Feijóo, como marca política, un posible antídoto para la mala imagen del PP

Alberto Núñez Feijóo.  / Mundiario
Alberto Núñez Feijóo. / Mundiario

Los barones pidieron a Casado la salida de la presidencia para aclamar a Feijóo en el congreso extraordinario de abril. Sánchez sale perdiendo con el cambio de líder en el PP.

Feijóo, como marca política, un posible antídoto para la mala imagen del PP

En julio de 2020 escribí aquí en MUNDIARIO: "Por algún extraño misterio la derecha española todavía no dio la batalla de la Moncloa con Feijóo de candidato. Si lo hiciera, el líder gallego probablemente tendría que hacer algunos ajustes en su cuidado marketing político, pero sería tal la ventaja de partida –dentro y fuera del PP– que no se antoja un objetivo imposible. En Galicia, Feijóo ya lo ha hecho todo: cuatro mayorías absolutas parecen suficientes. Ahora le queda hacer de Romay en busca de otro chico listo y agradable para Galicia y ver si se la juega –o no– en unas elecciones generales en España." Hoy no veo la necesidad de cambiar ni una coma: los barones del PP ya pidieron a Pablo Casado el abandono de la presidencia para aclamar a Alberto Núñez Feijóo en el congreso extraordinario de abril.

Mucha gente se pregunta qué hará Feijóo una vez que se ponga al frente del Partido Popular, la alternativa de gobierno en España. Sobre todo se lo preguntan en Madrid, desde donde salta a la vista –observando lo que se dice y se escribe– que en realidad conocen más bien poco a Feijóo, al que algunos –y algunas– llaman presidente de la Chunta

Vamos a ir por partes, a sabiendas de que tal vez ni siquiera el propio Feijóo tiene claro a estas horas lo que podrá hacer, de ahí que él hable con tanta cautela; no por ser gallego, como insinúan desde Madrid, sino porque la vida le enseñó a ser prudente en política y, en general, en su vida, aunque excepciones las tiene, como [email protected]

El diario Público acaba de compilar algunos de los deslices atribuidos a Feijóo en su ya larga vida política, trufados con otro tipo de análisis más de fondo; léase también más ideológicos. Son asuntos que en Madrid ya le causaron incomodidades en algunos momentos, pero que en Galicia se saldaron sin coste electoral. Ahí están sus sucesivas mayorías absolutas: lleva cuatro y en Galicia hay pocas dudas de que no fuese capaz de conseguir la quinta; no solo por méritos propios, sino también por deméritos de sus adversarios.

Si bien el BNG ha logrado remontar en Galicia y tiene al frente a una política seria y formada, con buena imagen, Ana Pontón, su escorada posición ideológica no es la más idónea para ser mayoritaria, y el partido que tendría esa ventana de oportunidad, el PSdeG - PSOE, lleva muchos años fracturado y en cierto modo a la deriva. Tiene definido su proyecto para las ciudades, pero no para Galicia como país con identidad propia

Es evidente que la marca Feijóo, por encima de la del PP, logra reunir votos que van desde la extrema derecha hasta el centro izquierda

Feijóo no solo derrotó a sus anchas a nacionalistas y socialistas, sino también a Vox y a Ciudadanos, partidos que ni siquiera lograron entrar en el Parlamento de Galicia. Es evidente que la marca Feijóo, por encima de la del PP, logra reunir votos que van desde la extrema derecha hasta el centro izquierda, de ahí la debilidad de los socialistas. Es posible que incluso haya nacionalistas moderados que le voten. ¿Cómo lo consigue? La respuesta no admite simplificaciones. Por un lado ahí está su gestión –para unos excesivamente liberal y privatizadora, para otros no tanto–; por otro, su aperturismo ideológico, con guiños a derecha e izquierda, y por último, un marketing político digno de estudio. Probablemente el mejor de los observados en la clase política española, por encima incluso de Pedro Sánchez y su pasión por el genuino estilo JFK. La marca Feijóo ya desplazó la marca PP en Galicia, y en España podría suceder lo mismo en algún momento.

Alberto Núñez Feijóo. / Mundiario
Alberto Núñez Feijóo y su propia marca política / Mundiario

A riesgo de cometer errores en el análisis –las circunstancias del PP son más que delicadas–, dos primeras ideas: una cosa será el Feijóo líder del PP y otra un posible Feijóo presidente del Gobierno, con permiso de Pedro Sánchez. Si Feijóo es líder de la Oposición y presidente del PP también habrá que distinguir entre si será un hombre de transición o intentará tener recorrido, al menos durante un par de legislaturas.

La vocación política de Feijóo no es la de su admirado Javier Fernández, el expresidente socialista asturiano que se hizo cargo del PSOE hasta que Pedro Sánchez culminó la reconquista de Ferraz. Por tanto, habría que descartar un papel similar. A Feijóo le gusta plantar cara y Pedro Sánchez sale perdiendo con el cambio de líder en el PP. Probablemente van a hablarse con mejor estilo, pero van a pelearse más: partiendo de los suyos de toda la vida, perseguirán los mismos votantes.

