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MUNDIARIO

¿Puede aportar la Galicia posterior al 5-A una salida al callejón territorial?

Se quiera o no reconocer, si  España ha venido  funcionando  como una federación, ¿por qué no elevarlo a categoría y definir de una vez España como un Estado federal?
¿Puede aportar la Galicia posterior al 5-A una salida al callejón territorial?
Gonzalo Caballero y Pedro Sánchez. / Mundiario
Gonzalo Caballero y Pedro Sánchez. / Mundiario

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Alfonso Villagómez

Alfonso Villagómez

El autor, ALFONSO VILLAGÓMEZ, columnista de MUNDIARIO desde su fundación en 2013, es doctor en Derecho por la USC y magistrado. Fue letrado del Tribunal Constitucional y asesor del Defensor del Pueblo. También formó parte del Gabinete del Ministerio de Justicia entre los años 2004 y 2008. Fue colaborador, entre otros medios, del diario Xornal de Galicia. @mundiario

El Estatuto de Autonomía de Galicia fue aprobado por una ley orgánica del día 6 de abril de 1981. Es decir, el año que viene se conmemora, por tanto,  el 40  aniversario de la introducción del  Estatuto gallego  en el ordenamiento jurídico democrático, como  norma institucional básica de esta comunidad autonóma. Y, el próximo 6 de  abril, es decir, un día despues de celebradas  las  elecciones autonómicas, sabremos con total seguridad si los ciudadanos de Galicia optaron por la continuidad de los gobiernos del PP, o, por el contrario, se decidieron por el cambio.

Echando la vista atrás, la historia de la elaboración del texto estatutario fue, como quizá desconocen las ganeraciones más jóvenes, la historia de lo que se denominó un "aldraxe". En el  año 1980, cuando ya habían sido aprobados los Estatutos del País Vasco y Cataluña, gobernaba la UCD, cuya mayor parte, con Adolfo Suárez a la cabeza, no creía en el autogobierno. No obstante asumieron las reivindicaciones de aquellas dos autonomias históricas, y quedaba la tercera, Galicia. Con el Estatuto que se nos pretendía otorgar se recortaban drásticamente las competencias autonómicas y la capacidad de Galicia para definir su ordenación territorial. Se intentó aplicar una técnica de delimitación de las competencias compartidas que quedaba en manos de las Cortes Generales, sin iniciativa del Parlamento de Galicia, a la espera eterna  de lo  que se decidiera, y cuando se decidiera, por  el legislativo de Madrid, quedando así vacío de contenido.  Después de una frontal contestación social en Galicia que llevó a la supresión de aquellos recortes, el nuevo Estatuto  se votó el 20 de diciembre de 1980, con un 70% de abstención;  y fue el comienzo de una lamentable política antiautonomista que culminaría con la famosa LOAPA, felizmente anulada por el Tribunal Constitucional.

Ahora, muchos años después, frente al pelotón de las elecciones gallegas, recordar el pasado  tiene que servir para no volver a cometer los mismos errores. Sin duda, el desarrollo del Estado de las autonomías y su funcionamiento práctico,  claramente  federalizante,   se enfrenta hoy  a nuevos retos marcados por la deriva independentista de Cataluña. Galicia tiene la oportunidad de convertirse en la  vanguardia para  la solucción del  problema territorial de España. Se quiera o no reconocer, si  España ha venido  funcionando  como una federación, ¿por qué no elevarlo a categoría y definir de una vez España como un Estado federal?

Creo, así,  que las elecciones del 5  de abril pueden servir  también para saber  si los gallegos optan por esta solución o continúan por  una senda regionalizante que nunca podrá colmar las necesidades  de un  autogobierno cada vez más  amplio y  tampoco a contribuir a una  definitiva redefinición  de cuáles son  las competencias exclusivas de cada territorio, y cuales son   aquellas otras  que se reserva el Estado central. Sería una magnifica celebración del cuadragésimo aniversario del Estatuto, el 6 de abril de 2021,  abanderar desde Galicia y  mediante el diálogo y el pacto, la salida del callejón territorial en el que se encuentra España. @mundiario