La prensa, clave en las elecciones presidenciales norteamericanas

The New York Times.
The New York Times.

Nadie parecía capaz de parar la carrera de Trump hasta que los diarios tradicionales investigaron que también era un misógino y defraudador de hacienda y tomaron partido en sus editoriales por la candidata demócrata Hillary Clinton.

La prensa, clave en las elecciones presidenciales norteamericanas

Al candidato republicano Donald Trump se le conocía como un demagogo populista, racista, mentiroso en serie e ignorante en historia y de la actualidad internacional. Pero nadie parecía capaz de parar su carrera hacia la Casa Blanca, hasta que los diarios tradicionales de los Estados Unidos investigaron que también era un misógino y defraudador de hacienda y tomaron partido en sus editoriales por la candidata demócrata Hillary Clinton.

El brasileño Roberto Cívita, hasta su fallecimiento hace tres años presidente del Grupo Abril, fundador del semanario político Veja, con ventas de cerca de un millón de ejemplares uno de los más exitosos del mundo, y muy admirado amigo, me solía decir: “Los políticos podrán ganar elecciones con ayuda de la televisión, como John F. Kennedy, o las redes sociales, como Barack Obama, pero las suelen perder por el poder de la palabra escrita. Aunque un escándalo político lo destape un bloguero o una estación de radio o de televisión, solo la prensa tiene la capacidad de tumbar al culpable de mentiras, contradicciones, manipulaciones y juegos corruptos, si hace buen uso de sus posibilidades de investigar, de verificar, de informar y de opinar.”

Hasta hace poco se podía tener dudas si esta opinión de Cívita seguía siendo válida para las elecciones presidenciales norteamericanas que enfrentan a Hillary Clinton y Donald Trump. Fue la televisión la que lanzó al estrellado a Trump, porque, como explica el corresponsal del diario El País en Washington, Marc Bassets, el candidato republicano era “una máquina formidable de audiencias, un reality show que las cadenas de televisión emitían sin desembolsar un dólar…La prensa, mientras tanto, asistía atónita al espectáculo.” En su opinión, se había puesto de moda una falsa equivalencia: del principio de dar voz a todas las partes implicadas en una noticia se había pasado a la perversidad de alejar al lector a la verdad. En el caso de Clinton y Trump, durante demasiado tiempo se les criticaba por igual. Si uno decía que la tierra es redonda y el otro plana, se dejaba en manos del tercero que decidiese quién tiene razón.

El intelectual británico Timothy Garton Ash  se mostraba hasta hace poco igual de desanimado con el papel de los medios de comunicación en la campaña presidencial norteamericana: “Como Internet ha destruido el modelo de negocio tradicional de la prensa y, al mismo tiempo, permite una enorme abundancia de fuentes, todos compiten ferozmente por quedarse con las visitas y los clics en este terreno abarrotado día y noche: como si fuera el parqué de una Bolsa o la calle de un mercado de India. Hay que gritar. Cuanto más sangre y más rugidos, mejor. A las informaciones y los análisis matizados, equilibrados y basados en pruebas les cuesta hacerse oír. Las posibilidades tecnológicas, los imperativos comerciales y los cambios culturales se unen para convertir la democracia deliberativa en infortrainment, en espectáculo”.

El Premio Nobel de Economía norteamericano Paul Krugman, harto de la indefinición de los medios de comunicación en su país, ponía el siguiente ejemplo como modelo a seguir. “¿Qué diré si Trump miente menos que lo que preveo y Clinton más? Es fácil: contaré la verdad. Pero sin relativizar. Si Trump miente tres veces más que Clinton, la noticia debería ser que ha mentido mucho más que ella, no que él no lo ha hecho tan mal como se esperaba”. 

Hasta hace poco, esta forma de dar noticias sobre la campaña electoral y los posicionamientos de los dos candidatos era la excepción de la regla, también en los diarios de más reputación en los Estados Unidos, entre ellos el The New York Times y The Washington Post. Según Bassets, todo cambió en las últimas semanas, cuando comenzaron a dejar al lado suequidistancia e imparcialidad y a desestabilizar a Trump con duros editoriales e investigaciones. Así, el The New York Times descubrió que no había pagado impuestos federales durante una década y The Washington Post reveló las palabras agresivas y ofensivas hacia las mujeres que Trump había pronunciado en 2005.  En periodismo escrito volvió por sus fueros, investigando, verificando, informando y opinando en beneficio de sus lectores, de los electores y de la democracia.

Ahora, a esperar el resultado de las elecciones del 8 de noviembre. Si Trump pierde, será también porque la prensa de calidad se ha reencontrado con sí misma, dando las claves para desmontar a un personaje tan tenebroso y peligroso como el candidato republicano. ¡Más vale tarde que nunca!

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