Portada de premio, libro de premio y autor de premio

Portada del libro Biden y el legado de Trump. / Mundiediciones
Portada del libro Biden y el legado de Trump. / Mundiediciones

Texto del prólogo del libro Biden y el legado de Trump, de Mundiediciones, a la venta en Amazon.

Portada de premio, libro de premio y autor de premio

La llegada del demócrata Joe Biden a la presidencia de Estados Unidos supuso un giro en muchas áreas de la política interna de la primera potencia mundial y también en las relaciones internacionales. Visto lo visto con su antecesor, el republicano Donald Trump, el relevo en la Casa Blanca inspiró optimismo dentro y fuera de los Estados Unidos. Otra cosa es que se vayan a cumplir todas las expectativas.

El libro Biden y el legado de Trump, un interesante análisis del cubanoamericano Andrés Hernández Alende, columnista de MUNDIARIO y analista político, aborda precisamente este gran asunto, para lo cual recuerda lo que ha sucedido, tal vez como la mejor forma de saber lo que no hay que hacer. Nacido en Cuba, este autor más que contrastado vive en Miami (Florida, EE UU), donde también es colaborador del diario El Nuevo Herald y de la revista Suburbano, al tiempo que mantiene un blog titulado El Blog de Alende.

Andrés Hernández Alende ha publicado cuatro novelas: El paraíso tenía un precio, El Ocaso –entre las cinco finalistas del Premio de Novela de Concurso Latino de 2013–, De un solo tajo y Bajo el ciclón. Ahora, en este ensayo se asoma desde EE UU a un mundo donde todo está un tanto desdibujado.

Oriente, Occidente, Rusia, China, EE UU, la UE, el judaísmo, el capitalismo, la extrema derecha, la extrema izquierda... unos y otros representan intereses e influencias y juegan cada uno su juego. Tanto es así que el enemigo de hoy puede ser tu amigo dentro de un rato. Toca volver, pues, a la geopolítica y a las tendencias históricas, sin olvidar una cosa más, que no por repetida hay que orillar: el mundo se adentra, como los viejos exploradores, en un terreno desconocido.

Los actuales conocimientos y experiencias valen para el pasado, poco para el presente y probablemente casi nada para el futuro. Por eso se agradecen voces que contribuyan a arrojar luz sobre estos asuntos tan complejos.

Biden y el legado de Trump es también la crónica de los cuatro años de la presidencia de Donald Trump a través de un compendio de artículos. Tras una portada creada por Antonio Sangiao, tan excepcional que llama la atención, el lector podrá recordar con sorpresa, al recorrer estas páginas, momentos desafortunados, desatinos, atropellos y arbitrariedades de una de las presidencias más polémicas y divisivas de los Estados Unidos, el controvertido gobierno populista de Trump.

Durante años, académicos y políticos europeos afearon las políticas públicas de EE UU. Sin embargo, a la hora de la verdad, EE UU lleva años y años demostrando que cuando vienen mal dadas su Estado responde. Lo hizo Roossevelt con el New Deal ante la Gran Depresión, lo repitió Obama en la crisis financiera de 2008 y lo ha vuelto a hacer Biden ante esta crisis del coronavirus. Europa no lo hizo en 2008 y en 2020/21 sí, pero con muchos menos recursos públicos para reactivar la actividad económica.

Pero ahora que Joe Biden defiende que los números importan y que es mejor unir fuerzas con otras potencias, por mucho que EE UU represente por sí solo una cuarta parte del PIB mundial, renacen también las esperanzas desde el otro lado del Atlántico, en la Vieja Europa. A fin de cuentas, EE UU y Europa se preparan para competir con China, que invierte en capital público e infraestructuras “mucho más desde hace mucho tiempo”, como constata el profesor Albino Prada. Su esfuerzo inversor, aunque afeado por la construcción de más centrales de carbón, está pasando de lo material a la I+D. Además, en el 14º Plan Quinquenal se hace “un menor énfasis en el crecimiento económico y un novedoso énfasis en el desarrollo social”, como también observa el autor del libro El regreso de China, editado por Mundiediciones.

De entrada, en el caso de EE UU, el primer paquete de estímulos económicos de la presidencia de Joe Biden supuso, por un lado, una firme apuesta por las políticas expansivas para luchar contra la crisis económica derivada de la covid-19 y, por otro, constituyó un mensaje inequívoco de sentido social a una clase trabajadora especialmente afectada por la situación. A fin de cuentas, la prosperidad de un país, como explican los profesores Daron Acemoglu y James A. Robinson, en su libro Por qué fracasan los países, está relacionada con la política económica que dictaminan sus dirigentes.

Al otro lado del Atlántico, la decisión europea de afrontar la crisis del coronavirus con un plan de estímulos conjunto supone también un importante avance en el proyecto comunitario. La UE no solo deja atrás la política de austeridad, sino que emprende, por primera vez, la vía del endeudamiento de la propia Comisión Europea para afrontar el programa Next Generation EU. También es un dato positivo que se haya aplicado un trato más favorable a los países que, como España, sufren especialmente la crisis. Otra cosa es que todo esto sea suficiente y que se esté haciendo al ritmo necesario.

Las otras dos grandes potencias mundiales, EE UU y China, han tomado la delantera en las cuantías y en los tiempos, por lo que el entusiasmo que hay en Europa, sobre todo en España, con los fondos europeos palidece cuando se observan los planes de Washington y Pekín. Incluso el Reino Unido, ahora fuera de la UE, se ha dotado de estímulos por el 12,5% de su PIB, en línea con el plan inicial de EE UU, de modo que estaría superando la cifra del país comunitario más avanzado en este terreno, que es Alemania. La comparación con España, mejor no hacerla, ya que incluso con las ayudas comunitarias, destinará el 6,2% del PIB frente al 25% de EE UU. Solo un dato más: en 2020 Alemania aprobó dos planes de estimulo por 286.000 millones de euros, sin recurrir a Bruselas. Y aún así su nivel de deuda sigue siendo mucho mejor que el de España.

En general, Europa va lenta: estuvo todo un año enredando para aprobar su gran plan de estímulos. EE UU no parece tener ese tipo de problemas: la Casa Blanca activa un plan, lo lleva al Senado, lo pasa por la Cámara de Representantes y a correr. Con la gran ventaja añadida de que Washington, con Donald Trump y Joe Biden, lleva aprobados tres planes de estímulos –5 billones de dólares– que multiplican por cuatro los de Europa. Todo parece indicar que los neoliberales europeos se han quedado sin discurso y que la Comisión Europea –controlada por centristas y democristianos– se ha quedado corta con el fondo de recuperación de 750.000 millones de euros. Ni van a ser suficientes los 500.000 millones en transferencias directas a fondo perdido para los Estados miembros ni los préstamos a esos países por valor de 250.000 millones.

Para Andrés Hernández Alende ninguna de estas cuestiones pasa inadvertida. Del mismo modo que había sucedido en la crisis de 2008, tanto la Administración como la autoridad monetaria de EE UU han optado por políticas expansivas; en 2021, con unas proporciones capaces de llamar realmente la atención. Donald Trump se ha quedado atrás.

En definitiva, portada de premio, libro de premio y autor de premio. Porque a primera vista, la portada de su libro Biden y el legado de Trump parece de premio. Pero el libro también lo es, algo lógico tratándose de una obra de un escritor y periodista de la talla de Andrés Hernández Alende, que marcó una época en la sección de Opinión del Herald de Miami y ahora es columnista de MUNDIARIO. @J_L_Gomez

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