El plantón en Moncloa: Sánchez negoció cara a cara con Sumar para salvar la mayor crisis del Gobierno
El choque entre Pedro Sánchez y Yolanda Díaz durante el último Consejo de Ministros supuso una crisis política que llevó al Ejecutivo al borde del bloqueo. Dos horas de plantón, reuniones paralelas y una negociación directa entre el presidente y los cinco ministros de Sumar marcaron una jornada inédita en la historia reciente del Gobierno de coalición.
La escena inicial ya anticipaba la magnitud del conflicto. A la hora prevista para la comparecencia presidencial, ni siquiera había comenzado el Consejo de Ministros. La razón: los ministros de Trabajo, Cultura, Sanidad, Juventud y Derechos Sociales se negaban a sentarse sin garantías de que el decreto anticrisis incluyera medidas de vivienda y control de márgenes empresariales.
No era una discrepancia baladí. La prórroga de los alquileres se había convertido en una línea roja para Sumar, mientras que el ala del PSOE temía que su inclusión hiciera naufragar el decreto en el Congreso por falta de apoyos del PNV y Junts, que son reacios a intervenir el mercado de la vivienda. El resultado fue una postal de dos bloques dentro del mismo Gobierno, separados físicamente en La Moncloa y sin un canal efectivo de acuerdo.
Durante las primeras fases del conflicto, la negociación siguió los cauces habituales: intermediarios. La vicepresidenta segunda María Jesús Montero ejercía de puente entre el PSOE y el titular de Cultura Ernest Urtasun como interlocutor de Sumar. Sin embargo, el mecanismo no funcionó. Los mensajes iban y venían sin avances reales, mientras el tiempo corría y la presión mediática aumentaba.
A esta dificultad se sumaba un factor clave por la ausencia del ministro de Presidencia y Justicia, Félix Bolaños, encargado habitual de las negociaciones parlamentarias, que se encontraba en el Vaticano acompañando a los Reyes en su encuentro con el papa León XIV. Su falta de presencia en el momento crítico dejó un vacío que terminó obligando al propio Sánchez a asumir el control directo de la situación.
Sánchez entra en la negociación
Ante el bloqueo, el presidente tomó la decisión poco habitual de abandonar la intermediación y negociar personalmente con los ministros de Sumar. Se desplazó a la sala donde estos se encontraban —separados del resto del Ejecutivo— y se sentó con ellos para intentar desbloquear la situación. Ese gesto marcó el punto de inflexión. La negociación dejó de ser técnica para convertirse en un pulso político directo entre los dos liderazgos de la coalición.
Las posiciones eran claras y firmes, Sánchez defendía aprobar el plan sin comprometer su viabilidad parlamentaria, mientras Díaz exigía incluir medidas de vivienda como condición para avalar el decreto. El riesgo era elevado. Si Sumar mantenía el plantón, el Consejo de Ministros podía fracasar, abriendo la puerta a una crisis de gobierno de consecuencias imprevisibles que pudiera dar pie a la ruptura de la coalición y, por presión y sin argumento en contra, pondría la posibilidad de convocar elecciones sobre la mesa.
Las conversaciones fueron intensas. Fuentes de ambas partes coinciden en que se trató de uno de los momentos de mayor tensión desde la formación del Ejecutivo esta legislatura. Sánchez trasladó el mensaje contundente de que el plan debía aprobarse “sí o sí”. De lo contrario, la acción de bloquear el Consejo extraordinario equivalía a poner en riesgo la continuidad del Gobierno.
Un pulso al límite: firmeza, tensión y cesiones mutuas
Pero Sumar no cedió. Yolanda Díaz y su equipo mantuvieron una posición de bloque porque, sin medidas de vivienda, no habría participación en el Consejo. Este equilibrio de fuerzas obligó a buscar una solución intermedia. Ninguna de las partes podía imponerse completamente sin asumir un coste elevado.
El acuerdo final fue una fórmula de compromiso al dividir el paquete en dos decretos. Uno principal, con las medidas económicas y fiscales, destinado a ser convalidado el próximo jueves; y otro específico de vivienda, con recorrido parlamentario incierto cuyo plazo legal será agotado con la intención de dar la batalla política y, quizás, conseguir el visto bueno del resto del bloque de investidura para evitar que decaiga.
Pese a ello, Sumar logró introducir el control de márgenes empresariales en el decreto principal y aplazar la votación del texto de vivienda para ganar tiempo político. La negociación no terminó ahí. Incluso con el Consejo iniciado, los equipos técnicos del ministro de Economía, Carlos Cuerpo, y el titular de Derechos Sociales. Pablo Bustinduy, tuvieron que perfilar los detalles finales del acuerdo. @mundiario