El PNV exige a Sánchez que reforme España y reconozca a Euskadi nación

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Pedro Sánchez, presidente del Gobierno y Andoni Ortuzar, presidente del PNV. / Twitter

El presidente del PNV Andoni Ortuzar reclama a Pedro Sánchez que cumpla su compromiso a cambio de los votos que le dieron en el pacto firmado.

El PNV exige a Sánchez que reforme España y reconozca a Euskadi nación

El profesor Rodríguez Ennes, prestigioso catedrático de Derecho, que además de su conocimiento en la materia, de la que es reconocida autoridad en Europa y América, suele citar el pensamiento de Emmanuel-Joseph Sieyès, cuando describe que la Revolución Francesa fue como un rayo que borró los vestigios, privilegios y fueros del Ancien régime.  Es la mejor imagen del punto de partida para la construcción de un Estado moderno y de una nación, como lo entendió Francia. Y como quisieron entenderlo nuestros constitucionalistas de Cádiz, cuya obra sería arrasada por el abyecto Fernando VII y que sigue siendo arrasada en nuestros días en cuanto entendieron que debía ser la nación. Hoy en día, frente a quienes creen en la nación, en el sentido que creyeron en Cádiz, para que más allá de los mares, todos sus ciudadanos fueran iguales, parecen haber quedado reducidos a una minoría, frente a quienes aceptan, como quería Maragall, un Estado asimétrico, o donde la presencia del mismo Estado, es decir, de la propia nación sea “residual” hasta que desaparezca.

Sieyès en su célebre tratado “¿Qué es el Tercer Estado? afirma: “Debe entenderse por tercer estado al conjunto de los ciudadanos que pertenecen al orden común. Todo lo que sea privilegiado por la le y, de la manera que fuere, se sustrae al orden común, excepción a la ley común y, consecuentemente, no pertenece al tercer estado. Como ya hemos señalado una ley y una representación comunes son lo que constituyen una nación. En nuestro caso, pese al esfuerzo de los constitucionalistas de Cádiz para forjar una nación moderna, persisten en nuestros días como un lastre histórico, agravados por el disparatado, en no pocos aspectos, como señaló Europa del  “Estado de las Autonomías”, en no pocos de sus contenidos o el modo en que se cedieron determinadas competencias esenciales por parte del Estado, empezando por la que es más fundamental para crear ciudadanos que se sientan solidarios, iguales y parte de un mismo todo, la educación, dejando aparte el elevado número de cargos y asesores ha creado una nómina fantasma de sujetos que viven del presupuesto con sueldos elevados, escasas funciones y menos eficacia.

Y en medio de esa realidad, menor ruidosa, pero más efectiva que el independentismo catalán, la estrategia de la derecha nacionalista vasca avanza paso a paso hacia sus objetivos. El presidente del PNV, Andoni Ortuzar, acaba de manifestar que “exige a Sánchez su compromiso para reformar España y facilitar a Euskadi un autogobierno justo". O sea, transformar, es decir, desmontar o deshacer España a la medida de sus objetivos. Y eso se pactó cuando lo llevaron a la Moncloa. El primer objetivo es la transformación del Estatuto de Gernika en un estatuto soberanista anclado en una relación "bilateral" con España. Y para ello, ha exigido a Pedro Sánchez el compromiso firmado en diciembre de 2019 que incluía "impulsar las reformas necesarias para adecuar la estructura del Estado al reconocimiento de las identidades territoriales", especialmente en Cataluña y el País Vasco (de Galicia no dicen nada). "Es una prosa que hay que cumplir", ha exigido Ortuzar. La debilidad del Gobierno de Pedro Sánchez, que precisa del apoyo del PNV y de Bildu, por cierto, para seguir en la Moncloa y sus políticas, se traduce en el hecho de que nunca en la historia de la democracia la derecha nacionalista vasca había conseguido de modo tan rápido repetidas cesiones del Gobierno central. El PNV hace evidente aquello de “ir con los de la feria y volver con los del mercado”, como lo evidenciaron cuando en un breve lapso de tiempo pasaron de apoyar a Rajoy a contribuir a hacer presidente a Sánchez.

Los errores de la Transición

Las previsiones de los estatutos catalán y vasco, especialmente este último, en determinados aspectos, fue uno de los más graves errores de la “Transición” de alcance incalculable para desmontar la homogeneidad de un Estado moderno, donde se supone que todos los ciudadanos sea iguales en derechos y deberes, sin que la vecindad civil (pues no pueden referirse a la etnia u otra cosa semejante, que en el fondo subyace en algunos idearios fundamentales, léase a Sabino Arana, fundador del PNV para salir de dudas) determine esas diferencias, entre la más marcada es que frente a la uniformidad fiscal perviven derechos medievales, fueros y pactos al margen de la ley general.

