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El PSOE, reducido al marketing por Iván Redondo, deja que Iglesias domine la estrategia

El líder de Podemos está extrapolando a diversas comunidades lo que ya hizo en Galicia con Beiras: una estrategia política de apoyos mutuos que arrastra al PSOE, un partido ahora en manos de propagandistas pero carente del corpus político que permitió construir su historia centenaria.
El PSOE, reducido al marketing por Iván Redondo, deja que Iglesias domine la estrategia
Pedro Sánchez e Iván Redondo. / TVE
Pedro Sánchez e Iván Redondo. / TVE

José Luis Gómez

Periodista. Editor de MUNDIARIO.

El PSOE de Pedro Sánchez, reducido al marketing y a la propaganda por el asesor Iván Redondo, deja que Pablo Iglesias, líder de Unidas Podemos y socio de gobierno en España, domine ahora la estrategia política.

El líder de Unidas Podemos está extrapolando a diversas comunidades –Euskadi, Cataluña, ...– lo que ya hizo en Galicia con el nacionalista Xosé Manuel Beiras: una estrategia política de apoyos mutuos que arrastra –y debilita– al PSOE, un partido ahora en manos de propagandistas pero carente del corpus político que permitió construir su historia política centenaria.

José Luis Méndez Romeu, que fue secretario de Estado con el presidente socialista Zapatero y ahora es analista político de MUNDIARIO, lo resume en un titular: Bildu se hace imprescindible en la nueva política que se está diseñando en España. ​El PSOE, en su opinión, estaría tratando de fraguar una combinación de apoyos mutuos que le garantizase estabilidad en el Gobierno de España y el respaldo de comunidades como Cataluña, si ERC gana; del País Vasco, tanto con Bildu al frente como con el PNV, e incluso de Galicia, si el PP pierde la mayoría y el que lidera es el BNG de la emergente Ana Pontón.

Objetivo: apartar al PP

Esta estrategia política inspirada por Pablo Iglesias para apartar al PP del poder, sin necesidad de que la izquierda española tenga un partido mayoritario a la antigua usanza, ambiciona algo más. De puertas adentro, Unidas Podemos resolvería su problema –estaría siempre en el Gobierno con independencia de sus resultados–, y de cara al exterior se arroparía con la ayuda de partidos como ERC, Bildu o incluso el BNG, lo cual fortalecería su objetivo de presionar –y controlar– al PSOE desde la izquierda.

Un botón de muestra sería la enmienda de Unidas Podemos –con ERC y Bildu– a los Presupuestos del Gobierno para paralizar los desahucios. En ese caso, los tres grupos plantean que no se puedan producir lanzamientos de su hogar a personas sin alternativa habitacional ni cortar los suministros mientras dure el estado de alarma, una manera de afear la política del PSOE, pero que en el fondo tiene un carácter pedagógico en línea con su estrategia política de fondo.

Reforma constitucional

Si elude la presión de los líderes históricos –"nuestros mayores", para la banal portavoz socialista Adriana Lastra– y de los actuales barones, Pedro Sánchez estaría así en un movimiento político de largo alcance que haría irreconocible al PSOE. De alguna manera repetiría a gran escala –buena parte de España– lo que se hizo con la antigua CiU en Cataluña, al sacrificar durante años al PSC como marca autonómica. Ahora, el socialismo territorial  –véase la situación del PSdeG - PSOE en Galicia– también sería sacrificado, en aras del work in progress que sigue avanzando.

De manera tácita, independentistas, nacionalistas periféricos, podemitas –comunistas, entre ellos– y socialistas estarían alfombrando el camino para una modificación parcial o total de la Constitución del 78. De hecho, el PSC ya plantea en su programa una reforma de la Carta Magna para que España sea un Estado federal. En una especie de II Transición, se trataría de hacer norma legal la normalidad de la calle, como en su día dijo el presidente Adolfo Suárez; en estos tiempos mediante un Estado más federal –tal vez con ribetes confederales en algún territorio para resolver el encaje de Cataluña en España–, más desestructurado y una política más emocional.

Riesgos para el PSOE y la derecha

Para los socialistas, el punto débil de esa estrategia es doble: acentuaría las tendencias centrífugas de los nacionalistas y vaciaría al PSOE de todo pensamiento moderno en clave socialdemócrata al estilo europeo. El vector resultante podría ser una catástrofe para el partido que ahora lidera Pedro Sánchez bajo la dirección de un asesor de imagen, sin apenas círculo político con contrapesos.

En paralelo, la derecha sigue dividida y desorientada. A la espera de una reacción estratégica de Pablo Casado al frente del PP, hay poco aprovechable. Con la crisis de Ciudadanos, desaparece una posible opción liberal de corte europeo en la política española y la idea de un partido nuevo, transversal –tipo Verdes o tipo Macron–, parece estar lejos de romper la actual dinámica de la frágil política española. @mundiario