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MUNDIARIO

La potente explosión en Beirut deja un centenar de muertos en un país a la deriva

Líbano vive bajo la corrupción generalizada en un Estado arruinado en busca de ayuda internacional.
La potente explosión en Beirut deja un centenar de muertos en un país a la deriva
La zona del puerto de Beirut tras la explosión. / @tobiaschneider
La zona del puerto de Beirut tras la explosión. / @tobiaschneider

Redacción

Análisis de @mundiario

La potente explosión en Beirut, la capital de Líbano, dejó un centenar de muertos en un país a la deriva, ya que Líbano –un pequeño país mediterráneo, sin parangón en el Medio Oriente– sobrevive actualmente bajo la corrupción generalizada en un Estado arruinado en busca de ayuda internacional. De momento, al menos un centenar de personas perdieron sus vidas y otras 4.000 resultaron heridas tras una explosión a la que siguió una gran columna de humo de color rojizo. Todo se originó en un almacén de explosivos del puerto de Beirut pero no hay nada claro al respecto, en medio de hipótesis de todo tipo. Según el primer ministro libanés, Hasan Diab, las explosiones fueron causadas por la detonación de 2.750 toneladas de nitrato de amonio que estaban almacenadas en el puerto, ubicado en una de las zonas más modernas de la capital. El Ejército fue desplegado en Beirut para colaborar en las labores de rescate.

La tragedia vuelve al país –una nación vista como un modelo de diversidad y resiliencia en el mundo árabe– cuando se suceden los despidos masivos, los hospitales están amenazados de cierre, las tiendas y los restaurantes van cerrando, los crímenes impulsados ​​por la desesperación se suceden, el Ejército ya no puede permitirse alimentar a sus soldados con carne y los almacenes venden aves caducadas, según puede leerse en una crónica publicada en el periódico libanés The Daily Star. Así, pues, el Líbano se precipita hacia un punto de inflexión a una velocidad alarmante, impulsado por la ruina financiera, el colapso de las instituciones, la hiperinflación y el rápido aumento de la pobreza, a mayores de una pandemia.

La presencia del poderoso grupo chií Hezbolá asegura que el Líbano esté siempre atrapado en la lucha por la supremacía de las superpotencias regionales: Irán y Arabia Saudita.

Con 18 sectas religiosas, Líbano tiene un gobierno central débil –rodeado de vecinos mucho más poderosos–, que no superó del todo su guerra civil de 1975 a 1990, cuando Beirut –ahora una ciudad moderna, con grandes avenidas y un paseo marítimo impresionante– fue sinónimo de devastación. De hecho, tras la guerra, Líbano sufrió una ocupación siria, varios conflictos con Israel, combates sectarios, asesinatos políticos y varias crisis económicas, así como una afluencia de más de un millón de refugiados de la guerra civil de Siria. Ahora vuelve a estar al borde del colapso. @mundiario