Obsesionados con Vox, en Madrid se olvidan de algo esencial: unas elecciones generales se ganan o se pierden en Andalucía y Cataluña

¿Qué puede hacer Feijóo una vez que monte su equipo, incluido el de marketing en Génova? En contra de lo que sostienen no pocos analistas de Madrid, podría extrapolar a España lo que ya hizo en Galicia. Suele ser un inmenso error negar las evidencias: Galicia, en términos políticos, es más parecida a España de lo que puede ser cualquier otra comunidad que no sea Cataluña o Euskadi. ¿Por qué? Porque como país con identidad propia tiene la misma estructura política central que España: fuerzas de derechas, izquierdas y nacionalistas, como Cataluña o como el País Vasco. La mayor parte de las restantes comunidades no tienen nacionalistas o los tienen de otras características, como Canarias.

Obsesionados con Vox, desde Madrid se olvidan de algo esencial: unas elecciones generales se ganan o se pierden en Andalucía y Cataluña, las comunidades donde casi siempre ha ganado el PSOE. Claro que Madrid pesa, pero no es tan decisivo, porque es menos volátil. Un ejemplo: en Cataluña hay muchos votantes del PSC en generales, miles y miles de personas, que en autonómicas no votan o votan a otros partidos. Nada así pasa en Madrid con la FSM. Quiere esto decir que una de las grandes asignaturas de Feijóo será Cataluña, lo que equivale a concluir que puede aplicarle al nacionalismo catalán y, sobre todo, al socialismo catalanista la misma receta que lleva años aplicando en Galicia: la seducción. Feijóo no dirá, por ejemplo, las tonterías que han dicho otros dirigentes del PP sobre el nacionalismo y las lenguas propias de Cataluña, Euskadi y Galicia. No le meterá el dedo en el ojo a nadie. Tampoco a Vox. Él sabe eludir la extrema derecha, no por la vía de parecerse al fascismo populista, sino por la de ponerse en valor y diferenciarse. En ese sentido es algo altanero, pero lo disimula.

Es verdad que no es lo mismo gestionar un Vox emergente, como en Galicia, que un Vox asentado, como pasa en Madrid. Y que tampoco es lo mismo jugar en casa que fuera, pero para eso inventaron los italianos el contraataque. El problema de Feijóo no será la dialéctica con Vox ni con el nacionalismo –sabe torear en esas plazas–, menos aún Ciudadanos, del que siempre pasó. Su gran problema –y objetivo– será Pedro Sánchez, porque los dos se van a dirigir a un amplio grupo de gente situada en la centralidad política de España.

Su estrategia podría no ser muy distinta de la siguiente: 1) recuperar votos en Cataluña, tendiendo la mano, al estilo de Pedro Sánchez, pero sin que se la cojan, 2) eludir a Vox con una elegancia trufada de cierto desdén, y 3) ir a por votos del PSOE en el centro e incluso en el centro-izquierda. Lo hizo en Galicia y no será el primero que haga cosas así en España. ¿O no recuerdan los tiempos del flequillo del seductor Piqué cuando, en el 2000, Aznar era un tipo enrollado y se rodeaba de políticos como el exministro catalán que le había sugerido Pujol

Por ponerle cara y ojos a todas estas cosas: Feijóo desplegará políticas similares a las que hacen o hicieron la democristiana Merkel, el centrista Macron, el demócrata Kennedy o el liberal canadiense Justin Trudeau. No será el populista Berlusconi, ni el demagógico Trump ni el excéntrico Boris Johnson. Será un político bastante normal, audaz –tipo Adolfo Suárez–, con un discurso económico socioliberal, propuestas territoriales autonomistas, un discurso político heterodoxo, tirando a la derecha pero edulcorado, relativamente progre en asuntos como los matrimonios y el aborto, respetuoso con la Iglesia hemos topado, europeísta, modernillo en asuntos medioambientales, pero sin romper nada... Siempre próximo a los periodistas y más aún a sus editores. Así pronostico que será Feijóo, que en el 82 empatizó con Felipe González, al que suele citar con frecuencia. Y si no es así, será que me he equivocado o que Madrid y su entorno van a cambiar radicalmente lo que es ahora: un hombre normal con sentido común y buena imagen. Con sus cosas en el pasado, sí, porque tampoco es Mahatma Gandhi. @J_L_Gomez

Alberto Núñez Feijóo. / Mundiario
Alberto Núñez Feijóo. / Mundiario

P.D.: En 2024 prometo volver a hacer lo mismo que al principio de este análisis, es decir, ver si dentro de dos años tengo que cambiar algún párrafo o puedo volver a reproducirlo para seguir analizando lo que hará Feijóo entonces. Y una nota final: discúlpenme la osadía de hacer pronósticos en una política tan incierta e inestable como la española pero, la verdad, me apetecía, tras leer tantas y tantas cosas que podrán estar bien escritas, pero que poco tienen que ver con el Feijóo de las cuatro mayorías absolutas. Dicho queda, en @mundiario

Feijóo, como marca política, un posible antídoto para la mala imagen del PP
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