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¿Por qué Podemos no gusta nada a quienes no les gusta Podemos?

Tienen presente la espontaneidad de las cosas que han venido diciendo de manera pública, sus parentescos ideológicos, la sorprendente variedad de fauna reciclada que reclutan y arrollan tradiciones socioculturales.

¿Por qué Podemos no gusta nada a quienes no les gusta Podemos?
Los riesgos de votar a Podemos.
Los riesgos de votar a Podemos.

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Fernando Ramos

Fernando Ramos

El autor, FERNANDO RAMOS, es columnista de MUNDIARIO. Es doctor en Derecho y en Ciencias de la Información. Es profesor titular de la Universidad de Vigo y periodista. Autor de 25 libros sobre temas de Derecho de la Comunicación, Protocolo y Comunicación institucional, es profesor invitado en diversas universidades de Europa y América. Está en posesión de diversos premios como periodista. El Ministerio de Defensa le otorgó la Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco como historiador militar. @mundiario

Entre las cuestiones que más zozobra causan y dan que pensar en el complejo ruedo de la política española, destaca la razón por la que personajes que gozan de reconocimiento y respeto generalizados, de trayectoria personal ejemplar en lo suyo, son o se alistaron bajo las banderas de Podemos. Por ejemplo, el fiscal Jiménez Villarejo, un hombre impecable, un jurista riguroso, un funcionario probo donde los haya.  Hay varias razones por la que no gusta Podemos, antes incluso de haber estudiado a fondo sus ideas y propuestas: No simpatizan sus dirigentes, y menos sus franquicias, sucursales y contratas. Pero, ¿por qué otras personas en las no dudaríamos en confiar son de Podemos, qué han visto en este partido que otros no hemos visto o es que ellos no reparan en lo que otros nos fijamos?

Pueden preguntarnos: ¿Cómo no se valora un programa social avanzado, el rescate de grandes masas de la pobreza, la regeneración moral que se propone, el ejemplo de pureza democrática que quieren instalar? Sí todo eso está muy bien, ¿Cómo nadie con un poco de sensibilidad social no estaría dispuesto a asumirlo? Pero son muchos los que no se fían. Ya hemos visto que lo se predicó antes de las elecciones y lo que luego se ejecuta en ayuntamientos de referencia no concuerda del todo en aspectos substanciales.

En Podemos destaca el modo en que desmontan, allá donde se instalan, elementos esenciales de nuestra convivencia, cómo deforman símbolos, arrollan tradiciones socioculturales y proponen, si alcanzan el pleno poder, ir a más. Pareciera una revancha como tantas veces hemos padecido. Ni los Reyes Magos de salvan.

Tengamos o tenemos presente la espontaneidad de las cosas que han venido diciendo de manera pública y notoria, sus parentescos ideológicos, la sorprendente variedad de fauna reciclada que reclutan (con diversas incursiones tipificados en el Código Penal por cosas feas), el modo en que desmontan allá donde se instalan elementos esenciales de nuestra convivencia, cómo deforman símbolos, arrollan tradiciones socioculturales y proponen, si alcanzan el pleno poder, ir a más. Pareciera una revancha como tantas veces hemos padecido. Ni los Reyes Magos de salvan.

Si alguien critica a Podemos, no tardarán sus turiferarios en motejarlo de facha, reaccionario, de extremas derecha o cosas semejantes. Es carácterístico.

Los consejos Montanelli

En este punto, quisiera recordar, que para muchos periodistas de mi tiempo, la referencia del maestro a imitar fue gran periodista italiano Indro Montanelli, quien de joven fue encarcelado por Mussolini, contra quien las Brigadas Rojas atentaron en su madurez y que murió entristecido y decepcionado en la Italia de Berluscolin. Nos enseñaba Montanelli a los jóvenes periodistas que lo seguíamos: “No aburráis, exponed con claridad y sencillez vuestros argumentos, y cuando hagáis un análisis explicad con honradez vuestro propios prejuicios. Podéis acertar o no, pero sed honestos”.

Viene a cuento la cita porque muchos criticamos a Podemos porque no nos gustan esencialmente los personajes que encarnan y dirigen este partido y los más conocidos sujetos que a lo largo del país acampan bajo sus banderín de enganche, con la variedad cromática de diversas divisas locales o vernáculas. Y eso se debe explicar porque no dejan de ser prejuicios. Sin duda. ¿Pero tienen fundamento?

Pablo Iglesias parece un escolástico de la vieja escuela de las verdades absolutas. Predica sin discusión y concluye siempre con razones indiscutibles.

Seré más claro: Pablo Iglesias parece un escolástico de la vieja escuela de las verdades absolutas. Predica sin discusión y concluye siempre con razones indiscutibles. Pero lo debe tomarse en estado puro. Hay decenas de horas de sus vídeos. Muchos no se fían de un personaje (pese a su envidiable expediente académico) que dice, reunido con los de Bildu, que “La Constitución es un papelito” o que “cuando nos dejéis os vamos a echar de menos”. No gusta un personaje que confiesa sentirse emocionado cuando un grupo de manifestantes cerca, acosa, derriba y patea a un agente de policía. O cuando afirma que los escraches son “jarabe democrático”; es decir, el acoso personal ante su propio domicilio y su familia, porque se critica su gestión o la de su partido (Carmena siendo jueza lo justificó por lo mismo). No se traga a un personaje que afirma sentir envidia de Venezuela, que admira a Chávez y que asegura que Europa debería aplicar sus recetas. ¿O es que todo esto no es verdad o no se ha dicho, aparte de la colaboración directa de los de Podemos con el régimen  bolivariano, cuyos comportamientos dictatoriales jamás se han condenado ni se condenan?

Cómo aceptar a quien afirma que, como "Eta ya no mata y ha dejado des ser un problema para los españoles, los etarras deben ir saliendo de la cárcel”, o un partido del que alguno de sus nuevos diputados afirma que uno de los más duros asesinos de la banda, huídos de España son perseguidos políticos por el Estado español.

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Los humoristas tienen un fílón en Iglesias.

 

Y sobre todo, no gusta que, se afirme por un lado que quiere una España con todos, pero que al tiempo sea autor de una nueva teoría de la soberanía, con el invento del reparto de la misma por cuotas territoriales, de modo que los vecinos de un lugar decidan por todos, fórmula perversamente absurda que aplicada sin fin, como se propone, volvería a convertir a España en el reino de las “Taifas”.

¿Por qué no gusta Errejón? pues porque parece la imagen del “repelente niño Vicente”, quien asoma como una especie de aventajado monaguillo civil de la orden. Y sobre todo, cae mal Monedero, considerado el más chavista y el más peligroso, capaz de acusar a la policía de repartir droga en el País Vasco y que muestra una sospechosa delectación ante el comandante, como si un creyente se transfigurara en presencia de Dios padre. A Monedero se lo imaginan como un eficiente comisario de la NKVD soviética, por poner un ejemplo.

Muchos esperan que Podemos sea un fenómeno que acaba devorado por sus propias contradicciones y no por la ayuda que a su crecimiento y desarrollo han contribuido el desprestigio de los grandes partidos corruptos y sin líderes; porque tiene que haber otras alternativas que el suicidio de España para que los españoles tengan una vida digna y mejor.