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El presidente Sánchez debe imponer normas de conducta ejemplares en el Gobierno

Serían necesarias para obligar a la transparencia de intereses y prohibir el nepotismo. En los nombramientos sería mal camino imponer ahora las prácticas endogámicas y partidistas en lugar de primar el mérito y la capacidad que ordena la Constitución.

El presidente Sánchez debe imponer normas de conducta ejemplares en el Gobierno
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. / Mundiario
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. / Mundiario

José Luis Méndez Romeu

Pedagogo y columnista.

Desde hace semanas se ha instalado en la opinión publicada que el futuro Vicepresidente del Gobierno, representante de  Podemos, nombrará ministra a su cónyuge. Ni ésta, ni el interesado, ni su partido, ni el Presidente del Gobierno, han tenido interés en desmentir esa presunción, a todas luces ignominiosa y ejemplo de nepotismo. Éste, como es sabido, consiste en “la desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las concesiones o empleos públicos”, según el diccionario de la Academia.

El silencio probablemente obedece al cálculo. Si no hay alharacas podrá pasar hasta que en el momento oportuno se le endose el coste político a los interesados. Si se producen protestas se aborta el nombramiento. Mientras los medios que filtran la noticia sirven de test para medir la respuesta ciudadana.

No constan precedentes en la democracia española de cónyuges sentados en el Consejo de Ministros. Hay algún precedente, lamentable, en Gobiernos autonómicos si bien en rangos inferiores se han producido algunos otros casos. Tampoco en la política internacional son habituales. De hecho suelen estar asociados a gobiernos poco democráticos: la Rumania de Ceausescu, la Nicaragua de Ortega, la Argentina de Kirchner, la Cuba castrista…

Que los gobernantes deben de ser virtuosos es algo que se da por supuesto. Plutarco lo expresó tajantemente al recordar que los reyes de Egipto hacían jurar solemnemente a sus jueces que no se desviarían de su conciencia por más que los propios reyes se lo exigieran. Un precepto que, extendido a dirigentes y funcionarios de todo tipo, aseguraría la virtud pública más que las prolijas normas.

La política debe ser virtuosa para recuperar mínimamente el crédito de la sociedad. Virtuosa en los nombramientos, en las decisiones, en las negociaciones y en la administración de los recursos. Trasplantar al Gobierno malas prácticas desgraciadamente vigentes en los partidos políticos es dañino para la sociedad. Cuando comienzan a alejarse en el tiempo los muchos escándalos de corrupción política y empresarial de la última década, sería mal camino imponer ahora las prácticas endogámicas y partidistas en lugar de primar el mérito y la capacidad que ordena la Constitución.

No es Podemos una organización que se haya acreditado por sus procedimientos escrupulosos. En su corta existencia exhibe una sucesión de pequeños escándalos y maniobras palaciegas que se compadecen mal con la pretendida transparencia y participación democráticas. La posibilidad de trasladar al Gobierno de la nación ese planteamiento de camarilla, aprovechando la debilidad parlamentaria del Presidente, sería una catástrofe.

La responsabilidad del Presidente del Gobierno es máxima. A él le corresponde aceptar los términos de la negociación con sus posibles socios pero también el nombramiento de todos los altos cargos predeterminados por la Ley. Que algunos sean propuestos por sus socios no le resta responsabilidad al Presidente, al contrario, la incrementa, pues deja en sus manos el mecanismo de sanción favorable o de criba. Si la propuesta es irresponsable no debe de ser aceptada por lo mismo que no cabe desviar la mirada si se producen conductas irregulares en cualquier nivel de la pirámide administrativa, sean en las propias filas o en las de los asociados con los que se comparte Gobierno.

La repetición reiterada de un posible nombramiento nepotista, trata de crear un estado de normalidad alrededor de una práctica corrupta y desestabilizadora para el Gobierno y para la sociedad. Si queremos una sociedad virtuosa, la política debe mostrar el camino y hacérselo ver a los renuentes pues la necesidad de un Gobierno estable no sería justificación de un Gobierno indecente. @mundiario