2024 en su artículo La verdadera izquierda es jacobina, el liberalismo auténtico preconiza la descentralización competitiva, mientras que el socialismo centralista (representado en nuestro país por Izquierda Española) es auténticamente de izquierdas en términos socioeconómicos. El ayusismo fiscal es lo más parecido a estas tesis liberales, favorables a un marco autonómico de competitividad tributaria.

Ni PP ni Vox condenan la antiliberal dictadura franquista.

Estos partidos tampoco han condenado las agresiones imperialistas de EE.UU., que coartan derechos de corte liberal como la vida, la soberanía nacional, la seguridad y la propiedad privada de los ciudadanos pertenecientes a las naciones invadidas por Washington.

La derecha española es ajena a medidas regeneracionistas de corte liberal. No defienden eliminar las subvenciones a medios de comunicación; en el caso del PP, esta formación no defiende un sistema electoral con circunscripción única y proporcional ni tampoco la eliminación de las subvenciones a los partidos políticos; ni PP ni Vox defienden recortar el gasto político ni eliminar chiringuitos. Además, en el caso de Vox, de corte trumpista, nunca hemos visto una declaración de oposición a los desprecios del actual Jefe de Estado estadounidense a la libertad de expresión.

La derecha oficial es partidaria de limitar la libertad de expresión cuando esta le es molesta (al igual que hace la izquierda oficial, por cierto) a través de los llamados “delitos de odio”.

PP y Vox son partidarios de aumentar el gasto militar en el seno de la OTAN. Esta medida, expansionista, de liberal tiene muy poco.

Vox defiende a ultranza la vida y la propiedad privada, pero nunca han condenado el genocidio sionista perpetrado por el Gobierno de Netanyahu en Gaza ni han hecho tampoco una declaración de rechazo a los asentamientos de colonos israelíes en Cisjordania, quienes desprecian principios liberales e iushumanistas como el derecho a la vida y a la propiedad privada de los palestinos.

Por último, del partido de Abascal tampoco hemos visto ninguna oposición fehaciente a los aranceles -proteccionistas y, por tanto, antiliberales- de su ídolo Donald Trump.

En conclusión, la derecha parlamentaria española (y recientemente exparlamentaria, en el caso de Ciudadanos) tiene bastantes componentes liberales o, más bien, occidentalistas. Es, ante todo, un liberalismo conservador en sus diversas corrientes ideológicas, desde la más centrada a la más derechista:

> Marianismo-feijoísmo genovés, de corte más moderada e institucional. Menos liberal a nivel fiscal.

> Riverismo: Liberalismo financiero y fiscal de corte recentralizador y regeneracionista, aunque dentro de los parámetros del Régimen de 1978. Es el más liberal de estos cinco grupos derechistas.

> Aznarismo-ayusismo (incluyo aquí al think tank Atenea, de Espinosa de los Monteros), partidaria de un populismo proempresarial, fiscal, antisocialista y descentralizador.

> Alvisismo (SALF), parecida a la anterior, pero mediática, digital y políticamente más enfrentada a la izquierda.

> Nacionalconservadurismo de Vox: Corriente atlantista, sionista, recentralizadora, reaccionaria en lo social y fuertemente capitalista.

El elemento común de todas estas fuerzas es la desigualdad: expresada en la defensa de las privatizaciones, de la desregulación económica y de las ventajas fiscales a los millonarios. Pero el liberalismo no es su único ingrediente derechista, sino que también lo es un conservadurismo oligárquico más una cosmovisión atlantista y, por ende, funcional al neoimperialismo estadounidense.

En definitiva, la derecha parlamentaria española actual está influenciada principalmente por los ideales del Partido Demócrata y del Partido Republicano de EE.UU.; por las corrientes alt-right europeas (especialmente, en el caso de Vox); y por la tradición de poder oligárquico-conservadora a lo largo de la historia, la cual se consolidó durante el franquismo.

Esta derecha, liberal-conservadora y más reciente en el tiempo, se opone a la más tradicional: la derecha social católica, representada actualmente por el carlismo, el falangismo, por un sector de la Iglesia católica o por pensadores como el neotradicionalista Juan Manuel de Prada o el hispanoamericanista Marcelo Gullo. Todos ellos defienden una hispanidad católica, comunitarista y favorable al Estado social; contrapuesta al sionismo, al capitalismo salvaje y al dominio geopolítico y cultural de la angloesfera. Este humanismo cristiano se contrapone a la crueldad durante la Guerra Civil de los camisas azules falangistas o de los requetés carlistas contra el enemigo republicano entre 1936-1939.

Por tanto, si queremos encontrar en España un partido auténticamente liberal, este sería el Partido Libertario. Pues ni la derecha liberal y conservadora ni la derecha social católica ni la izquierda son genuinamente liberales. En el caso específico de PP y Vox, se envuelven en la bandera de la “libertad”, pero solo la defienden cuando esta se ajusta a sus intereses económicos, geopolíticos o culturales. La suya no es una libertad integral ni coherente, sino selectiva y profundamente hipócrita. @mundiario