PSOE y PP coinciden en un deseo común: recuperar el paisaje bipartidista roto en 2015

Pedro Sánchez, Pablo Casado, Pablo Iglesias y Albert Rivera. / Mundiario
Pedro Sánchez, Pablo Casado, Pablo Iglesias y Albert Rivera. / Mundiario
A la vista de las luces y sombras de la "nueva política", van a aprovechar todos aquellos episodios o prácticas que demuestren que las nuevas formaciones políticas no son capaces de romper con las viejas tradiciones y, por tanto, resulta preferible optar por los formatos originales.
PSOE y PP coinciden en un deseo común: recuperar el paisaje bipartidista roto en 2015

Desde el año 2015, un nuevo concepto toma cuerpo en la opinión publicada: la nueva política. Esta expresión trata de identificar  nominalmente a las nuevas formaciones que surgen en el escenario político estatal, tradicionalmente  hegemonizado por el PSOE y por el PP. Primero fue Podemos con su exitoso bautismo en los comicios al Parlamento europeo de 2015. Y, después, también Ciudadanos con el notable resultado obtenido en las elecciones generales de diciembre de 2015.

Se ha afirmado, con razón, que el denominado “movimiento 15- M” fue el origen  causal de los posteriores cambios registrados en el mapa político. Aquella protesta masiva de la primavera del 2011 tuvo una participación muy relevante de sectores de la juventud que no se sentían representados en la labor desempeñada por los gestores gubernamentales debido a la concurrencia, entre otras, de dos circunstancias decisivas: las lesivas consecuencias de la crisis económica abierta en el año 2008 y la constatación de repetidas prácticas de corrupción protagonizadas por los dos grandes partidos del sistema.

Delante de las personas mas activas de aquel 15- M aparecían dos caminos posibles: mantener el carácter de movimiento cívico extra-institucional (sometido, por tanto, a las inevitables lógicas de flujo y reflujo en su vigencia operativa) o promover un partido político –la herramienta habitual en los regímenes democráticos realmente existentes– que fuera capaz de recoger los mayores volúmenes del apoyo social que se había detectado en aquellos meses del año 2011. Podemos nació, pues, como una organización política que deseaba conseguir –mediante el voto en las urnas– el máximo poder disponible en el cuadro institucional vigente.

El impacto provocado por el partido que encabezaba Pablo Iglesias incentivó la conversión de Ciudadanos en una fuerza de ámbito estatal. En su momento, diversos analistas señalaron que algunos sectores del mundo de la gran empresa –singularmente pertenecientes al universo financiero– deseaban la existencia de un “Podemos de derechas” para contrarrestar el eventual potencial electoral presente entre los segmentos mas descontentos del electorado.

Mas allá de evidentes diferencias programáticas, Podemos y Ciudadanos tenían en común la pretensión de regenerar el sistema político. En dos aspectos, por lo menos: la lucha contra la corrupción (mediante nuevos ordenamientos jurídicos mas contundentes, la fijación de códigos éticos exigentes para asumir responsabilidades políticas y asumiendo limitaciones en la duración de los mandatos en el ejercicio representativo) y medidas para democratizar la vida interna de los partidos respectivos.

Con la experiencia que proporcionan los años transcurridos se pueden señalar las luces y las sombras de la “nueva política”. En lo relativo a la corrupción se cumplieron, por el momento, algunas de las expectativas creadas en el año 2015. En el caso de Podemos, los espacios de poder gestionados en el ámbito municipal y autonómico no reprodujeron las tendencias tóxicas tan presentes en la vida pública durante los últimos años. La conclusión con Ciudadanos tiene que ser mucho mas  provisional por cuanto no ocupó responsabilidades gubernamentales de cierta importancia aunque ya demostró –en los recientes pactos  postelectorales– algunas importantes renuncias en relación con sus promesas de regeneración. Si analizamos los cambios habidos en el funcionamiento interno de esas organizaciones constatamos una doble realidad:  se generalizó el uso de las primarias para seleccionar candidaturas y dirigentes y, al mismo tiempo, tuvo lugar una evidente dinámica  cesarista que originó un notable  hiperliderazgo y la pérdida de referentes que habían dotado de más coralidad a los equipos dirigentes.

Aunque no lo formulen explícitamente, Partido Socialista y Partido Popular coinciden en un deseo común: recuperar el paisaje  bipartidista existente hasta el año 2015. Y para eso van a aprovechar, lógicamente, todos aquellos episodios o prácticas que demuestren que las nuevas formaciones políticas no son capaces de romper con las viejas tradiciones y, por tanto, resulta preferible optar por los formatos originales.

Veremos si en los próximos meses ganan credibilidad aquellas voces que pretenden acabar con la supuesta anomalía del actual mapa político. Tal circunstancia dependerá mucho de los errores o deficiencias que  puedan cometer las fuerzas que encarnaron, en estos últimos años, la marca de la “nueva política”. @mundiario

PSOE y PP coinciden en un deseo común: recuperar el paisaje bipartidista roto en 2015
Comentarios