El PSOE tiene que salir a la calle

Una reunión del PSOE. / Mundiario
Una reunión del PSOE. / Mundiario
El balance de este año y medio de gobierno -en la peor crisis social, económica y humana- es socialmente positivo. Pero la gente no lo asimila.
El PSOE tiene que salir a la calle

Hay que estar en la Moncloa. Pero muy conscientes de que ese espacio se ocupa por delegación. Por mandato de la gente que vive en los barrios, que trabaja en las fábricas y en los restantes centros de trabajo, y que rema cada día -casi siempre contra corriente- en el turbulento río de la vida cotidiana.

No basta hacer una política correcta de gobierno. De hecho, el balance de este casi año y medio de gobierno -en medio de la peor crisis social, económica y humana- se puede decir que es socialmente positivo. Pero da la sensación de que la gente no termina de entenderlo ni de identificarse, tal vez porque se la ve como una política distante y construida al margen, si no de sus propias necesidades, sí de sus propias opiniones y experiencias cotidianas. Algo así como una obra de tecnócratas, no suficientemente explicada en los sitios donde está la gente, y no suficientemente escuchada desde la casuística concreta de la gente.

En 1933 Madrid tenía un millón de habitantes, y la Casa del Pueblo socialista contaba con 100.000 afiliados. El lugar era como un hervidero diario de gente del pueblo que pasaba por allí a recibir cursos de formación, a mantener reuniones de los diferentes sectores de actividad productiva, a resolver sus problemas a través de las diferentes mutuas, que funcionaban precisamente para dar solución a las inquietudes y necesidades de la gente.

Bien es verdad que, en nuestra actual etapa democrática, la mayor parte de aquellas necesidades, que antes tenía que resolver el partido, se han introducido en las prestaciones de los servicios del Estado, gracias a la política socialdemócrata impulsada con buen pulso por el propio PSOE. Y que a la vez que criticamos su desapego de la gente, hemos de reconocer que, sin los gobiernos socialistas, las gentes de este país no gozaríamos ni de los servicios públicos ni de los derechos civiles que en estos momentos tenemos.

Democracia representativa que de veras represente

También es cierto que hemos de reforzar nuestra democracia representativa. Pero eso no significa que los representantes queden investidos, por la fuerza del voto, con una especie de ciencia infusa. Da lo mismo que nuestro sistema electoral se base en las listas cerradas y bloqueadas. Un partido de izquierdas, un partido progresista, que no domina los grandes canales de comunicación -y aunque los dominara- tiene que estar a pie de calle, ha de mantener a sus militantes y afiliados no solamente bien informados, sino generando opinión, tanto en el interior del partido, recogiendo el parecer de la gente de la calle, como hacia el exterior, transmitiendo, explicando y debatiendo las políticas que se tratan de construir.

Y, por supuesto, los representantes que pertenecen a un partido de izquierda y progresista tienen que comparecer directamente ante la gente que los ha elegido. Para escuchar, para explicar, para rendir cuentas. Como una de sus tareas principales y habituales. Porque sólo así podrán contrastar lo lejos que queda de la vida real -entre otras cosas- la aplicación de las leyes que, en manos de funcionarios de oficio, muchas veces quedan al margen de la casuística concreta, e incluso de los perjuicios a muchos administrados; de la rutina y de las generalizaciones que tienden a desvirtuarlas y a hacerlas ineficientes hasta en sus mejores versiones.

Socialdemocracia frente a tecnocracia y mercenarios

Casi me avergüenzo de tener que recordar estas cosas tan elementales. Pero cuando no existen hay que poner el foco sobre ellas. Porque ¿de qué sirve un partido si las agrupaciones locales de sus afiliados y militantes no cuentan a la hora de discutir de forma continua sus propias políticas, y si no se les tiene en cuenta más que a la hora de votar listas o elegir a los miembros del aparato? ¿De qué sirve un representante si no mantiene una continua interacción con sus representados? Frente a quienes dicen que hay que suprimir puestos de representación, me atrevería a responderles que más tendría que haber para que lleguen a todos los rincones, adonde está la gente. Para conocer de primera mano lo que vive, lo que sufre, lo que piensa y siente la gente.

Creo que la experiencia vivida en Madrid por el partido socialista ha de ser el toque de alarma para poner manos a la obra en esa tarea de salir a la calle, de estar con la gente, de aprender de la gente, y de hacer pedagogía con esa gente. Con nuestra gente. Y que no se rompan los sesos en buscar otras causas. Sólo hay una: ser gente; estar en la calle, vivir con la gente. Y hacer que los expertos -imprescindibles, por supuesto- tengan siempre el contraste de la gente, a la hora de buscar soluciones, y a la hora de contrastar los imperativos de Bruselas. Es la pequeña y abismal diferencia entre un partido socialdemócrata y un partido de tecnócratas y mercenarios. @mundiario

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