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MUNDIARIO

PSOE-UP: El despropósito de una negociación

Han tenido tres meses para ponerse de acuerdo con todo a favor. Era, además, un mandato. Y han cometido lo imperdonable: defraudar las expectativas de un pueblo. Un repaso al proceso de negociación clarifica los motivos del desastre.

PSOE-UP: El despropósito de una negociación
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. / Twitter
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. / Twitter

Un fracaso de dimensiones colosales. Una catástrofe sin paliativos. Una razón para el escepticismo existencial y el cabreo profundo. Una traición a la confianza ciudadana. Un sumidero por el que se dilapidan la esperanzas de millones de personas de buena voluntad. El esperpento de una patética negociación aunque hubiesen alcanzado un acuerdo final…

El mandato

Todo proceso de negociación comienza con un análisis del escenario y la fijación consecuente de unos objetivos. El escenario se mostraba explícito como un cuadro de Antonio López: el PSOE había ganado claramente las elecciones generales con el 28,7% de los votos, Unidas Podemos se situaba como cuarta fuerza con el 14,3% de los votos. La aritmética electoral atribuía al PSOE 123 escaños por los 42 de UP. Los partidos con vocación progresista en el hemiciclo sumaban lo suficiente como para abordar una investidura que confirmase a Pedro Sánchez en la presidencia del gobierno. El pueblo se había expresado y el acuerdo estaba servido.

El objetivo general de ambas formaciones –PSOE y UP– habría de ser la composición de un gobierno sólido y duradero que permitiese afrontar una legislatura estable y productiva. En buena lógica, cada partido tendría como objetivo secundario el acaparamiento de una mayor cuota de poder a partir de la aceptación de sus resultados, es decir: el PSOE era la primera fuerza a gran distancia de la segunda pero necesitaba 53 escaños para lograr la mayoría absoluta; UP se revelaba un grupo decisivo pero apenas ostentaba el 12% de los escaños tras haber perdido el 40% respecto a 2016.

Pronto quedó de manifiesto que, además, el PSOE buscaba formar un gobierno cómodo y “sin injerencias” mientras que Unidas Podemos pretendía ganar una visibilidad que le insuflase nuevos bríos ante la incesante caída de apoyos. Y con ello llegó el primer elemento de desestabilización: los objetivos secundarios partidistas se impusieron sobre el objetivo principal derivado del mandato de la ciudadanía. Confundirse de objetivo suele derivar en un resultado indeseado para todas las partes.

Los factores de la negociación

Antes de iniciar el proceso de negociación, las partes deben tener presente qué tipo de acuerdo esperan alcanzar. Utilicemos un ejemplo para entendernos: si vamos a comprar un apartamento, buscaremos el mejor acuerdo para nuestros intereses sin importarnos las consecuencias sobre el vendedor; se trata de un acuerdo único y sin continuidad. Pero si estamos negociando las condiciones para compartir una vivienda digamos durante cuatro años, nos cuidaremos de que el pacto resulte satisfactorio también para la contraparte porque de ello dependerá la buena convivencia. Un acuerdo de investidura se asimila al segundo caso, parece obvio. Sin embargo, los representantes de PSOE y UP han adoptado en todo momento un papel antes de contendientes que de socios, con lo cual no solo se pone en riesgo el cierre de la alianza sino también la necesaria armonía posterior durante el período de coalición.

Tras definir los objetivos de cada parte –es decir, sus intereses reales– se fijan las posiciones iniciales así como las posturas de salida o de manifiesto desacuerdo. Gráficamente, estaríamos dibujando las franjas de máximos y mínimos. Lo que se busca es determinar un campo de negociación dentro del cual nuestros intereses estarían resguardados. Pero una posición no puede confundirse con el objetivo. El gran defecto de los negociadores inexpertos es verse arrastrados por la emisión de adrenalina que provocan estos procesos de modo que, finalmente, terminan por defender su posición inicial como si fuese su objetivo último. Semeja que esta circunstancia ha estado tristemente presente en la negociación entre PSOE y UP.

Otro aspecto clave de un proceso negociador son las formas y los tiempos. Que el tiempo se ha gestionado con torpeza resulta una evidencia incuestionable con tal de repasar la vorágine de dimes y diretes que se han manejado en las últimas 48 horas; no hablemos ya de la propuesta lanzada por Pablo Iglesias desde la misma tribuna de oradores apenas unos minutos antes de la votación. Tenían tres meses y lo demoraron todo hasta las últimas horas; ¿cómo es posible?

Las formas dejaron igualmente mucho –muchísimo– que desear. Esas declaraciones diarias fijando y reafirmando la posición, esos tuits extemporáneos de cara a la galería, esas listas de deseos incontenibles, esas filtraciones incontenidas… ¿Dónde han quedado la planificación, la discreción, el estudio, la conciliación, la flexibilidad y el respeto? Esos son los valores que derivan en acuerdos cohesionados, los principios de los que lamentablemente han prescindido ambas partes. En tiempos de tecnología y redes sociales, las mesas de negociación siguen siendo el ámbito más recomendable y fructífero.

Reservo para el final el papel de la contraparte. Uno lleva sus posiciones, sus instrucciones y sus movimientos ante las posibles actitudes de la contraparte. En una negociación, han de preverse las posiciones de la contraparte y de intuirse sus objetivos reales. De esta manera, estaremos en condiciones de realizar una contraoferta que satisfaga los intereses de ambas partes. Da la impresión de que ni PSOE ni UP pensaron en lo que cada formación esperaba del otro. Y eso me retrotrae a 2016 cuando Podemos votó en contra del acuerdo de gobierno entre PSOE y Ciudadanos (aquel otro Ciudadanos); por quince minutos de gloria parlamentaria, entregaron el país a la derecha.

¿Qué pasará si PSOE y UP no alcanzan un acuerdo antes del 23 de setiembre? El PSOE intentará rearmarse para volver a ganar las elecciones de noviembre. ¿Y Podemos? En plena deriva declinante, con los Comúns disipándose, con la división abrupta en Andalucía, perdidos en Madrid, lejos de Compromís en Valencia, con el BNG resucitando en Galicia, y con Errejón organizando su milicia en la península, ¿qué futuro le espera a UP? Da la impresión de que Iglesias mide francamente mal las consecuencias de sus decisiones y sus actos… @mundiario