¿Se podría recuperar la perdida "paz civil" en una segunda transición?

Ejemplar de Mundo Obrero, Sánchez con Casado y líderes de la Transición.
Ejemplar de Mundo Obrero, Sánchez con Casado y líderes de la Transición. / RR SS.

La "paz civil" supone que la refriega política se desarrolla en un clima de normalidad democrática, donde las ideas confrontan entre sí sin ataques personales entre sus actores.

¿Se podría recuperar la perdida "paz civil" en una segunda transición?

Una de las más dolorosas evidencias de nuestro tiempo es el deterioro evidente de lo que se denomina “paz civil”. Este olvidado concepto se refiere a la existencia, como elemento básico de la convivencia en una sociedad democrática, de la confrontación de ideas y proyectos, pero no de las personas, desde las diversas posiciones ideológicas al amparo de un marco de que acoge a todos por igual; es decir, la Constitución, cuya grandeza es que protege tanto incluso a quienes pretenden abrogarla como a quienes la defienden, como tan evidente resulta estos días en España. Es decir, que unos y otros pueden, en el uso de la libertad de expresión y manifestación, exponer sus ideas gracias al propio marco, según el caso, y que algunos quieren hacer volar por los aires.

Aunque él mismo reconoce que su idea no tiene muchas posibilidades de prosperar, muchos españoles coinciden con el socialista crítico Joaquín Leguina en el sentido de que la situación del país aconseja que los partidos constitucionalistas recuperen esa paz civil a través de un pacto de Estado; es decir, una segunda transición. En otros países con menos problemas que España se han hecho esos pactos. Y aquí, en la “Transición” se hicieron también, con algunas reticencias de la derecha, por cierto.

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Pedro Sánchez y Adolfo Suárez./ RR SS. 

Ahora, frente a los que piden diálogo y no confrontación, pretendidos auto administradores de la libertad quieren decidir quienes se pueden manifestar o no. Y en ese sentido, emiten dictámenes resolutorios que resuelven que pactar con Bildu es “normalidad democrática” (aunque antes se dijera que eso era línea roja insalvable), pero si lo hacen desde otras posiciones es alimentar el fascismo. Aunque estos días, lamentablemente, con ocasión de la campaña electoral para la presidencia de la Comunidad de Madrid, hemos visto el deterioro de esa “paz civil” en reiteradas manifestaciones, hechos y amenazas diversas, conviene recordar que el quebranto de ese principio de convivencia viene de atrás. De muy atrás.

Fue el ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, instalado en un apriorismo izquierdista, como lo calificara Lenin, pero en su caso extremo, abrió el proceso que llega hasta nuestros días, hasta que se llegó a decir de broma que pretendía que la II Republica ganara ahora la guerra civil. Y la víctima de estas ideas fue el ataque a la “Transición” y a cuanto de la misma se desprendía, comenzando por la propia Constitución que, como observamos en el lenguaje que ahora se utiliza para atacarla se ha convertido al “Régimen del 78”, mediante una grosera trasposición del concepto “régimen”, que fue antonomasia el de Franco, y por tanto aquella no fue otra cosa que la continuidad de aquel.

No hubo ruptura, sino reforma

Es cierto que en España no hubo ruptura, sino reforma como vía o camino para transitar desde el franquismo a una monarquía parlamentaria que fue aceptada mayoritariamente por los diversos actores que, desde las más variadas posiciones ideológicas protagonizaron aquel proceso del que fueron paradigmas la Amnistía o los Pactos de la Moncloa. En ese sentido, recuerdo el primer mitin del secretario general del Partido Comunista, Santiago Carrillo en Vigo, en el barrio obrero de Lavadores, donde dijo a una muchedumbre que esperaba escuchar otra cosa: “Cambiar ahora de bandera no justifica otra guerra civil”. Y a nadie recuerdo haber manifestado mayor apoyo a la amnistía que al secretario general de Comisiones Obreras y veterano comunista Marcelino Camacho, ejemplo de rectitud moral que pasó parte de su vida en la cárcel. Amnistía que benefició, cierto, a pistoleros de ETA –que por cierto volvieron a matar---o torturadores franquistas, pero fue un intento de amnesia o de empezar de nuevo desde cero, aunque fuera a un doloroso precio.

Es decir; que, pese a sus propios errores, existía en España un clima, un deseo de diálogo de pacto, de entendimiento, de intentar evitar posiciones extremas sin abjurar de principios e ideas. Tuve ocasión de hablar con no pocos de los protagonistas de aquellos días, de asistir a actos y reuniones y conversaré para siempre esa impresión. Pero llegó Zapatero y con él una serie de personajes que pretendieron borrar los errores a su juicio cometidos por sus predecesores y someter al país a una especie de psicoanálisis social, resucitando los fantasmas del pasado.

La responsabilidad de la derecha

No se debe hurtar la responsabilidad de los gobiernos sucesivos de la derecha y sus errores notables, aparte de la endémica corrupción de la que también ofrece notable ejemplos el propio PSOE. De ahí que el deterioro de la paz civil no es sólo en desaforado enfrentamiento entre los partidos sino la propia desvergüenza, latrocinio y corrupción protagonizada por estos. Sin la menor duda.

Hablamos mucho estos días, por otro lado, de lo que se considera la revisión sesgada del pasado ya sea la “Ley de la Memoria Histórica”, ahora perfeccionada con la “Ley de la Memoria Democrática” que, en lugar de afrontar nuestro pasado como un todo, lo disecciona repartiendo el bien y el mal a voluntad, como ha señalado Stanley Payne, severamente crítico con ambas leyes. Porque una cosa es la recuperación, reparación y dignificación de las víctimas del bando franquista, como lo fueron en su día las del republicano, y otra volver a resucitar el espíritu y el clima que enfrentó a los españoles en aquella tragedia. Y lo que es peor, se pretenden instalar modelos de censura que impidan la investigación crítica y documentada de nuestro pasado que ahora pretenden motejar de apología en determinados casos.

Y en ese sentido, en el deterioro de la “paz civil” entre los errores, la cobardía o la indiferencia hemos llegado a estos días, donde los enfrentamientos, los intentos de coacción, las agresiones y los insultos ha llegado a un clima que recuerda mucho el que precedió a alguno de los más trágicos momentos de nuestro pasado. Y en ese sentido, hay que hacer mención aparte al fenómeno que representa un profesor interino de Universidad Pablo Iglesias, que, a mi entender, es el exponente del nivel al que puede llegar la hipocresía de un personaje que ayer convocaba a formar barricadas y ahora va de víctima de una violencia de la que fue contumaz predicador. Pero no es el único. Ese fue el clima de la guerra civil que perdimos todos. Hasta los que aún no nacieran. @mundiario

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