En el caso del PNV se ha sugerido la necesidad de recuperar todo el sentido de los privilegios forales anteriores a 1839, una polémica aportación que realizó en el pleno de Política General y que fue criticada por el resto de los partidos vascos. Las diputaciones del territorio que el padre del Federalismo español, Pi y Margall llama las “Provincias Vascongadas”, conservaron los privilegios del llamado “concierto económico”, que surge como consecuencia de la política canovista de que las provincias aportasen ingresos a Hacienda y soldados a las Quintas. Las diputaciones se encargarían de esa función, dado que el Estado carecía de estructura para recoger directamente los impuestos. El cupo vasco era negociado con el Estado y se conservó como sistema propio distinto del resto de España hasta la guerra civil, en que Franco conservó solamente la excepción de Álava, por considerar a los Vizcaya y Guipuzcoa “provincias traidoras”. Con la Constitución de 1978, se restituyó el concierto en toda su extensión. Hoy está blindado.

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Un mitin del El PNV. / RR SS.

Rajoy cedió en su momento nuevas ventajas al País Vasco. para conseguir el apoyo del PNV que luego voto a favor de la moción de censura. El concierto supone dos diferencias importantes respecto a las comunidades autónomas de normativa común. Las diputaciones son las encargadas de recaudar de forma directa todos los impuestos en Euskadi o Navarra en su caso. La recaudación o la inspección fiscal no son competencia de la Agencia Tributaria, sino propios de Euskadi o Navarra. Otra diferencia es que Euskadi y Navarra tiene competencias para aprobar normativa fiscal en casi todos los impuestos Como IRPF, Impuesto Sociedades (salvo IVA e impuestos especiales como alcoholes e hidrocarburos, que corresponde al Estado).

Es evidente que, al contrario de lo sucedido en Francia, aquí no cayó nunca ese rayo reparador que borró las secuelas de foros, privilegios, exenciones y particularidades al margen de la norma común para todos los mismos ciudadanos del mismo Estado. Dinamitarlo, y con el Estado la nació misma, es de lo que se trata. El País Vasco ha contado históricamente con una presión fiscal menor. Además, existen exenciones importantes como la de compra de vivienda que se mantuvo en aquella comunidad, mientras que en el resto del Estado fue suprimida. Normalmente la cantidad de recursos públicos por habitante que gestionan las instituciones vascas es superior a los del resto de España, especialmente los años en los que va bien la economía y hay una recaudación mayor. Lo que paga el País Vasco no depende de los ingresos que tiene sino de los gastos que tiene el Estado. Por ello si por tener una mejor situación económica tiene más ingresos el resultado es que las administraciones vascas tienen más dinero para gasto/ inversión por habitante. En la actualidad este sistema está beneficiando a Euskadi. No hay en Europa territorios con tanta capacidad de normativa fiscal. Pero existen pequeñas excepciones –nada que ver con el pacto fiscal español-, en el caso de regiones alejadas. Canarias es una de esas excepciones.

En España no existe uniformidad fiscal

Navarra tiene, como derecho histórico plasmado en su régimen foral, potestad para establecer, regular y mantener su propio régimen tributario. El Convenio Económico se gesta en la Ley de Modificación de Fueros y a partir de 1841 el donativo foral adquiere carácter obligatorio y de cálculo objetivo. El poder central fue cediendo de modo paulatino competencias y privilegios a Navarra.  La moderación que trató de imponer Cánovas provocó una airada reacción en contra.  Finalmente, no se llevó a cabo la pretensión del gobierno de España. Hasta Primo de Rivera cedió. Franco mantuvo el concierto con algunos ajustes técnicos. No en vano, Navarra aportó sus famosas brigadas al ejército sublevado.

Y así llegamos a nuestros días. En España no existe uniformidad fiscal para sus ciudadanos, y el caso vasco y navarro es un modelo que reclamó Cataluña y que al no ser atendido disparó el proceso en que nos hallamos.

¿Qué lejos estamos, porque ese rayo no fulminó el pasado, vivo en la España de nuestros días de la nación que quisieron configurar los constitucionalistas de Cádiz?: "La soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a esta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales". Y, sobre todo, que todos los ciudadanos que integraban la Nación eran iguales en derechos y estaban sujetos a la misma ley obligaba a liquidar los privilegios estamentales que conformaban la sociedad del Antiguo Régimen. Aquí perviven. @mundiario 

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