El Aquarius retrata a sectores de ultraderecha en varios medios de comunicación

Inmigrantes del Aquarius. / eldiario.es
Inmigrantes del Aquarius./ eldiario.es

Anteponer el coste económico de la acogida de los náufragos al derecho a la vida se llama sencillamente "nazismo".

El Aquarius retrata a sectores de ultraderecha en varios medios de comunicación

La llegada del Aquarius ha devuelto mediáticamente el protagonismo a una de las grandes lacras de la globalización desigualitaria. No voy a ser quien niegue los intereses electoralistas de la decisión de Pedro Sánchez. Pero, en política, como en los negocios, gana quien se adelanta a los acontecimientos.

Al margen de esta disquisición, alarman los comentarios de algunos tertulianos televisivos, comentarios que rozan el nazismo ( no voy andarme con chiquitas); una xenofobia mimada desde la cuna que arraiga en la necesidad de mover a un electorado ultraconservador, atribuyendo los males patrios a la inmigración ilegal.

No voy a caer tampoco en el buenismo condescendiente que tilda de fascistas directamente a quienes denuncian problemas de convivencia que se han dado y se siguen dando cuando diferentes culturas, creencias y etnias confluyen en un mismo espacio. No voy a caer en ese fariseísmo que ostenta una parte de la izquierda, aburguesada y encamada en urbanizaciones privadas con guardas jurados desde hace años; un fariseísmo que justifica el relativismo cultural a cualquier precio, disculpando con etiquetas fascistoides  la falta de cumplimiento de normas por parte de algunos colectivos de inmigrantes. En la mayoría de las ocasiones este incumplimiento de normas está motivado por la desesperada imposibilidad de encontrar un espacio para la convivencia y por la carencia de unas condiciones económicas mínimas para sobrevivir.

Sin embargo, nada de eso es comparable a los comentarios que he escuchado estos días, donde algunos políticos y periodistas, apoyándose interesadamente en el trágico apartheid de Ceuta y Melilla, trataban al Aquarius como un mal menor, como una clase de oportunismo político del que se estaban aprovechando,entre otros, quienes iban a bordo, como si huérfanos y mujeres embarazadas estuviesen disfrutando del Disney Cruise Line.

Y eso es inadmisible desde una Europa construida tras las fatales consecuencias del holocausto. La decisión de Pedro Sánchez es responsable y aquí no vale si es electoralista. La decisión de acoger a los pasajeros del Aquarius no es debatible. El coste económico de la acogida que utilizan muchos periodistas de la derecha más radical es un argumento sencillamente filonazi, un despropósito que antepone los intereses crematísticos al derecho a la vida.

Algunas de esas emisoras y canales que apoyan esos argumentos materialistas para desprestigiar la decisión del Gobierno español han defendido también a muchos imputados y condenados que amasaban fortunas incestuosas en paraísos fiscales.

¿Amigos, quizá? Pues que le pregunten a dichos amigos qué clase de operaciones y actividades se financian con ese dinero público robado a manos llenas en tales paraísos. La sorpresa puede ser vomitiva si sigues el rastro del dinero, baby. 

El Aquarius retrata a sectores de ultraderecha en varios medios de comunicación