El PSC no participará en el debate de las leyes ilegales de secesión

Miquel Iceta, líder del PSC. / publico.es
Miquel Iceta, líder del PSC. / publico.es

Se trata de leyes que el Gobierno de Cataluña pretende aprobar al estilo venezolano, obviando los procedimientos parlamentarios y evitando cualquier modificación contraria a sus intereses.

El PSC no participará en el debate de las leyes ilegales de secesión

Miquel Iceta, primer secretario del PSC –PSOE– acaba de anunciar que su grupo no legitimará con su participación el trámite parlamentario para aprobar leyes contrarias a la Constitución y al Estatuto de Autonomía. Leyes que, por otra parte, el Gobierno catalán pretende aprobar al estilo venezolano, obviando los procedimientos parlamentarios y evitando cualquier modificación contraria a sus intereses.

La democracia en Cataluña, cada vez más precaria y sujeta a la interpretación unilateral que hacen los nacionalistas, daría así una nueva vuelta de tuerca al recorte de las libertades. Ayer veíamos como un miembro del Gobierno y el Jefe de Policía atacaban virulentamente en público al director de un medio de comunicación que se había atrevido a publicar documentos que cuestionaban la versión oficial, al más puro estilo venezolano, amenazando a los disidentes. La reacción de periodistas y editores a través de sus respectivas organizaciones profesionales ha sido unánime en defensa de la libertad de expresión.

El PSC, impulsor en su día de la reforma del Estatuto cuya impugnación constitucional por el PP inició la crisis actual, negándose a participar en el proceso actual, desnuda el totalitarismo de la actual coalición gubernamental de Cataluña

La deriva autoritaria del Gobierno catalán será así cuestionada en el propio Parlamento. El PSC, impulsor en su día de la reforma del Estatuto cuya impugnación constitucional por el PP inició la crisis actual, negándose a participar en el proceso actual, desnuda el totalitarismo de la actual coalición gubernamental de Cataluña. Nada será creíble si la oposición renuncia a participar en la mascarada con la que pretenden sustituir el debate político democrático.

La velocidad a la que se deteriora el sistema político catalán, es inversamente proporcional al tiempo disponible. Cuanto más se acorta éste más desaforado se vuelve el Gobierno y más asustada está la opinión pública renuente con el proceso. Si hoy los medios catalanes tratan de sobrevivir en una calculada ambigüedad cuando no en la entrega a los postulados del gobierno, la sociedad civil tiene que expresarse, como en Venezuela, a través de redes sociales, tomas de posición individuales o pequeñas plataformas acosadas sin tregua por los grupos de presión subvencionados.

La democracia participativa, civil, característica de nuestras sociedades, está siendo sustituida por el totalitarismo que identifica los objetivos de una parte, los nacionalistas, con los del país, negando el pan y la sal a quienes no comulguen con ellos

La democracia participativa, civil, característica de nuestras sociedades, está siendo sustituida allí por el totalitarismo que identifica los objetivos de una parte, los nacionalistas, con los del país, negando el pan y la sal a quienes no comulguen con ellos. La ruptura de la sociedad se hace así profunda, en las familias, en los centros de trabajo o de estudio, donde se enfrenta una postura mesiánica y avasalladora con los restos del racionalismo y la pluralidad de ideas.

No puede terminar bien en ningún caso. Los costes sociales serán enormes, pues los excesos verbales, la sobreactuación y las amenazas, tendrán que ser diluidos poco a poco en un nuevo diálogo social que hoy no se atisba. La fractura civil a la que Artur Mas, Puigdemont y los restos de Convergencia han empujado, será una losa sobre el funcionamiento ordinario de las instituciones durante mucho tiempo. Ha ocurrido otras veces en la Historia. La megalomanía unida a la mediocridad generan monstruos de la razón cuyos delirios pagan terceros.

El conflicto es inevitable y de acuerdo con los sondeos de opinión conocidos durará mucho tiempo, pues si bien una parte de la sociedad catalana rechaza el rupturismo de su Gobierno, al mismo tiempo rechaza el inmovilismo del PP, origen del conflicto

La prensa más conservadora está exigiendo al Gobierno Rajoy que tome medidas coercitivas ya, abandonando la respuesta gradual y proporcional que Rajoy ha defendido y que el PSOE acepta dentro de ciertos límites. La ansiedad y el nerviosismo suelen ser incompatibles con la prudencia pero ésta necesita de la firmeza. El conflicto es inevitable y de acuerdo con los sondeos de opinión conocidos durará mucho tiempo, pues si bien una parte de la sociedad catalana rechaza el rupturismo de su Gobierno, al mismo tiempo rechaza el inmovilismo del PP, origen del conflicto.

No basta pues con frenar las pretensiones secesionistas, sino que al tiempo hay que trazar una estrategia para el futuro donde esa parte de la sociedad catalana encuentre acomodo y al tiempo sirva de puente para el  encuentro necesario con la parte independentista. No parece que Rajoy y los suyos lo entiendan así, por lo que el futuro se adivina sombrío.

El PSC no participará en el debate de las leyes ilegales de secesión
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