Buscar

MUNDIARIO

El PSOE se compromete seriamente con el futuro de Cataluña

Tras una década perdida para el país, con la gobernación abandonada y las inversiones retrasadas, es hora de abandonar las ensoñaciones irreales, expresadas además con argumentos adolescentes, para abordar la realidad.

El PSOE se compromete seriamente con el futuro de Cataluña
Salvador Illa, candidato a la Generalitat.
Salvador Illa, candidato a la Generalitat.

José Luis Méndez Romeu

Pedagogo y columnista.

El pasado domingo, en el diario de mayor audiencia de Cataluña, Artur Mas hacía balance al cumplirse una década de su elección como Presidente de la Generalitat catalana. En titulares, reconocía que nada salió como pensaba, aduciendo en su descargo las circunstancias sobrevenidas. Una forma de autoengaño pues fueron precisamente las circunstancias, esto es la crisis económica profunda, las que determinaron su pulso con el Gobierno español para conseguir la independencia. Una mala lectura por su parte de las experiencias de implosión de la Unión Soviética o de Yugoslavia. No existía entonces, ni existe hoy, evidencia alguna de que el Estado español o el sistema constitucional se encuentren colapsados o en riesgo de ruptura.

De aquel error estratégico del Gobierno catalán procede la confusa situación actual de la política catalana. Con el nacionalismo, todavía hegemónico, fracturado en varias tendencias,  la sociedad profundamente dividida, la fuga fiscal de las empresas empresas y los indicadores económicos en retroceso. Y con una generación de dirigentes políticos amortizada, bien por los Tribunales bien por desgaste. A Junqueras y Puigdemont, inhabilitados, se han sumado Iceta que ayer mismo se retiraba de la primera línea y Arrimadas que ya abandonó la política catalana hace tiempo. En febrero competirán por las cuatro primeras posiciones otros tantos candidatos que no eran la opción preferida inicialmente por sus partidos.

De modo que Aragonés, un político con escaso carisma, concurrirá como vicario de Junqueras, Laura Borrás, una figura mediática pero también secundaria políticamente, lo hará en representación del ex-presidente, Salvador Illa en nombre del PSC que previamente había designado a Iceta mientras que Carrizosa representará a Ciudadanos que previamente había elegido a Lorena Roldán. Una vez más queda demostrada la irrelevancia de los procesos de elecciones primarias a la española, modificados por la dirección de los partidos siempre que conviene y que sólo han servido para implantar el cesarismo en detrimento de la democracia interna.

El nombramiento de Illa debe interpretarse como el intento socialista de mejorar resultados. Su gestión al frente de la lucha contra la pandemia le ha brindado un elevado nivel de conocimiento y de reconocimiento, mal que pese a los diarios más conservadores que le dedican críticas poco amables. Ha demostrado talante dialogante, seriedad y rigor, también humildad. Algunos errores de gestión, como la compra centralizada, el mando único o la mejorable transparencia de los datos, no son responsabilidad exclusivamente suya. Si las encuestas hasta ahora pronosticaban que el PSC pasaría de ser cuarta fuerza política a tercera, ahora podría aspirar a la segunda posición, determinante para el futuro Gobierno.

Al mismo tiempo el fichaje de Lorena Roldán por el PP, revela la descomposición acelerada de Ciudadanos, que podría pasar según las encuestas de ser actualmente primera fuerza a la cuarta posición. La integración progresiva en los gobiernos populares de Madrid o Andalucía  más su marginación en la política estatal, le han achicado el espacio electoral. El proceso de reacomodación de sus dirigentes en otras fuerzas ya ha comenzado en el ámbito local y ahora se extiende.

Las elecciones catalanas serán el primer paso para la distensión si gobiernan ERC y PSC, pero no si JxCat se alza con la victoria. Tras una década perdida para el país, con la gobernación abandonada y las inversiones retrasadas, es hora de abandonar las ensoñaciones irreales, expresadas además con argumentos adolescentes, para abordar la realidad. Cataluña ha quemado su reputación en España, de vanguardia económica y cultural, de anticipar las tendencias, ha pasado a denotarse como región en declive, hosca y conflictiva. Si lo primero estaba relativamente mitificado lo segundo es claramente injusto. Sigue siendo una región próspera, avanzada y con muchos aspectos ejemplares. Sólo necesita mejores dirigentes y más realismo.

Esta misma semana se conocía otro dato sorprendente. La desafección de los barceloneses con su Ayuntamiento, es la mayor en muchas décadas y la valoración de la Alcaldesa también muy baja. Al igual que en la Generalitat, la política gestual a la postre se revela como vacua mientras que las actuaciones estratégicas, casi siempre difíciles y a medio plazo, están paralizadas. Así al intentar reorganizar el transporte público, han descubierto que las obras de infraestructura necesarias, como los intercambiadores, ni se han iniciado mientras que en Madrid, eterna rival, llevan varios años funcionando satisfactoriamente. Es hora de que los dirigentes políticos catalanes estén a la altura del país que gobiernan. @mundiario